8 frases para reforzar tu autoestima que deberías repetirte cada día

Hay ciertas formas de actuar, de pensar y de ser que son tan naturales que debemos aprender a interiorizarlas para que formen parte de nuestro pensamiento habitual

Hay algunos consejos que nos cambian la vida. Hay frases y palabras que, aunque podríamos llegar a pensarlas y a tomarlas como propias, hasta que no viene alguien y nos las dice, no nos las creemos. Una perspectiva ajena, un punto de vista externo nos da una mirada que a veces no podemos tomar porque estamos excesivamente inmersxs en el caos. Esto pasa con todo: con nuestras relaciones sentimentales, con nuestros trabajos, con nuestra familia… Y sobre todo con nosotrxs mismxs, con nuestra autoestima. Quizás te miras cada mañana en el espejo y no encuentras nada que te agrade, pero ¿por qué ocurre esto? Tal vez hemos aprendido a normalizar unos cánones que solo dejan paso a ciertas medidas y formas alejadas de lo que es natural.

Aquí traemos ocho frases que hemos ido recopilando dentro del formato Normalicemos y que están pensadas para ese empujito de autoestima que siempre nos viene bien. En cada una de ellas te explicamos por qué podrían ser estelas de amor propio.

1. Normalicemos ir sin sujetador

Tenemos tetas y forman parte de nuestro cuerpo. Tenemos pezones y forman parte de nuestro cuerpo. Quizás hemos aprendido que las tetas deben ser redondas, bien puestas, simétricas y de tamaño medio. Pero no. Las tetas normales son todas las tetas, las tetas hermosas son todas las tetas, incluso cuando tienes solo una, o ninguna. Puedes ir sin sujetador si te da la gana porque tu cuerpo así, tal y como es, es brutal.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

#NORMALICEMOS ¿Qué más se debería normalizar?

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2. Normalicemos que solxs no podemos con todo

Héroes y heroínas de este mundo, toca relajarse. Cargar con tus responsabilidades y las del resto de las personas no es tu deber. Está bien que no puedas con todo. Ser fuerte no es sinónimo de ser mejor persona. Haz que pedir ayuda sea algo de lo que sentirte orgullosx.

3. Normalicemos los cuerpos delgados

Y los que no son delgados también. Nos hemos acostumbrado a apoyar sin freno a los cuerpos curvy y esto es ideal. Pero los cuerpos hiper delgados también existen y también están bien. Como decíamos al principio, tu cuerpo sea como sea, es hermoso.

4. Normalicemos el sexo bonito, normal y corriente

Parece que si no tenemos sexo salvaje, fuera de lo convencional y con posturas extravagantes no somos buenxs en la cama. Pues mira, resulta que el sexo bonito, normal y corriente no está nada mal. Hemos aprendido, también, que si no tenemos sexo de una manera determinada podemos estar exponiendo nuestra forma de ser demasiado y ¿qué pasa? Mostrar tu intimidad y permitirte ser vulnerable es un ingrediente de las personas con amor propio.

5. Normalicemos maquillarse como una puerta

El rostro lavado nos encanta y también el ultra maquillado, ¿qué tiene de malo maquillarse? Absolutamente nada. Hazlo si te apetece hacerlo, hazlo para ti, hazlo porque te sientes bien. No lo hagas para lxs demás. Cuando empiezas a hacer cosas para ti porque (te) quieres, empezarás a tener la sensación de que todo está bien, se llama quererse a unx mismx y mola muchísimo.

6. Normalicemos llevar peluca

¿Eres calvx y quieres llevar peluca? Pues llévala, seguro que te queda genial, ¿crees que es síntoma de inseguridad? Puede no serlo si también te quieres tal como eres. Hemos aprendido a normalizar que, si somos calvxs, tenemos que aceptar nuestra cabeza sin pelo y ¡claro que sí! Pero también podemos aceptar que nos mola llevar peluca. Lo que te dé autoestima y te haga sentir bien, es más que bienvenido.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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7. Normalicemos cambiar de opinión y rectificar

Esas personas orgullosas que no quieren mostrar ni una miguita de debilidad, basta ya. Cambiar de opinión y rectificar es síntoma de que eres una persona madura. Cuando das este paso y dejas de ser tan durx contigo mismx, podrás vivir con más tranquilidad y podrás darte el lujo de aprender de lxs demás y de aprender a equivocarte, que también está muy bien.

8. Normalicemos llorar antes de explotar

Dale espacio a todo lo que tu cuerpo sienta, date el lujo de reír, date el lujo de llorar e incluso date el lujo de enfadarte. Llorar cuando tienes ganas no es de persona frágil y débil. Llorar cuando tienes ganas te ayudará a descargar, hará que puedas ver las cosas con mayor claridad y te liberará. Si esperas a explotar no solo no te hará bien a ti sino que también puede afectar a las personas que te rodean.