Soto Ivars: "El poliamor es una puta basura. Una vuelta de tuerca del capitalismo"

El escritor y periodista maldito de la generación milenial, Juan Soto Ivars, reflexiona sobre la corrección política, la censura y la cultura del algoritmo

Apoyado en un coche con su media melena, cara de indiferencia y camisa de moderno, podría ser un hipster más de los que pululan por Barcelona, pero Juan Soto Ivars (Águilas, 1985) está a años luz de cualquier tipo de postureo postmoderno. Lo suyo es zambullirse en el epicentro del salseo, la crítica corrosiva sin colegueos, el golpe dialéctico en la yugular y pasarse la postcensura de sus ejércitos de troles por sus atributos más patriarcales. El Pérez-Reverte de la generación milenial no curtió sus nervios en las masacres de Bosnia o en la Guerra de Eritrea, sino entre los bots y opinadores profesionales de Twitter. No sé qué es peor, pero el resultado es básicamente el mismo: un aura de escritor maldito, hastiado por la mediocridad y cáustico en sus opiniones. “No soy pesimista, soy un puto fatalista”, ríe con una buena dosis de autosuficiencia. 

Quedo con él no para hablar de su próxima novela, ni de la polémica de su artículo defendiendo a la profesora de Fuerteventura, ni siquiera de El Enemigo conoce el sistema (Debate), el último libro que está devorando y que le tiene en ‘modo ON’ la paranoia Black Mirror. Lo que leerás a continuación no es una entrevista al uso, sino más bien es el resultado de una conversación más o menos controlada en la que dos tíos entraditos en la treintena reflexionan sobre lo maravillosamente jodido —o lo jodidamente maravilloso, según se mire— que resulta vivir en la sociedad del clickbait cuando lo tuyo es escribir, opinar y aspirar a que te paguen por ello. “No me peguéis fuego!”, escribía hace 20 horas en su cuenta en Twitter. Vamos allá.

Llevas un anillo de oro. O eres de escuchar Los Chunguitos o estás casado. ¿Hay que casarse en la era postTinder?

Es que hay que casarse. O sea, si no eres un postmoderno, te tienes que casar. ¿Por qué? Porque el ligue es muy parecido al capitalismo: tienes un montón de productos para elegir todo el rato, estás bombardeado de tías, de tíos, de lo que sea, la infidelidad es facilísima, tienes aplicaciones que te la facilitan. Entonces casarse es como una causa revolucionaria. Es salir del mercado. Te lo puedo defender hasta políticamente.

Si casarse es huir del capitalismo… ¿qué c*** es el poliamor?

Es que el poliamor es una puta basura. Una vuelta de tuerca del capitalismo, convertir las relaciones de pareja en un supermercado. "Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero". ¿Por qué tienes que quedarte con una si puedes tenerlo todo? No hay límites. Eso es una puta mierda, la aplicación práctica del neoliberalismo a las relaciones humanas. Una estafa. Además, solo sirve para para tapar muchas inseguridades que acaban saliendo por otro sitio. Si no te comprometes es porque eres un inseguro.

Tú que escribes, dime la verdad: ¿vivimos en un reality guionizado por la corrección política y el algoritmo de Google?

No creo en las guionizaciones pero creo que muchos paradigmas culturales entran sin que los que van a participar de él se den cuenta de lo que está pasando. La corrección política es un ejemplo buenísimo que a mí me permite pensar en cómo la izquierda ha acabado aceptando un paradigma cultural que no le era propio y que corrompe sus pilares fundamentales. 

¿Volverse mainstream es lo que ha matado a la izquierda?

La izquierda se fue a tomar por culo en el momento en que dejó de ser gamberra y atrevida. Para mí no es ninguna sorpresa. Dejó de entender que el disidente o que la disidencia era algo deseable para lanzar el mensaje de que es el signo de los tiempos y la opinión pública está con ellos. Esto se ve mucho con la corrección política cuando dicen "es que la sociedad ya no acepta un chiste de Arévalo" y no se dan cuenta de que Arévalo llena el teatro cada vez que hace un espectáculo.

Es como si un algoritmo hubiera fragmentado la realidad entre el discurso políticamente correcto y el resto. Una fractura entre la moralidad gritona de Twitter y un votante de Vox de Soria que no pone un pie en las redes sociales…

Claro, claro, y están envenenados por el filtro burbuja. La teoría del filtro burbuja la sacó un libro de Eli Pariser y te cuenta cómo la construcción de algoritmos de las redes sociales hace que tú al final sólo veas cosas o con las que estás de acuerdo o que te indignan, es decir, de los tuyos vas a ver muchos mensajes y de los otros vas a ver a los imbéciles, los que te traen los tuyos indignados. Eso es una cámara de eco que es, digamos, lo contrario a pasar páginas de un periódico de una ideología que no es la tuya. 

En un artículo reciente hablabas de la "fractura tribal" que se abre paso en nuestra sociedad. ¿Nos hemos vuelto adictxs a repetir el ‘unga, unga’ de nuestra tribu en las redes sociales?

Estamos ya ahí. La tribalización de la sociedad es una consecuencia del paradigma posmoderno en el que las instituciones, las identidades transversales genéricas y el concepto de ciudadanía han perdido su vigencia. No sé cuánto más puede aguantar esto sin que cambie de tendencia porque estamos metidos en una dinámica en la que Scarlett Johansson no puede ni hacer de transexual en una película. Esto no es sostenible y creo que el problema es que escuchamos demasiado a los imbéciles. 

¿Agriamente optimista o dulcemente pesimista?

