Así es un fin de semana desayunando los grillos y gusanos del Carrefour

Aunque a ti te produzca asco, cerca de 2.000 millones de personas comen insectos cada día alrededor del mundo

“No lo pienses, no lo pienses, no lo pienses. Joder, qué asco. No lo pienses, están muertos. ¿Eso me ha de hacer sentir mejor? Mira, son como las gambas, o las almejas, ¿no? Y hay mucha gente que se vuelve loca por los caracoles... ugh, pero son putos grillos. Parece la conversación de un anuncio de cereales, pero en mi cerebro está siendo todo un drama. Frente a mis ojos espantados tengo tres boles llenos de bichos: dos con gusanos, uno con grillos. Son mi desayuno. Y no, no soy un náufrago a lo Tom Hanks, es un compromiso. Porque, si Carrefour anuncia que lanzan al mercado una línea de insectos comestibles, ¿cómo no vamos a lanzarnos de cabeza a probarlos? 

Lo que leerás a continuación es el resultado de una experiencia no apta para ‘delicaditos’ y también una reflexión muy personal sobre hasta qué punto los invertebrados se pueden convertir en nuestra dieta típica dentro unos años. Aunque, por otro lado, también es cierto que esta duda es algo reduccionista ya que se calcula que la entomofagia —así se llama técnicamente esto de comer insectos— ya es practicada de forma habitual por cerca de 2.000 millones de personas alrededor del mundo.

Día I - Salado

Guillermo Altarriba

A pesar de que comer insectos sea de lo más normal en gran parte del mundo, en España sigue sorprendiendo ver gusanos en las estanterías del supermercado. La primera experiencia al acercarme a ellos no tiene nada que ver con su sabor, sino con su precio: siete euros por adquirir una cajita minúscula duele un poco.  Aún más si hacemos zoom out y lo vemos en perspectiva: el precio total de los grillos es de 500 euros/kilo, con lo que se trata de la carne en la más cara a la venta en un supermercado. Pasado este filtro —que entiendo que tiene que ver más con la oferta y la demanda que con el valor per se del alimento—, toca el momento de la verdad:

Para el primer desayuno, el menú insectoide se compone de tres productos: gusanos buffalo (finitos, especiados con chili picante), gusanos molitor (más gordotes y aderezados con ajo y finas hierbas) y grillos, preparados con cebolla ahumada y salsa barbacoa. Estos productos vienen de la mano de la cadena francesa Jimini’s, y las primeras sensaciones son extrañas. Para empezar, los grillos crujen. Están como huecos, son frágiles y tienen ojos. Parece una tontería, pero ese par de cuencas vacías, vidriosas y encebolladas pueden ser un bajón para más de uno. El sabor, eso sí, no está mal: hay un regusto raro que creo que no procede del bicho en sí, sino de mi mente, consciente de que está comiendo algo inusual, pero en general saben bien.

Respecto a los gusanos, prefiero mil veces más los buffalo: son enanos y su sabor va volviéndose más fuerte a medida que comes más. Es picante, fuertecillo, pero agradable. Cosa que no se puede decir del de los gusanos molitor. Hay algo raro en ellos —tal vez sean las patitas, perfectamente distinguibles en el abdomen—, y no están especialmente buenos. Ajo y finas hierbas, dicen, pero mal equilibrados. Ah, un error de novato: tomé leche junto a estos insectos y fue la peor decisión que pude tomar. Asqueroso. De hecho, no tiene ningún sentido desayunar insectos, tal y como los ofrece Carrefour: por el momento, son más un pica-pica gracioso que otra cosa. No es mucho, pero es un primer paso en un camino que llevaba tiempo en boca de entomólogos entusiastas y activistas medioambientales.

Guillermo Altarriba

Según recoge el periodista alimentario Emmet Livingstone en este artículo, estos grupos consideran que la agricultura de insectos es una fuente de proteínas limpia y altamente eficiente, en comparación con el ganado y los cerdos. Esta es la promoción que lleva a cabo Carrefour, por cierto: en los stands de bichos se lee: “¡Somos ricos en proteínas! ¡Consumimos pocos recursos de agua! ¡Producimos un 99% menos de gases de efecto invernadero!”.

Tradicionalmente, el principal problema para su desarrollo, no obstante, no era el asco, sino la ley. La regulación europea nunca había estado clara en este sentido, hasta 2017: en enero del año pasado, entró en vigor un nuevo set de reglas de la Unión Europea destinadas a armonizar los estándares de producción y consumo de insectos. Estos alimentos pasaron a ser controlados y estandarizados por la EFSA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Día II - Dulce

Pasada la primera impresión, para el segundo desayuno toca cambiar de tercio y probar la segunda mitad de los productos comprados: en esta ocasión la tónica será dulce, ya que se trata de barritas energéticas elaboradas con harina de grillo. Una de ellas es de chocolate negro e higos —que no está demasiado buena, la verdad— y la otra, de manzana, canela y caramelo. Esta última es una gozada, está deliciosa.

Guillermo Altarriba

Una tónica común en ambas es que, si no me lo hubieran dicho, ni me habría enterado de que están hechas con bichos. En estas elaboraciones donde el producto de origen queda camuflado está la clave del futuro cercano. De hecho, ya está ocurriendo ahora mismo: se estima que en frutas, verduras y harinas ya consumimos cerca de un kilo de insectos al año, sin darnos ni cuenta. En un artículo en Diario Sur, el profesor de Biología y experto en tecnología alimentaria Javier Morallón escribía que “la agricultura no se da en un entorno aséptico. Cuanto más ecológica y libre de productos químicos es, más insectos contendrán los productos, aunque no los veamos”. 

Esto es lo que hay, y lo que habrá tiene más que ver con lo reseñado en este reportajeginebra realizada con aromas de hormiga roja, hamburguesas fabricadas con gusanos o pan horneado a partir de grillos. Un futuro artrópodo y nuevo en el que ya podemos introducirnos con una simple visita al supermercado. Ahora solo queda guardarse los prejuicios en casa, agarrar ese insecto con decisión y... ¡crunch!