Por qué aprender a pedir disculpas es tan importante para tu bienestar emocional

Disculparte implica mayor salud mental porque supone aceptar la responsabilidad por tus actos

Nos cuesta un mundo pedir perdón. El ego nos domina llenando nuestras cabezas de estúpidas ideas sobre orgullo, debilidad y vulnerabilidad. No queremos aceptar nuestra responsabilidad porque nos hace sentir perdedores. Así que negamos internamente nuestra culpabilidad o, en caso de que resulte imposible autoengañarse, la escondemos para nosotros. Una actitud que, como afirma el psicólogo clínico Robert Taibbi en un artículo para Psychology Today, deberíamos eliminar porque pedir diculpas mejora nuestra autoconocimiento. Y para que te resulte más sencillo hacerlo traemos varios consejos del propio Taibbi.

Acercamiento escrito

Siempre hemos oído que una buena disculpa debe hacerse cara a cara, pero Taibbi cree que un mensaje textual ofrece espacio emocional para construir una disculpa más completa. Una que según el experto tiene que contener tres elementos: el reconocimiento de haber herido sus sentimientos, la historia que ayude a comprender qué te impulsó a actuar así, aunque sin autojustificaciones, y explicaciones que calmen posibles interpretaciones erróneas tipo “no estoy diciendo que fuese culpa tuya”.

Seguimiento

El correo electrónico o larguísimo mensaje de Whatsapp está bien como primer acercamiento, pero Taibbi considera que eso solo es una manera de sentar las bases de una reconcialización. Para que esta termine sucediendo, dice, debe proseguir una conversación cara a cara o telefónica donde poder hacer seguimiento de la reacción de la otra persona a nuestro mensaje textual. Las razones son obvias: “aclarar lo que se malinterpretó o no entendió, y evaluar si realmente conseguiste trasmitir lo que pretendías”.

Disculpas rechazadas

Ante una disculpa rechazada, nuestro ego suele activar una inmediata posición defensiva. En su lugar, el psicólogo clínico recomienda resistir a esa inercia e insistir por si no conseguiste transmitir adecuadamente tus disculpas. Eso sí, pedir perdón es una herramienta para sanar heridas, no un autocastigo. Si a pesar de tus esfuerzos continúa rechazando tus disculpas, es hora de “darte cuenta de que has hecho lo mejor que pudiste” y que es “tiempo de seguir adelante”.