En España, según estadísticas oficiales del Gobierno, hay aproximadamente unos 7,5 millones de perros, tantos como menores de entre 0 y 16 años. Y su presencia en los hogares del país no para de crecer año tras año. Quizás porque los salarios ya no permiten aquello de comprar una vivienda y mantener a una familia con niños. Quizás porque ofrecen un amor infinito a cambio de muy poco. Un amor que no termina cuando morimos: los perros, como demuestra la historia de Hachicko en Shibuya o la de Canelo en Cádiz, también experimentan el duelo. Por eso algunos tanatorios españoles han comenzado a permitir que accedan a la sala de duelo junto con el resto de la familia.
Una iniciativa que, explica el periodista Jesús A. Cañas, ha surgido en el sur: Puerto Real y Chiclana, dos municipios de la provincia de Cádiz, han sido los primeros en implementarla. Y es que resulta un tanto cruel dejar al perro de la familia en casa, solo y sufriendo, mientras el resto tiene la oportunidad de despedirse del fallecido. No son marionetas. No tienen el corazón vacío. De hecho, y como ocurre con los humanos, su proceso de duelo también puede ser disfuncional, motivo por el cual la iniciativa de estos municipios incluye asimismo la posibilidad de que el perro pueda acceder al féretro con el resto de la familia para oler a su compañero humano y entender su fallecimiento.
Al igual que las personas, sentir la pérdida es el primer paso para su asimilación. Nosotros la hacemos con la vista, que es nuestro sentido principal, y ellos lo hacen con el olfato. La idea es que esta medida impida dramas como el de Canelo o Hachiko, animales que pasaron años esperando el regreso de sus dueños, y proteja así el bienestar de estos animales. Es lo mínimo que les debemos. La lógica es tal que este servicio se está extendiendo rápidamente por los tanatorios de otros rincones de España como Cataluña. La familia lo pide, firma un documento de responsabilidad del comportamiento del perro y adelante. Un paso más en la integración de los perros en nuestras vidas.
Otro que está sobre la mesa es el de que los perros puedan acceder a los hospitales a despedirse de sus compañeros humanos cuando estos se encuentran en estado terminal. Y no solo por el bienestar del animal: como cuenta a Cañas una veterinaria, “esas personas tienen un mejor pasar porque se reconfortan y se aseguran que su mascota va a estar bien. Es la familia despidiéndose al completo. A todos les puede dar paz”. Además, el perro es un apoyo tremendo en los momentos más duros. Lo sabe cualquiera que haya tenido uno como compañero de vida. Ah, y también proliferan cada vez más los cementerios de mascotas. Nosotros también tenemos un duelo que atravesar.
