La ‘brecha del apellido’: así condicionó tu vida la primera letra de tu apellido

¿Recuerdas cuando participabas poco en clase porque eras la última persona de la lista? Pues aunque quizá no lo hayas pensado ha condicionado tu vida

Durante estas dos últimas décadas, y a un ritmo cada vez más acelerado, hemos avanzado una barbaridad en tolerancia social. Sin embargo, el trabajo no está ni mucho menos acabado: continúa habiendo una cantidad deplorable de prejuicio de género, prejuicio sexual, prejuicio racial y prejuicio nacionalista en el mundo. No podemos dormirnos en los laureles o los monstruos del sectarismo volverán a levantarse para robarnos una vez más la igualdad. ¿Pero verdaderamente hay igualdad? Una investigación de la Universidad de Colorado dice que no: tu vida ha estado profundamente condicionada por la inicial de tu apellido.

Tras analizar una muestra de 3.281 personas, los autores del estudio descubrieron, como subrayan desde el medio Magnet, que "el rango alfabético de la inicial del apellido tiene efectos significativos y negativos en los resultados en la escuela secundaria, el nivel educativo y las experiencias en el mercado laboral". En general, y aislando otras variables importantes, si tuviste la suerte de nacer con un apellido que comienza por "a" has vivido una vida con mejores oportunidades que quienes estaban en lo más bajo de la lista alfabética. Esto se traduce en última instancia en una mejor o peor vida. Y todo por una bendita/maldita letra.

Los motivos de este fenómeno no están claro, pero probablemente todo comenzara en el colegio. Después de todo, la participación en las clases está marcada en muchas ocasiones por la lista alfabética de apellidos, así como la presentación en eventos. ¿Tu apellido es Zamora? Fuiste la última persona en subir al escenario en la ceremonia de graduación. Y todo esto pueden parecer minucias, pero van restando día tras día, mes tras mes y año tras año. Según los científicos, "la acumulación de este tipo de experiencias a lo largo de la infancia puede tener algún tipo de efecto condicionante sobre cómo te comportas como adulto".

Pero los problemas persisten una vez abandonada la educación obligatoria. Así lo constató otra investigación de 2010 publicada en Economics of Education Review: "Cuanto más cerca del principio esté tu nombre en el alfabeto, más probabilidades tendrás de ser admitido, probablemente debido a que las solicitudes están ordenadas alfabéticamente", dicen en Magnet. Y esto puede extrapolarse a muchas otras situaciones. ¿Acaso pondrías tú la misma energía en analizar el primer documento de una lista de cien que en analizar el centésimo? El cansancio y la desgana aumentarían conforme avanzaras más y más en la lista.

Los prejuicios sociales son muy profundos, pero reconocibles. Esto permite plantarles cara de un modo más directo. ¿Pero qué hacemos con pequeños condicionantes casi invisibles como la inicial del apellido? ¿Cómo conseguimos que no marquen el destino de la gente? Una solución pasa por desterrar la vieja costumbre de ordenarlo todo alfabéticamente. Al final, el orden aleatorio es lo más justo. Especialmente cuando sabemos que combatirá un determinismo muy desafortunado para quienes poseen un apellido que inicia con alguna letra postrera del alfabeto. Luchemos contra toda discriminación. Sin excepción.