Cuándo es buena idea que compartas un secreto

Hay maneras de compartir nuestras historias internas, a veces es fácil saber qué cosas nos guardaremos para siempre y otras veces se nos presenta una duda si podemos o no confiar en revelar algo íntimo

Seguramente has sentido alguna vez cuánto alivia poder desvelar algo que llevas guardando mucho tiempo. Compartir una información personal es bueno porque puede calmar el estrés que supone tener que estar ocultando algo. Es una experiencia liberadora, sobre todo, cuando puedes compartir tus secretos con una persona en quien confías. Obviamente esto depende de cuál sea el secreto que guardas. Algunas veces podemos esconderlos porque pueden dañar a una persona en cuestión. Esto determina que no todos los secretos son iguales. Incluso aunque no tengan relación con ninguna persona, hay quienes prefieren mantener los datos privados para su propia intimidad y nada más. Lo que ocurre es que según el tipo de información que se oculta esto causará mayor o menor angustia.

Algunos de los motivos por los cuales los datos personales se mantienen en privado puede ser por vergüenza. Compartir algo con una persona que piensa drásticamente de forma distinta a ti no es sencillo porque podría dar lugar a un conflicto o un enfrentamiento. Independientemente de si se siente vergüenza, angustia o miedo, existe una diferencia muy clara cuando se trata de compartir un secreto: una cosa es revelar y otra cosa es confiar. Como explican desde Psychology Today, “la confidencia de secretos afecta al bienestar, sobre todo cuando se comparte algo porque se necesita la ayuda para lidiar con el peso del secreto. Esto se puede saber si, incluso aunque parezca una información irrelevante, te encuentras pensando en ello en cualquier momento del día”.

El estudio que presentan en la misma web demostró que el hecho de confiar un secreto daba como resultado mayor bienestar que ocultarlo. La confianza dio como resultado un apoyo social. El tipo de secretos que se estudiaron incluían todo, desde adicciones, hasta aborto, descontento social ilegalidad e infidelidad. La decisión de compartir algo o no es cómo creen que se juzgará el secreto (es decir, cómo les sentaría a ellxs que alguien les contara algo así) y sobre todo a qué personas se lo están contando. La distinción, por lo tanto, es entre revelar y confiar.

“Debido a que los secretos generalmente se guardan por temor al rechazo, la divulgación podría generar preocupación de que el secreto se comparta y la información se propague, lo que provocaría estigmatización social. Confiar un secreto, por el contrario, junto con una solicitud de ayuda, puede aumentar la sensación de apoyo social y una mayor capacidad de afrontamiento”, explican desde la web. El hecho de confiar un secreto hace que ese peso disminuya, se dejará de pensar tanto en él, no generará pensamientos repetitivos ni malestares que no entendemos el origen que tienen.