El boom de las caravanas parece no terminar nunca. Lo que era un lifedream de los millennials, un deseo existencial con el que escapar de la vida sedentaria convencional, una fantasía muy lejana, se ha ido convirtiendo cada vez más en una alternativa real de vida y en una industria floreciente. Como apunta el periodista Félix Cerezo, “actualmente hay en España un parque de unos 365.000 vehículos de caravaning”, de los cuales “unos 96.000 son autocaravanas”. La cosa es que hasta ahora los ayuntamientos podían establecer ordenanzas municipales que prohibieran el estacionamiento de las mismas. Y era un bajonazo para mucha gente. Pero eso acaba de cambiar: a partir de ahora las autocaravanas podrán aparcar ya en ciudad como cualquier otro vehículo.
En concreto, esta nueva realidad llega tras la publicación en el BOE de una modificación del Reglamento General de Circulación, la cual llevaba siendo un reclamo de la industria de las autocaravanas desde muchos años atrás. Y es que la capacidad de los ayuntamientos de prohibir el estacionamiento de estos vehículos, de la cual hacían uso muchísimos de ellos, hacía que a mucha gente se le quitaran las ganas de pillarse una. Al fin y al cabo, ni la podías dejar en tu ciudad o en tu pueblo cuando no la estabas utilizando ni podías irte de visita a otras ciudades o pueblos y estacionar allí. Sí, eran vehículos muy bonitos y bohemios, pero estabas muy limitado por el hecho de depender de las áreas especiales para su estacionamiento: unas 1.400 repartidas por todo nuestro país.
Hoy los ayuntamientos han perdido oficialmente esa capacidad: las autocaravanas serán libres de aparcar siguiendo los mismos criterios que cualquier otro vehículo. Ningún dirigente político podrá vetarlas. Ningún policía podrá multarlas. Aún así, conviene tener en cuenta que el propio Reglamento General de Circulación introduce unas limitaciones que son de sentido común: que todas las autocaravanas que estacionen en las ciudades o en los pueblos lo deberán hacer “sin extender elementos propios que desborden el perímetro del vehículo, consiguiendo como tal la proyección en planta del mismo; descansando solo sobre neumáticos, con posibilidad de calzos o cuñas de seguridad, y sin verter fluidos procedentes del habitáculo”.
De esta forma, el reglamento busca armonizar dos necesidades. Por un lado, la de los propietarios de las autocaravanas de aparcar bajo las mismas condiciones que cualquier otro vehículo, siguiendo las regulaciones locales de horarios y de tarifas de cada ayuntamiento. Por otro lado, la de los vecinos de que sus pueblos y sus ciudades no se conviertan en escenario de microciudades de autocaravanas en las que reine el caos y la suciedad. Porque esa ha sido siempre la gran preocupación de muchos ayuntamientos, especialmente de rincones muy turísticos. Como siempre, la armonía llega cuando todo el mundo pone un poquito de su parte. Y tú, ¿crees que las autocaravanas pueden tener un lugar en nuestros municipios?