Yo soy fatalista, y lo soy porque veo que vivimos dominados por unas ideologías, en el sentido marxista, que nos impiden asomar la cabeza fuera de los paradigmas de la innovación y la ausencia de límites. Hablábamos antes del poliamor, de que no hay límites para nada, tienes derecho a tenerlo todo: tienes derecho a vivir más años, tienes derecho a no tener arrugas cuando seas viejo… Es ese capitalismo en el que tienes derecho a todo a la vez que se idolatra a la innovación porque todo está obligado a ser nuevo, a ser innovador. 

¿Y eso es necesariamente malo?

Es que todo se puede relacionar y la corrección política es la prueba. Por ejemplo, ahora tienes derecho a que no te ofenda un cómico al que no conoces de nada. Pero, ¿por qué tienes derecho? Tu seguridad, tu sensación de felicidad no ofendida, tiene un límite y el límite es la libertad de ese cómico a hacer el chiste que le salga de las pelotas. Son los dos parámetros: la ausencia de límites y la idolatría a la innovación y eso te vuelve fatalista porque dices: ¿cómo se cambia eso? Pues no lo sé, pero llegará otra época en la que todo esto haya cambiado.

¿Te toca mucho la moral que te hayan puesto la cruz de cuñado, facha o Pérez Reverte?

Lo que me toca los huevos es no vender tantos libros como Pérez Reverte. En serio, hay mucha gente que ha tomado una decisión social sobre sobre mi postura ideológica y eso me divierte mucho. Por ejemplo, antes de las elecciones puse una encuesta en Twitter: “¿a quién crees que voy a votar?” Y era una disparidad absoluta o sea no te puedes imaginar… Vox, Podemos, había de todo. Realmente lo que me jode es que gente que a mí me gusta, porque la leo, piensa que soy un facha y no me habla. 

Lo incómodo sobra, para eso se inventó el ostracismo…

El mundillo cultural en la ciudad es de izquierdas y yo estoy fuera. Cuando te echan de la ciudad te vas al desierto y piensas que en el desierto te vas a morir de sed pero entonces se hace de noche y ves a lo lejos una hoguera que brilla allí y entonces te acercas y encuentras a otra gente que también han hechado de la ciudad y, poco a poco, vas encontrándote con más amigos, como en mi caso Juan Manuel de Prada o Un Tío Blanco Hetero, y al final la ciudad estará vacía y estaremos por aquí, en los extramuros. 

Suena muy subversivo pero, ¿sigues votando en las elecciones? Mejor aún: ¿votas a la derecha?

Yo voto. Me cuesta, pero voto. Siempre voto a la izquierda, a veces a una y a veces a otra. Incluso alguna vez le he regalado el voto a mi mujer, porque yo no quería votar, estaba asqueao y le he dicho: "voto lo que tú digas". Además, mi mujer es una persona inteligentísima y se ofusca menos que yo. Es mucho más zen para estas cosas, quien no tiene redes sociales no está metido en estos dilemas.

Dicen por ahí que cualquier parecido entre las redes sociales y la sociedad es pura coincidencia… 

Conozco a mucha gente que ve los vídeos de Un Tío Blanco Hetero, o lee mis artículos, o los de Pérez Reverte, o los de Pérez Andújar… y te lo dicen por privado porque no lo van a publicar en Twitter. ¿Quien nos está dando una foto real de la sociedad? ¿Twitter? Un puta mierda. Twitter es postureo. Hay gente que me escribe por privado y me dice “oye, que bueno el artículo de hoy”. ¡Pues compártelo! ¿No?. Pero no lo van a hacer porque hay gente radiactiva.

La realidad está en los privados de Twitter.

Está en los privaos y está en en las urnas. Twitter es un sitio donde si se te ocurre un chiste machista, o te lo han contado y te ha hecho gracia, porque los hay muy graciosos, no lo vas a tuitear. Vamos, estás loco si lo pones. Mira lo que le pasó a David Suárez con el chiste de la mongola que era un chiste gracioso por cómo estaba construido, y bueno, lo echaron del trabajo. El problema fue ponerlo en Twitter si llega a hacerlo en un teatro la gente se descojona y no pasa nada.

Vengámonos arriba y acabemos con un poco de fatalismo del bueno. ¿Cuál es tu pronóstico para España dentro de cinco años?

Para empezar vamos cinco años por detrás de EEUU y unos diez años por detrás de Canadá. Todo el tema de la corrección política viene de Canadá y es mucho peor que en EEUU. Por suerte, allí todavía son una minoría las universidades donde se impone el pánico moral y donde los estudiantes están considerados clientes que tienen la razón y hay que protegerlos para que no se vayan a otra. Ojalá me equivoque, pero dentro de cinco años en España vamos a tener algunas universidades con aulas de espacio seguro, donde puedan ir a abanicarse y a comer gominolas si algo de lo que les han dicho les ofende.

¿Y los medios? ¿Sobreviviremos al algoritmo o nos marcaremos un epic fail?

Habrá algunos medios que tendrán un discurso de OKdiario pero más mainstream, porque la hegemonía mediática del feminismo y de la corrección política ha sido demasiado grande. Esto genera una reacción, y no será de los nuestros, sino de verdaderos trolls, hijos de puta que son mucho más misóginos, machistas, etc. Que van a encontrar un mercado que está libre para ellos. Tendremos una polarización muy absurda, y habrá pocos espacios intermedios como mi columna, donde no se sabe muy bien si estás de un lado o de otro, es lo peor de la polarización que anula los espacios intermedios.