7 claves para controlar tus emociones durante la desescalada

La salud mental de proximadamente un 46% de nosotros está en riesgo por la pandemia del coronavirus

El coronavirus llegó sin avisar a un ritmo vertiginoso y aunque llevemos ya más de dos meses conviviendo con él, lo cierto es que a día de hoy sabemos muy poco sobre este virus. Es esta sensación de incertidumbre la que a menudo nos afecta y nos hace cuestionarnos tantas cosas: desde nuestro anterior ritmo de vida hasta nuestra escala de prioridades, a lo que hay que sumar todos los cambios que hemos tenido que afrontar y de los que hemos sido partícipes. 

Todo ha pasado demasiado deprisa, sin prórrogas y a veces casi sin darnos cuenta. Es lo que tienen las situaciones totalmente desconocidas, que son capaces de poner nuestra vida patas arriba y esta lo ha hecho en todos los sentidos. De un día a otro pasamos de ir a la universidad, a trabajar o de quedar una tarde para tomar algo con nuestros amigos a permanecer 24 horas en casa confinados o saliendo a trabajar con mascarillas, guantes y grandes dosis de preocupaciones y miedos. Sin duda, cuesta asimilar todo lo que estamos viviendo en la actualidad. De hecho, algunos de los temas sobre los que más se hablan son de qué forma nos afecta todo esto a nivel psicológico y cuáles son las secuelas que ya se están percibiendo en nuestra salud mental. Veamos a continuación.

Altibajos durante y después del confinamiento

Una de las condiciones psicológicas más recurrentes y fruto de la situación actual son los altibajos emocionales, esa variación del estado de ánimo que va desde la calma hasta el aburrimiento, la motivación o la angustia. Es algo totalmente normal si tenemos en cuenta que nunca nos habíamos enfrentado a una situación similar. Es imposible estar bien todo el tiempo, sobre todo si no sabemos cuándo, cómo ni de qué forma acabará lo que estamos viviendo. Es un hecho que nuestra salud mental se resiente. 

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“Cada día estoy más nervioso”, “no sé qué hacer, me siento desanimado y me cuesta dormir”, “¿cuándo saldremos de esta situación”, “necesito volver a la vida de antes”, “ya no me vale Netflix, ni los libros ni la música, todo me aburre”, “estoy muy agobiada, en la universidad no dejan de enviarme ejercicios, trabajos y pruebas”... son algunas de las preocupaciones más comunes. Y es que sentir que todo se escapa a nuestro control es otra de las sensaciones más frecuentes a día de hoy y que genera mayores niveles de ansiedad. Pues no solo el presente nos preocupa, sino también el futuro.

La OMS ya lo avisó: no solo hay que atender al bienestar físico llevando a cabo las medidas de protección adecuadas, sino que es esencial que pongamos en marcha algunas medidas psicológicas para proteger nuestro bienestar psicológico. Solo hay que fijarse en los datos que arrojan algunas investigaciones, como la llevada a cabo por Open Evidence en la que se afirma que 6 de cada 10 españoles han experimentado tristeza o desesperación por el futuro durante la pandemia o en la publicación de la revista The Lancet en la que se confirman algunos efectos psicológicos derivados de la crisis del coronavirus como el aumento de los pensamientos negativos y catastrofistas, el miedo a infectarse, la frustración y cierta desconfianza hacia las informaciones proporcionada por las autoridades e instituciones, entre otros. Y tampoco podemos olvidarnos de quienes han perdido un ser querido en estas circunstancias o del síndrome de la cabaña o el miedo a salir a la calle tras el confinamiento...

Entonces, ante el panorama actual, ¿qué podemos hacer? ¿cómo cuidar de nuestra salud psicológica? Estas son algunas estrategias psicológicas que pueden ayudarte a cuidarte un poquito mejor.

Aceptar lo que sentimos, pero no dejamos llevar

Miedo, tristeza, estrés e incluso ansiedad son reacciones normales en la situación actual. Nunca habíamos enfrentado una situación de este tipo, por lo que las dudas, preguntas e interrogantes son comunes y con ello esa inquietud y malestar que algunas veces nos invaden. Por ello, es importante que no reneguemos ni escapemos de lo que sentimos, sino que lo aceptemos, les demos un sentido y por supuesto hablemos sobre ello o lo expresemos de alguna manera para darle salida y no acabe por hacerse un nudo en nuestro estómago o una pesada carga que llevar a cuestas.

