Estamos banalizando la depresión y la ansiedad con tanto meme

¿Has usado el gif de “depressed, stressed and well-dressed”? Pues quizá esto que hacías para "visibilizar" la enfermedad está contribuyendo precisamente a lo contrario

“Me muero de la ansiedad”, “depressed, stressed and well-dressed”, “ansiosa pero arreglada”. Tres frases que acompañan muchos memes de Instagram, gifs de stories o tweets virales. Nuestra generación se ha autoproclamado como la generación de la salud mental, la que habla constantemente de depresión, estrés, soledad y ansiedad. La que habla de un tema tan peliagudo en memes y que le quita hierro riéndose diariamente de estas enfermedades.

Se ha extendido la creencia que es algo bueno. Que existan páginas como Emotional Club o I don’t end my life because I relate to memes nos permiten normalizar estas enfermedades además de crear una comunidad que se siente igual. Sin embargo, no todos coinciden. ¿Estamos empezando a autodiagosticarnos unas enfermedades y problemáticas que no tenemos? O, incluso, ¿estamos romantizando la depresión y la ansiedad?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Es lo que se ha preguntado la periodista Melissa Pandik: ¿estamos alimentado una ‘cultura de la tristeza’? ¿Podemos empezar a hablar del glamour de la depresión? Se lo preguntaba mientras miraba todas las páginas que seguía en Instagram, memes tristes y depresivos muy “relatable” (es decir, identificables) que dan la sensación que todos tenemos depresión y que en las redes se ha convertido en un complemento más, como si fuera un bolso del que presumir en tus fotos. “Por supuesto que tengo depresión, ansiedad y soledad, soy millennial”, gritan nuestras publicaciones.

Para resolver estas cuestiones, Pandik ha entrevistado diversos psicólogos, cuyas conclusiones recoge en un artículo de Mic. Pero, spoiler, no hay un claro consenso, lo que sí que surge es un interesante debate. Por ejemplo, empieza citando un artículo que asegura que la tristeza siempre ha estado considerada muy estética: desde obras como Romeo y Julieta hasta los cuadros de vírgenes plañideras. Por eso es tan común encontrar en Internet esta romantización de la lágrima. Lo hemos visto desde los emo hasta la versión pop del fenómeno, con Lana del Rey y su aesthetic de chica Lolita depresiva que conquistó a los jóvenes.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Erin Vogel, psicóloga, asegura que generar contenido sobre la depresión y la ansiedad no es malo para los que producen contenido, ya que los memes pueden ser terapéuticos y una forma de expresarse, pero sí que puede volverse nocivo para nosotros, los usuarios que lo consumen: “por ejemplo, leer constantemente sobre los síntomas de los demás podría dificultar tu recuperación, ya que te dará la sensación que las cosas no mejoran, que de ahí no se sale”, explica.

Por otra parte, otra psicóloga consultada, Leora Trub, asegura que los memes de depresión no ayudan a nadie con depresión. Cada persona tiene un origen diferente y un proceso personal. Memes generales que se ríen y idealizan la depresión como algo estético simplemente banalizan la realidad de personas que sí que sufren este trastorno. “La única forma de curarlo es con terapia y ayuda psicológica, no con memes”, sentencia.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Trub añade que hay una retórica de que todos tenemos depresión y que todos estamos deprimidos, por lo que podemos reírnos de ello porque estamos fatal. Pero cree que no. No todo el mundo la tiene y creer que sí es banalizar una enfermedad muy grave. “Los que comparten todo este contenido se olvidan de un elemento crucial: lo dolorosa que es la depresión”, concluye.

Al final, Vogel cree que es positivo que se hable de depresión porque los jóvenes cada vez estamos más informados y combatimos más activamente el estigma que tiene la enfermedad. Por lo tanto, si alguien dice “anímate, sal de la cama” a un depresivo, hará que —como mínimo— le lleguen hordas de “ok boomer” porque, aunque se esté banalizando la depresión, los jóvenes también nos esforzamos activamente en considerarla una enfermedad que puede afectar a cualquiera y que es profundamente grave, aunque se tomen licencias para reírse de ella.