Hace unas semanas publicamos un artículo en el que reflexionábamos acerca de las bodas y en el que llegábamos a una conclusión muy poco romántica: que casarse ya no va de amor: va de dinero. Y la noticia de hoy lo respalda aún más: ya hay una aplicación en la que puedes vender entradas de tu boda a gente desconocida para sufragar los gastos o comprar tus propias entradas para ir a ver cómo se casa una pareja que no conoces de nada. Su nombre es Invitin y se está propagando como la espuma. Según cuentan desde The Guardian, hay más gente de la que imaginas que quiere ir a una celebración como esta aunque no conozca a nadie.
¿Pero qué haces allí una vez compras tu entrada y vas? “Los poseedores de entradas estarán presentes durante todo el día, desde la ceremonia nupcial y los votos, hasta las bebidas al aire libre en el césped con música en vivo, y luego una cena formal en un amplio comedor. Después habrá la tradicional fiesta en la pista de baile”, cuenta una pareja que está utilizando Invitin a ese mismo medio. Eres unx más. Te emocionas. Te hartas de comer. Te hartas de beber. Te vistes bien. Y te echas un baile si te apetece. ¿Sales en las fotos de la boda? Depende de la pareja y de lo que ofrezcan. A veces sí. A veces no. Hay quien prefiere que solo salgan allegadxs.
Y es lógico. Lo que no lo es que las bodas se hayan convertido en un negocio tan estrafalario y caro que para hacerlas haya que recurrir a métodos de financiación como este. Porque, piénsalo, ¿quién quiere mirar a su alrededor el día de su boda y ver un montón de caras de las que no sabe absolutamente nada? Es raro. Es anticlimático. Es too much. Y no, no estás obligadx a charlar con ellxs si compran tu entrada y se presentan allí. Puedes pasar de ellxs y dejar que sean solo espectadores. Pero igualmente es un bajonazo. Además, no sabes si te la pueden liar o no. Si cumplirán con las reglas del evento. Si se portarán bien. Si beberán con moderación.
Lo que sí está claro es que algunxs de estxs invitadxs, que pagan entre 100 y 150 euros por estar allí, van a estas bodas con la intención de ligar. Especialmente hombres. Y quienes venden las entradas lo saben. En palabras de una de ellas, “tenemos muchas más amigas solteras que hombres solteros que asisten a nuestra boda, así que pensamos que esto podría equilibrar un poco las cosas”. O dicho de otro modo: lxs invitadxs random pueden convertirse en algunos casos en una especie de reclamo para lxs invitadxs reales. Una atracción más del evento. Pues eso: que casarse cada vez va menos de amor y más de muchas otras cosas ajenas.