Por qué te alegra el fracaso de ciertas personas

Es una especie de revancha con la gente que presume mucho, pero también puede ser síntoma de una envidia tóxica

Es momento de ser honestos. Aquí estamos únicamente nosotros y tú. Nadie más. Estás en zona segura. Eres cascarón. Así que contéstanos a una pregunta: ¿Alguna vez has experimentado una especie de placer, alegría o alivio cuando a otra persona no le salían bien las cosas? Estamos convencidos de que sí. Después de todo y como dice la experta Jen Kim en el medio especializado Psychology Today, "simplemente es la naturaleza humana". Todos nos alegramos de que, en algún momento, esa persona que tanto presume de algo caiga de bruces al suelo, incluso aunque la queramos. ¿Pero por qué ocurre esto exactamente?

Según Kim, basándose en una investigación del año 2020 publicada en el medio Personality and Individual Differences, la respuesta podría estar en una combinación del vínculo que tenemos con esa persona, las sensaciones que nos inspira y nuestra propia personalidad. Una conclusión a la que los científicos llegaron tras observar las "reacciones de sujetos participando en varias tareas de apuestas donde ganaban, perdían o veían a desconocidos jugar". ¿Los resultados? Los participantes mostraron más empatía hacia el fracaso ajeno "cuando el apostador era un extraño o alquien que les agradaba".

Por el contrario, cuando el jugador era desagradable las cosas eran bastante diferentes. Especialmente en el caso de las personas egocéntricas que tienen a priorizar su interés propio. En palabras de la experta, estas personas "tenían más probabilidades de experimentar schadenfreude (término alemán para la 'alegría por daño') en comparación con quienes eran más prosociales" (más orientados hacia el bien común y no solo hacia su propia beneficio particular) y que mostraron una mayor empatía por el apostador que perdía. Como vemos, tanto la personalidad de la otra persona como la nuestra propia cuentan.

Pero hay otro factor muy importante en esa sensación de schandenfreude de la que tanto nos avergonzamos: la culpabilidad. Como se hace eco Kim, otro estudio del 2015, esta vez llevado a cabo con niños, probó cómo es mucho más probable que experimentemos placer por el dolor ajeno cuando pensamos que quien lo sufre se lo tiene merecido o es responsable de ese sufrimiento. Esto es lógico y en muchas ocasiones se debe a la misma empatía, solo que hacia otra persona o animal. Imagina que alguien está haciendo bastante daño a alguien que quieres. Seguro que sientes cierto schandenfreude si la vida se la devuelve.

En muchas ocasiones, y siendo totalmente honestos con nosotros mismos, sentimos schandenfreude por una envidia que no podemos evitar. Y nos ha pasado a todos con algunx de nuestrxs amigxs. Es absolutamente normal. E incluso terapéutico. Como señala Kim, citando las investigaciones de la experta Tiffany Watt, "hay un lado positivo para esta emoción oscura. Puede ayudarnos a lidiar con nuestros propios defectos y los complejos de inferioridad, mientras que también fortalecemos nuestros lazos con los demás". Y, si te sirve de consuelo, muchas otras personas que te quieren se han alegrado de tus fracasos. Sin dramas.