Eso sí, es clave reflexionar sobre cómo te sientes, pero también no dar poder a nuestros estados emocionales y dejarnos llevar por ellos. Las emociones que experimentamos tienen algo que decirnos, la mayoría de las veces relacionado con nuestra supervivencia, tratemos de descifrarlo.

Revisar y entrenar nuestro enfoque mental

Las emociones son importantes, pero el diálogo que tenemos con nosotros mismos también o lo que es lo mismo: nuestros pensamientos. Estos pueden ser nuestros mejores aliados pero también nuestros enemigos. De ahí que sea necesario entrenar nuestra atención para sentirnos mejor. Y esto implica atender al aquí y ahora e intentar dejar de navegar por el vaivén de las preocupaciones futuras. Así, ¿qué tal si nos preguntamos qué necesitamos en estos momentos para estar bien y mantener la calma? Se trata de crear anclas para nuestra mente para centrarnos en el presente y evitar que conecte con el pasado y el futuro.

La cultura de lo GRATIS

Y si el miedo nos invade, primero cuestionémoslo, no nos creamos lo primero que pensemos y consultemos información de calidad proporcionada por medios seguros. Es importante que analicemos la realidad, que no minimicemos ni maximicemos los riesgos. Eso sí evitando la sobrecarga informativa, o sea sin estar constantemente consultado Twitter o las noticias.

Rutinas sí, pero las justas

Planificar el día a día viene bien: saber más o menos qué vamos a hacer nos ayuda a experimentar cierto orden, pero sin agobiarnos. Esto quiere decir que no es necesario estar todo el día con actividades, como muchos hicieron en los primeros días de confinamiento, sino que también hay que dejar espacio para relajarse y no hacer nada. 

Por ello, ponernos una meta al día puede ayudarnos por un lado y por otro buscar canales para nuestra calma mental, aquí las actividades creativas suelen ser una buena opción. De esta forma, no nos abandonaremos por completo, pero tampoco nos exigimos ser efectivos ni productivos.

Conectar con los demás y cuidar nuestras relaciones

Somos seres sociales, los vínculos con los demás son necesarios y aunque todavía nos encontremos con ciertas medidas que nos impidan relacionarnos con los demás como lo hacíamos antes, lo cierto es que el distanciamiento físico no implica un distanciamiento social. En algunas ciudades ya es posible quedar, manteniendo los metros de distancia y en las que todavía no, siempre queda la opción de las videollamadas, llamadas o redes sociales. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Mantener el contacto con los demás es fundamental, tanto si vivimos solos como acompañados. Eso sí, en la situación actual es importante tanto escuchar como ser tolerantes y empatizar con los demás.

¿Quién deseamos ser?

¿Cómo queremos recordarnos el día de mañana en relación a esta situación? Sin duda, una pregunta muy reflexiva, pero necesaria en estos momentos y que corta el automatismo que pone en marcha el miedo, ese que secuestra nuestra visión del mundo y que nos da cierto control.

Aquí no se trata de vernos como héroes, cada cual tendrá su propia definición, pero sin olvidar la parte de responsabilidad que nos toca. Porque aunque no podamos controlar lo que está sucediendo, sí que podemos elegir cómo reaccionar ante ello, es decir nuestra actitud.

Sigue las normas, pero a tu ritmo

A pesar de que son muchos los que desean volver a un ritmo de vida similar al que teníamos hace unos meses, hay otros tantos que están experimentado ese miedo a salir a la calle. Por ello, no es necesario obligarse a cruzar la puerta de casa todos los días si no nos sentimos a gusto, podemos hacerlo a nuestro ritmo —siempre teniendo en cuenta las normas establecidas—. Es fundamental darse tiempo y no alarmarse. Se pueden ir haciendo pequeños intentos.

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Todo lo que vendrá…

Lo que vendrá no lo sabemos, es toda una incertidumbre, pero de alguna forma nos estamos acostumbrando a ese no saber y a actuar según la marcha. Algo que a nuestro cerebro no le agrada, pero que es irremediable. Por ello, si nos cuidamos, si nos focalicemos en el presente, damos salida a nuestras emociones y evitamos dejarnos llevar por el pánico todo será un poco más sencillo y nuestra salud mental no se verá tan resentida.

Eso sí tampoco podemos olvidarnos de nuestra responsabilidad individual en todo esto, porque más allá de las reglas impuestas, también tenemos que pensar en los demás.

CN