O sabes 100% que el doctorado es tu camino o te quitará las ganas de vivir

Trabajar prácticamente cada día de la semana, asumiendo trabajo que no te toca y por un sueldo que roza el mínimo: la situación de los doctorandos solo se puede definir de una forma: precariedad

Echando la vista atrás, Clara siempre quiso ser egiptóloga. "Toda mi vida con libros ilustrados de Egipto, mirando películas y series. Hasta mi primer tatuaje fue de Nerfertiti”, cuenta. Pero dos años después de su doctorado, tuvo que dejarlo. “No podía más. Me di cuenta de que si quería trabajar de eso tenía que soportar convertirme en una esclava, literalmente, así que la mandé a la mierda”, explica Clara, una catalana de 26 años que dejó su doctorado a la mitad por las terribles condiciones del presente y las pocas perspectivas de futuro.

Doctorando, trabajo precario

Es lo que denuncia el Col·lectiu de Doctorands en Lluita, una agrupación de doctorandos de universidades catalanas que se han unido para denunciar sus condiciones. Tras contarle el caso de Clara a una de las trabajadoras que lo forman, Laura Esteve, doctoranda en derecho de familia, asegura que puede entenderla. "De hecho, conozco una chica que quería hacer un doctorado en mi mismo campo, algunas compañeras le contaron las condiciones que sufrimos y decidió apostar por otro camino menos precario”.

Es la palabra con la que definen su situación laboral: precariedad. En resumidas cuentas, ser doctorando consiste, primeramente, en trabajar muchas horas, más de las que te tocan. También hacer trabajos que no te corresponden. Por ejemplo, por contrato se te ofrece la posibilidad de hacer 60 horas lectivas como máximo, sin embargo, las universidades te hacen trabajar como mínimo esas horas. O encargarte de trabajos administrativos que no te tocan, o asumir funciones de catedráticos que no pueden hacerlas porque están ocupados con responsabilidades de otro empleo, o sufrir la jerarquización de las universidades que te trata como a un becario que está ahí para ayudar a otros y no para desarrollar su proyecto.

Y todo esto, por sueldos que hasta hace poco no llegaban a los 11.000 euros anuales, aunque el año pasado el Gobierno los subió a 16.000una medida que a pesar de estar aprobada, las universidades no estaban cumpliendo. Ahora tras los procesos judiciales, las huelgas y las mesas de negociación con sindicatos y diversos colectivos de doctorandos han logrado que esta subida salarial se haga efectiva.

El impacto emocional de ser doctorando

Esteve quería avanzar en su tesis este curso, pero tiene asignaturas cada trimestre (trabaja en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que funciona por sistema trimestral y no semestral). Algunas le han gustado y le han sido útiles, “tú como doctoranda quieres hacer clases, porque luego para seguir avanzando en la carrera académica necesitas unos mínimos de horas lectivas”, pero también le han asignado docencia en un campo que no es el suyo, “asignaturas de las cuales no tienes ni idea y que tienes que prepararte de cero. Y no solo te quita tiempo de tu tesis, también hace que la calidad educativa de la universidad baje. Algunos alumnos nos han llegado decir a compañeros que se nota que no tendríamos que haber llevado todo el peso de esas clases”, añade.

“Es un empleo que no te da para vivir”, añade Esteve. Y menos aún en las capitales, con unos alquileres prohibitivos. Supone trabajar a deshoras en jornadas que pueden llegar a superar las ocho horas, con miedo a decir que no "para que siempre te tengan en cuenta por si surge una oportunidad", y, encima, cobrando el salario mínimo. Por supuesto, esto tiene un impacto emocional, eres joven y estás quemado. “Me he dado cuenta de que me pasaba cada día de mal humor. Contra mí, contra los que me rodean… Saber que estás siendo explotada y no del todo valorada es muy duro”.

