Han pasado muchas cosas terribles desde que las fuerzas talibanes retomaran el poder en Afganistán. La invasión rusa de Ucrania. El genocidio continuado en Gaza por parte del ejército israelí. La guerra en Oriente Medio provocada por los enfrentamientos entre Irán y la alianza de Estados Unidos e Israel. Tantas tragedias, todas ellas provocadas por políticos a los que poco parece importarles la vida de miles de personas, que hemos olvidado una vez más lo que ocurre día tras día en Afganistán. Especialmente para las mujeres. Sí, sobre ellas pesa todavía un apartheid de género. Siguen viviendo en un infierno en el que todos los derechos conquistados previamente han desaparecido.
Los datos lo reflejan perfectamente. Como cuenta la periodista Trinidad Deiros Bronte, “cuando los talibanes llegaron al poder en 2021, las afganas habían dado pasos de gigante: la alfabetización había pasado en 20 años del 17 a casi el 30% y las universitarias llegaban a 100.000, según Naciones Unidas”. Además, las mujeres tenían reservados el 27% del total de los escaños de la Cámara Baja del Parlamento, representaban el 21% del total de funcionarios, el 8% de los jueces y había hasta 4.500 en las Fuerzas Armadas. Hoy todo aquello está perdido. Para que te hagas una idea, las afganas solo pueden estudiar primaria y tienen vetado trabajar como funcionarias o como militares.
En cualquier caso, y como le explica Berlín Zubaida Akbar, directora para Afganistán de la ONG Femena, a Deiros, “lo que define estos cinco años de poder talibán” no es solo “la opresión, brutalidad, discriminación y eliminación total de la vida pública” de las mujeres afganas, sino también y sobre todo “la resistencia de muchas mujeres y niñas”. Porque no hay pasividad ni conformidad. Entre otras cosas, algunas afganas han puesto en marcha escuelas clandestinas en las que formar a las niñas y adolescentes en las materias que de verdad deberían aprender. Y es que las enseñanzas que recibe una joven afgana están muy limitadas por el enfoque ultrasexista del régimen talibán.
Además, apunta Deiros, las mujeres también se resisten a la opresión mediante el activismo. A través del arte, como Arzo Haqkywa, cuyos dibujos “están llenos de cadenas, de jaulas, de mujeres que lloran lágrimas de sangre o tienen la boca cosida”. O a través del activismo: ha habido protestas callejeras fuertemente reprimidas. “Decenas de afganas fueron encarceladas y torturadas”. Por último, y como explica esta periodista, la resistencia afgana se materializa en más de 10.000 emprendimientos. Negocios, muchos de ellos online, que representan un medio de vida y una esperanza de futuro para unas mujeres a las que el resto del mundo parece haber olvidado ya.
