Tuve sexo con un looner, los fetichistas que solo se corren restregándose con globos

Los looners son aquellos que tienen relaciones utilizando globos. Sus sesiones de sexo no requieren ni penetración ni preliminares, solo mucho plástico, frotamiento y unos buenos pulmones

Nos conocimos por Grindr, la app gay. Aunque yo nunca lo había probado, su propuesta sexual me generó curiosidad: “Follemos con globos”. Manel, el hombre con el que llevaba unos días chateando, era un looner, los fetichistas que encuentran el placer en utilizar globos de todos formas y tamaños en sus actividades sexuales. “Me da más placer verte jugando con un globo a punto de explotar que masturbarme”, se confesó unos días antes de quedar.

Reventar globos hasta que me excite

Llegué a su casa, en el barrio Eixample de Barcelona. Era un piso bien iluminado, algo pequeño, pero con una característica muy llamativa: su habitación estaba llena de globos. Él, en ropa interior, me esperaba sentado rodeado de plástico, con una bolsa de globos sin aire por abrir en la mesa. “Esos son para ti”, me dijo, señalándola.

Archivo personal

“Lo primero es sacarte el miedo a los globos”, explicaba mientras me introducía por primera vez en el sexo looner. “Si te da miedo cada vez que explotan, te sentirás vulnerable, no disfrutarás y, en el peor de los casos, acabarás sintiéndote débil y dependiente del experto en globos, y yo no quiero una relación amo-esclavo”. Hinché uno hasta que estaba a punto de estallar. “Más, más, hasta que explote”, me animaba. A mí me daba un miedo terrible. En cuanto explotó, me eché para atrás con fuerza, como si una bomba hubiera explotado en mis labios.

Me hizo estallar globos de muchas formas. Hinchándolos y sentándome sobre ellos, usando mi vientre, dejando de exploten por exceso de aire, usando una aguja… Fue a partir del décimo globo que naturalicé (un poco) la explosión. Me seguía dando susto, pero no miedo. Me había acostumbrado. El looner experto sonrió y me indicó que ya estábamos listos, lo ideal era no tener pavor pero que los pequeños sustos cuando explotaban daba más excitación y cierta adrenalina al polvo. No me había dado cuenta, pero en sus calzoncillos asomaba una erección al verme soplar los globos.

Una conversación erótica entorno a los globos

“Yo no quiero penetración. No quiero ni meterla ni que me la metan. Ni tan siquiera una mamada. Solo me interesa el contacto piel con piel, piel con globo, incluso globo con globo”, me comentaba Manel mientras sacaba otros globos de una caja. “Es común que haya fetichistas que encuentren el placer en prácticas sin penetración”, me explicaba días más tarde el psicólogo clínico y sexólogo Ignasi Puig Rodas. Los looners, son un ejemplo más en una lista compuesta por personas como los esclavos domésticos, los fetichistas de pies o de cosquillas.

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Como el sexo looner no incluía penetración y, por lo que me explicaba Manel, ni tan siquiera los preliminares clásicos, me dejé llevar a riesgo de quedarme perdido. Me indicó cómo quería empezar. Él ya estaba muy excitado, así que se puso tras de mí y mientras me acariciaba me pedía que hinchase globos hasta que estallaran. Lo hice un par de veces y luego intercambiamos roles. Yo apenas estaba excitado y, sin embargo, él tenía una considerable erección. Le ponía el contacto y ver cómo jugaba con los globos.

Penetrar un donut de aire 

Después del contacto piel con piel, yo estaba un poco excitado, pero le comenté que quizá necesitaba más estimulación para seguir con la erección. Así pues, sacó un globo en forma de donut. El agujero central era muy delgado y ambos pusimos nuestros penes ahí, frotándolos. Era como una extraña paja. Notaba como mi piel se movía por la fricción, lo cual era extrañamente placentero, además de una combinación del calor de su pene y del frío del globo que contrastaban entre ellos pero me provocaban sensaciones que no había vivido hasta el momento.

Tras unos 15 minutos jugando con ese globo de distintas formas, pasamos a un nuevo juguete. Esta vez, un globo gigante que requería de una pequeña bombona. “Son los globos XL, creo que hacen un metro”, me decía mientras yo lo hinchaba y él se restregaba poco a poco con el globo a medida que cogía fuerza. 

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Llenamos un par de ellos y nos montamos encima. Los cabalgamos y apretamos con fuerza, llevándolos al límite. Era un globo muy duro y no se podía reventar con facilidad, así que me permitía jugar de forma más brusca con ellos. Me restregué junto al looner hasta que me avisó que se corría. Decidió hacerlo sobre un globo, que luego se restregó sobre su pecho. Me pidió que yo también lo hiciera, pero me negué. "Una pena, me habría gustado verte toquetear el globo manchado". 

Una práctica extraña y no muy excitante

Seguimos haciendo juegos de índole similar. Como luego me comentó, hay otras formas de practicar el loonerismo que nosotros no probamos. Por ejemplo vistiéndonos con látex y frotándonos junto a globos, una de las más comunes ya que refuerza el principal foco de atracción del sexo looner: la textura y el sonido del plástico. Aunque Manel se corrió, no todos los fetichistas lo necesitan. Como explica Puig Rodas, muchas de las personas que practican juegos de rol y fetichismos no lo hacen para llegar al orgasmo de la corrida sino que la práctica en sí ya es suficientemente placentera. Es decir, tienen interiorizado el sexo como una experiencia más orgánica, lo importante es el proceso no el resultado. 

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El polvo acabó cuando él se corrió por segunda vez. Yo tuve que estimularme mucho para acabar encima de un globo, como él me pedía. El sexo looner, que tanto le ponía a él, a mí me pareció poco excitante y me costó llegar al clímax. Lo único que me atrajo fue el contacto físico, porque nos tocamos mucho y fue todo muy cálido y cariñoso, no era brusco sino que intentábamos estimular todas las partes del cuerpo a través de la piel y de los sentidos. Aunque fue una experiencia, tras acabar le dije que no la repetiría: estaba claro que follar con globos no está hecho para todo el mundo. Aunque sí que recomendaría que, quien tenga curiosidad, se lance a probarlo.