La gran paradoja: todos quieren una comunidad, pero nadie quiere esforzarse en construirla

“Las comunidades solo aparecen porque alguien hace el trabajo poco atractivo de hacerlas repetibles”

Nunca en la historia de la humanidad habíamos estado tan conectados como lo estamos ahora. Nos tenemos a golpe de teclado. A una notificación de distancia. A una foto. A una videollamada. Y, sin embargo, nunca antes había habido tantas personas que se sintieran solas. Una epidemia que, según el informe Gallup y Meta sobre la Soledad Mundial de 2023, afecta de manera particularmente intensa a la Generación Z. Pero no hace falta una encuesta para darse cuenta. Hay una corriente de pensamiento del rollo “quiero una comunidad a la que pertenecer” entre la gente joven muy potente. El problema es que nadie mueve un dedo para hacerla realidad.

Esta es la gran paradoja de nuestro tiempo. En 2022, el informe The State of Connections, llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard, reveló que el 61% de la gente siente niveles de “soledad miserable” y que los jóvenes tenemos un deseo muy profundo de ser vistos y valorados por una comunidad. Quiero conexiones de verdad. Quiero nuevos amigos. Quiero preocuparme por el bienestar de otras personas y que ellas se preocupen por el mío. Quiero formar parte de algo más grande que yo. Quiero no vivir aislado. Quiero que mi vida social salga de la red y se materialice en algo físico y tangible. Pero sin esforzarme.

Y así es muy difícil. Como explican desde Butter, una aplicación pensada para conectar gente y ayudarla a crear planes sociales saludables, “las comunidades solo aparecen porque alguien hace el trabajo poco atractivo de hacerlas repetibles”. No fueron forjadas por una deidad desconocida. No estaban ahí antes de que la humanidad apareciese en la Tierra. No hay un Ministerio de las Comunidades que se encargue de construirlas para ti. Son el resultado de convertir la intención en acciones reales. “No se trata de ser anfitrión a tiempo completo ni de ser el pegamento, sino de hacer una pequeña cosa repetidamente hasta hacerla habitual”.

El gran problema, el origen de la paradoja, es el mismo que está provocando una precarización de las relaciones de amor o de las relaciones de amistad convencionales: la escasez de compromiso. Como apuntan desde Butter, “vivimos en una cultura donde el compromiso se trata como un riesgo y la planificación como una tarea administrativa y en la que nadie quiere ser la persona a la que le importa demasiado algo”. Es como si el miedo a ser visto como “un intenso” fuera más fuerte que el miedo a la soledad. Es absurdo. Si te pasas la vida esperando que aparezca mágicamente una comunidad a la que simplemente suscribirte, la cosa pinta muy fea.

Las conexiones demandan implicación. Eso es lo bonito que tienen.