Trabajar cobrando el paro

Que las universidades aplicasen la subida salarial a 16.000 euros no fue la única reclamación. En Cataluña, colectivos de doctorandos de diversas universidades, como la de Lleida, Rovira i Virigili, Pompeu Fabra y de Barcelona, también pidieron que las becas que ofrece la Generalitat no fueran de tres años, a diferencia de las del Ministerio, que son de cuatro. “Muchas personas no tienen tiempo de acabar la tesis en tres años en los que están trabajando constantemente en todo tipo de tareas. Por eso, se quedan en paro al cuarto año y tienen que acabar la tesis en el paro”.

Ivan defendiendo su tesis

“Estuve los dos últimos meses de mi tesis haciéndola en el paro. Acabó mi contrato el 30 de septiembre y hasta el 8 de noviembre no la defendí. Ese tiempo extra estuve tirando del paro”, explica Ivan, un doctor en biomedicina por la UPF. Cuando se lo propusieron fue como muy natural. “Claro, continúa en el paro cuando se te acabe el contrato”, le aseguraron. “Es que es muy común, aunque debería estar prohibido. Son muchísimos los que se ven obligados a hacerlo”, asegura Esteve. Pero Ivan fue, entre muchas comillas, afortunado. “No es el caso más dramático, hay gente que cobra todo el último año de paro, pero es negligente igualmente”.

Pesadilla infinita

Pero, y después del doctorando, ¿qué? ¿Se acabó esta pesadilla laboral? “Ni mucho menos”, añade Clara. “No solo dejé mi doctorado porque iban a ser cuatro años trabajando siete días a la semana diez horas por un sueldo irrisorio, sino porque luego no se preveía una carrera larga y próspera. Más que nada que no se abren plazas nuevas, por lo cual estás condenado a vivir como profesor agregado cobrando poquísimo. Está la opción de irte fuera, pero sigues viviendo de becas y si estudias algo muy nacional, como derecho local o literatura del país, olvídate de que te la den”.

Un día después de la entrevista con Clara, eldiario.es informaba de que “falsos profesores asociados ganan la batalla a la Universidad de Barcelona: deberán ser contratados como indefinidos”. Según el artículo, “trece docentes de la UB acumulan contratos temporales año a año. La cifra tiene todas las opciones para aumentar porque hay más de cincuenta casos en los tribunales. […] Los profesores asociados suponen el 42% del personal docente e investigador (PDI) de la UB: 2.426 de 5.773 docentes. Muchos de ellos son los considerados falsos asociados, contratados bajo esta modalidad pese a que no cumplen con el requisito básico de esta categoría: tener un empleo reconocido fuera de la facultad para aportar su bagaje profesional a los estudiantes”.

Doctorands en Lluita añade que no es un hecho aislado de la UB, sucede en todas las universidades. En la UPF, además, se junta otro factor: los precarios contratos de asociado se dan trimestralmente, así que no tienes el empleo garantizado ni tan siquiera durante todo el año. Lo explica un profesor que no ha querido revelar su identidad, que se queja de que es tutor de trabajos de final de grado, pero como solo tiene un contrato para el último trimestre, en el cual hace clases, el resto del año no tiene derecho a despacho por lo que hace las tutorías en bares y cafeterías.

Como matiza Esteve, el puesto de asociado en teoría es para personas que tienen un trabajo fuera y hacen esto para aportar una perspectiva laboral diferente a la docencia. Pero ahora se usa para abaratar contratos en puestos que deberían ser indefinidos. Además, ser asociado es vivir en la incertidumbre, esperando una renovación año a año, sin tener la seguridad de que te van a renovar ni otro empleo que te permita mejorar el sueldo del de asociado, que nunca supera el SMI, con la carga emocional que eso supone.

Al final, todo se resume en la falta de inversión pública en las universidades. No tienen recursos y se paga con una mala gestión y una política de abaratar costes, lo cual repercute en la educación y la salud mental de sus empleados. Hablar con doctorandos es perder las ganas de hacer una carrera académica: sueldos míseros, explotación laboral, pocas opciones laborales en nuestro país y luchar en un mundo muy jerárquico que te verá siempre como un becario aunque seas un empleado. “Tienes que estar muy convencido, si no, no lo hagas, porque te arrancará las ganas de vivir”, concluye Clara, una idea con la que coinciden todos los entrevistados.