La juventud europea se opone al regreso del servicio militar

El proyecto ReArm de la Unión Europea pretende movilizar 800.000 millones de euros de aquí a 2023 para financiar la remilitarización

La invasión de territorio ucraniano por parte de Rusia. La anunciada amenaza de Donald Trump de desvincularse poco a poco de la defensa de Europa. La inestabilidad geopolítica mundial. Son muchos los factores que están haciendo que los gobiernos europeos estén intensificando su apuesta por la remilitarización. Sí, nuestro continente, que vivió durante el siglo pasado una oscuridad bélica inolvidable, vuelve a armarse de tanques y aviones de combate. No son solo palabras: como dice el periodista Mael Guéguen, el proyecto ReArm de la Unión Europea “pretende movilizar 800.000 millones de euros de aquí a 2023” para financiar esta militarización. Pero no solo hace falta dinero. También soldados.

Es ahí donde entra en escena el servicio militar. “Alemania, que puso fin a su conscripción en 2011, lleva a cabo desde el 1 de enero una campaña de censo militar entre su juventud. Se envía un cuestionario obligatorio para los hombres y facultativo para los demás géneros, a todos los jóvenes de 18 años, para proponerles participar en el servicio militar”. De esta manera, y en caso de que estalle un conflicto, el Gobierno alemán dispondría ya de una base de datos actualizada y podría convocar el alistamiento obligatorio de determinados perfiles. En cualquier caso, algunos diputados alemanes ya han confirmado que podrían usar estos datos para imponer el servicio militar obligatorio aún sin guerra.

La otra gran potencia militar de la Unión Europea anda en las mismas. Ya en 2019 lanzó un proyecto para que alumnos de entre 15 y 17 años participaran en un curso de iniciación militar de doce días. Ambos proyectos, el alemán y el francés, se han topado con una realidad muy clara: la juventud europea no está por la labor de militarizarse. En el caso alemán, y según las palabras del mismo Guéguen, “de los 300.000 formularios enviados, y a pesar de los 2.600 euros mensuales prometidos, solo 530 personas se han unido a las filas de la Bundeswehr unos cinco meses después”. Y Francia tuvo que cancelar aquel proyecto a principios de 2026 por falta de voluntarios. No es la reacción que esperaban.

Pero los Gobiernos de la región siguen intentándolo. Francia misma ha desarrollado otro proyecto de militarización para jóvenes. Bélgica, Países Bajos, Polonia o Rumanía también están intentando atraer a la juventud a este tipo de carrera. Y, en otros puntos del continente, como Croacia, Letonia, Lituania o Suecia, se ha impuesto ya el servicio militar obligatorio para ciertas edades. Son jóvenes que ven interrumpidos sus estudios, sus carreras y sus vidas para prepararse para una potencial guerra. Y son malas noticias. Porque cuando esto pasa, cuando se refuerza la baza de la violencia, queda evidenciada la falta de confianza en la baza diplomática. ¿Aceptará la juventud europea este destino?