Las universidades saben que están obsoletas y que sus estudios no te garantizan un trabajo

"Son instituciones obsoletas que no se adaptan al mercado". Esta es una de las demoledoras conclusiones de un estudio conducido por las propias instituciones y expertos de la educación secundaria

“Ve a la universidad si quieres ser algo en la vida”, te repetían tus padres, constantemente. Es la idea que se les quedó. Con unos estudios superiores podías conseguir escalar en el ascensor social. Así que, convencidos, lo hacían por tu bien: forzándote a ir a la universidad, querían que tuvieras un mejor futuro. De hecho, tú también lo habías interiorizado y, si ibas a la universidad era porque, o una profesión te gustaba mucho, o creías que así podrías ganar dinero.

Sin embargo, las universidades se han quedado atrás y, como demuestra un reportaje de El País, han perdido “el monopolio de las mejores salidas profesionales”. “Las universidades no son ágiles y no adaptan a tiempo los grados a las necesidades del mercado”, aseguran. Se confirma algo ya se sospechaba: la FP es más eficiente para encontrar empleo. “En 2018, el 42,4% de las ofertas de empleo requerían estudios de FP, frente al 38,5% que exigían estudios universitarios", según un informe de Adecco citado en el artículo.

Pero no solo empleos técnicos con sueldos que rozaban el mínimo interprofesional, como se solía creer no hace demasiados años, sino que también los trabajos con sueldos altos y cargos de responsabilidad en empresas. Así lo afirma el estudio en el que basa el reportaje, titulado Situación y retos de las universidades españolas ante la transformación digital, y elaborado por 34 de las 83 universidades españolas y 225 expertos en educación. Es decir: las propias universidades públicas lo reconocen, se han quedado atrás.

De hecho, el informe pone diversos puntos en los que fallan. Por ejemplo, la escasa flexibilidad burocrática que les impide renovarse y adaptarse al mercado. Tienen plantillas envejecidas (la edad media del profesorado es de 47 años, con “grandes glorias” de sus campos con métodos anticuados que impiden el acceso a jóvenes investigadores), y sin apenas planes de digitalización (“los campus aseguraron que cuentan con una estrategia de digitalización, el 24% de ellos dijo no contar con ningún plan y el 9% manifestó que todavía está por definir”). Esto se traduce en que muchas universidades quedaron desfasadas y a las empresas no les interesa contratar a estos alumnos, sino que prefieren a los que salen de FPs o universidades privadas (con menos burocracia), lo que facilita la adaptación a las nuevas realidades.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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No solo son problemas burocráticos sino que, “según los expertos consultados en el informe, otro de los grandes problemas son las resistencias internas de las universidades al cambio”. Es decir, son instituciones cargadas de elitismo que quieren enseñar las profesiones de la forma clásica, como se enseñaban antes, aunque no tengan salida. Por ejemplo, en periodismo, poniendo la prensa escrita, con cada vez menos salidas, como una rama más digna y necesaria que la prensa online o la comunicación empresarial, que quedan relegadas a optativas, mientras que las troncales se centran en un campo con apenas futuro. Son, como resume el informe, instituciones “obsoletas que frenan el impulso de dinámicas innovadoras”.

Ahora las empresas buscan formación de los grandes sectores empresariales que son más ágiles, se actualizan constantemente y pueden hacer frente a los retos del mercado actual. La universidad, por otra parte, como la resume el artículo, se ha quedado en un centro cultural para jóvenes de 20 a 24 años, a los que enseñar las bases clásicas de unas profesiones que se han reinventado tanto que no tienen nada que ver con la teoría. Y lo peor, es que las propias instituciones son las últimas en enterarse: “empresas tecnológicas como Microsoft, Google, o Telefónica son cada vez más reconocidos por la industria. Sin embargo, la mitad de las universidades participantes no consideró a esas plataformas como un competidor”.

CN