Schadenfreude es la sensación tóxica que te hace alegrarte con las desgracias ajenas

Esta palabra de difícil pronunciación está compuesta por ‘schaden’ (daño o desgracia) y ‘freude’ (alegría)

Venga, no vayas por la vida en plan ‘soy un ser de luz’ y reconócelo. En algún momento de tu vida, aunque quizás sea algo lejano, tú también has sentido un intenso placer cuando has visto al empollón de la clase suspender un examen, la/el influencer de turno metiendo la pata en alguno de sus posts en Instagram, con la derrota y humillación del equipo rival o —y quizá esta sea la más chunga— cuando alguien que te cae mal sufre alguna desgracia.  

Sí, ese ‘que se joda’ que te sale de dentro del alma y que te deja extasiado al instante. Un regocijo interior que explica por qué los vídeos de accidentes en Youtube acumulan millones de visualizaciones o por qué te hacen tanta gracia los memes que ridiculizan y humillan a famosos y anónimos en cuentas como Cabronazi. Pues bien, toda esta mugre emocional que arrastramos tiene un nombre en alemán: schadenfreude (que se pronuncia shadenfroide). 

El lado más oscuro de la mente humana

Esta palabra de difícil pronunciación está compuesta por ‘schaden’ (daño o desgracia) y ‘freude’ (alegría) y su traducción en otras lenguas deja mucho que desear. De hecho, este término único del idioma germánico se traduciría en algo así como ‘regodeo’ en castellano y se encuentra ampliamente extendido en el mundo anglosajón.

El filósofo germánico Arthur Schopenhauer lamentó la existencia de esta palabra y la definió como uno de los sentimientos más bajos y pecaminosos que podrían inundar el espíritu humano: “Sentir envidia es humano, gozar de la desgracia de otros, demoníaco”. El problema es que lejos de ser algo minoritario, el schadenfreude es una de las sensaciones más extendidas entre las personas y, aunque lo sentimos por el bueno de Schopenhauer, no tiene tanto que ver con lo demoníaco sino con la propia esencia del ser humano.

“Se trata de una emoción placentera por el mal ajeno. Sin embargo, es diferente a cuando la otra persona es alguien que nos ha dañado o lo vemos como desagradable, lo cual está relacionado más con un orden moral o ético, relacionado con el restablecimiento del sentido de justicia en las relaciones y el instinto agresivo mamífero”, explica el director clínico del Instituto Madrid de Psicología, Héctor Galván Flores.

Así que esta emoción es mucho más gratuita que la simple rabia o sensación de injusticia y, por tanto, resulta mucho más difícil de justificar ante los demás. Es decir, simplemente disfrutamos del dolor de otro aunque no nos haya hecho nada. Para el psicólogo, el schadenfreude tiene más que ver con uno mismo, con esa percepción del ‘yo’ frente a los demás. “Forma parte de las emociones morales que tienen que ver con la valoración social y la comparación ante los otros.

De hecho, algunas razones por las que experimentamos esta alegría por la desgracia del otro son por competitividad o rivalidad; alivio por saber que no nos ha ocurrido a nosotros; por envidia o venganza. En general está muy relacionado con la baja autoestima”, añade Galván lamentando que “es algo bastante generalizado en nuestra sociedad ver cómo el mal ajeno puede hacernos sentirnos más seguros y vernos al mismo nivel que los demás”.

Las redes sociales como catalizador de tu negatividad

En este sentido, el experto señala que “uno de los ejemplos más claros en los que podemos percibir este término, y donde existe un mayor regodeo por las desgracias ajenas, es en las redes sociales”. Esto además tendría un al añadido ya que “algo que se hacía en círculo y en privado ha pasado a formar parte de algo público, incrementando posiblemente esta emoción”.

Por tanto el schadenfreude nos envuelve e incluso puede venir inducido a través de los inputs del día a día. Es por ello que en ocasiones llegamos a sentirnos bastante mal al respecto y lleguemos a cuestionarnos: “Si sentimos que muchas veces nos alegramos del sufrimiento ajeno, puede que nos sintamos culpables o nos veamos como personas malas y crueles”.

Pero, esta culpa tampoco debería llevarnos a pensar que somos una persona sádica. “Cínicamente se ha llegado a relacionar don el sadismo. De hecho, cuando hablamos del sadismo, nos referimos a un placer ocasionado por el dolor de otro ser vivo. En el caso de schadenfreude, sentimos placer (aumentan los niveles de dopamina) pero no ocasionamos un daño directo sobre la otra persona.

Por lo tanto, aunque se relaciona en menor medida con el sadismo, en este caso nunca llegaríamos a realizar daño con nuestras propias manos. La persona que experimenta schadenfreude es un espectador pasivo, mientras que la persona sádica es un actor activo”, insiste Galván.

Es más, en realidad, el schadenfreude no deja de ser un mecanismo básico de nuestra mente para aliviar nuestras inseguridades y la ansiedad que nos producen. “Cuando vivimos schadenfreude experimentamos alivio del estrés, y disminuimos nuestra ansiedad o tristeza. Otra cuestión es que eso no es la estrategia más sostenible ni saludable para gestionar el estrés, desde luego”, apunta el psicólogo que recuerda que aunque sentir schadenfreude “es algo natural” siempre “podemos mejorar y aprender a regular nuestras emociones” y que “no se trata de algo perjudicial si se produce puntualmente”. 

El ‘mudita’ budista y la empatía como respuesta

Quizá la mejor medicina a nuestra necesidad por aliviarnos con el desasosiego de los demás esté en el desarrollo de la empatía y en compensar nuestras emociones con lo que el budismo conoce como ‘mudita’ y que viene a ser el sentimiento de felicidad por la fortuna de otro, es decir, la antítesis del schadenfreude. “Siempre seremos muchos más felices si nos alegramos de nuestro propios logros, esfuerzos y superaciones.

Fomentar la asertividad y el respeto ajeno, siempre nos traerá consecuencias más positivas”, asegura Galván que no descarta, incluso, acudir a terapia para aprender a buscar satisfacción en el bienestar del prójimo y con ello “mejorar nuestra vida personal y laboral”. 

Así que sí, eres humano y como tal podrías experimentar esa emoción altamente tóxica en tu vida, pero también podrías tomar conciencia de cómo la negatividad y la inseguridad te invaden y te llevan a sentir cosas indeseables para trabajar en ello, construir tus propios valores personales, desarrollar tu empatía y convertirte en alguien un poco mejor.

Ni Schopenhauer tenía razón cuando apuntaba a lo demoniaco ni Thomas Hobbes cuando decía que “el hombre es un lobo para el hombre”. En realidad, las personas pueden ser lo que quieran para otros hombres y mujeres, Y tú todavía estás a tiempo de elegir.