Tu cerebro te sabotea para que nunca estés del todo feliz

La mayoría de las personas pasamos excesivo tiempo creyendo que algo malo va a suceder y que los momentos de felicidad son breves y con fecha de caducidad 

Cuando comienza un nuevo año comenzamos a construir propósitos, sueños u objetivos. Se alza en nuestra imaginación un abanico de posibilidades de cómo podría ser nuestro futuro, buscamos que las cosas mejoren para nosotrxs y para todas las personas que nos rodean y que queremos. En esa construcción, por algún motivo, siempre aparece una zona más oscura que es la de las preocupaciones, la de los obstáculos y de cómo se podrían interponer en nuestro caminoLo que sucede es que nuestros cerebros están continuamente imaginando un futuro que satisfará nuestras necesidades y, a la vez, todo lo que podría obstaculizarlo. 

La preocupación ocurre cuando esa planificación vital nos supera y ocupa nuestra atención sin ningún efecto positivo. Los efectos de la preocupación son infinitos, pueden ir desde la tensión y las noches de insomnio hasta la distracción en nuestro trabajo o respecto a otras personas de nuestro entorno. Es por ello que es de suma importancia dar y conocer las formas de domesticarlo, sobre todo para que no ocupen todo nuestro pensamiento.

Todos hemos experimentado momentos en los que nuestra atención se enfoca sin esfuerzo en lo que estamos haciendo. Según explica James Carmody para Fast Company hay varios estudios realizados que confirman un aumento de la felicidad cuando las personas pueden centrar la atención en lo que están haciendo, en lugar de cuando sus mentes están divagando. Es entonces extraño que dejemos nuestras mentes deambular cuando realmente nos sentimos mejor enfocando nuestra atención. Esta divagación es resultado de preocupaciones que aparecen de forma automática, aunque no seamos conscientes de ello.

Cuando nuestro cerebro no está enfocado se activan las regiones cerebrales que están en el fondo de la conciencia, estas partes son las que imaginan futuros compatibles con nuestras necesidades y deseos y planifican cómo se podrían lograr. Ahora bien, en ese entramado van apareciendo las preocupaciones porque el cerebro humano ha evolucionado para pensar de forma automática cuáles podrían ser las amenazas ya que está creado, en parte, para garantizar la supervivencia. 

Para no dejar esto en manos de lo que sucede de forma natural hay que actuar activamente. Regular la atención y ser conscientes de cómo nuestra mente puede empezar a divagar es una de las maneras de frenar el aumento de las preocupaciones. Esta fórmula se desarrolla después de un par de semanas de entrenamiento de lo que Carmody llama atención plena. Este tipo de atención, además, enriquece las conexiones neuronales que regulan también las emociones. Es por ello que es posible sentirse mejor tomando un actitud activa y no dejando que todo fluya sin control.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

En momentos de dolor, hagamos piña. Foto: @mattelsa

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La forma en que usamos nuestra atención es fundamental para nuestro bienestar emocional y muchos programas o ejercicios de mente y cuerpo como el yoga se basan en entrenar nuestras mentes para ser más hábiles de esta manera y para interiorizar la fórmula de trabajoLas enseñanzas tradicionales de meditación atribuyen nuestra inquietud cotidiana al endurecimiento corporal. Es una tensión que a menudo pasa desapercibida en medio de la gestión de todo lo que conlleva la rutina. En lugar de resolverlo, buscamos el alivio en algo material.

La atención plena nos hace más conscientes de estas preocupaciones y reorienta la atención a los sentidos, con lo cual es posible detectar si hay algo de nuestro cuerpo que no va bien. Una forma de ver cómo es posible mejorar gracia a esta atención es, cuando te notes tensx y preocupadx por trata de concentrarte, por ejemplo, en tu respiración. La tensión corporal se disipa naturalmente con el cambio de enfoque. Lo notarás.