Una semana en cuarentena y todavía no he visto ni una serie

Primero, la reclusión doméstica por una epidemia mundial no es el mejor momento para crecer como persona. Segundo, no tenéis por qué hacer públicos vuestros hobbies ni implicar forzosamente a vuestros vecinos

Hago Skype con dos amigas, la única forma de vernos las caras en plena cuarentena. Tras los "¿qué tal?" y los "¡qué rollo de reclusión!", presumen de lo productivo que está siendo su encierro. "Mirad, chicos estoy aprendiendo a tocar la flauta travesera", me dice mi amiga Marta jugando con el instrumento de viento de su hermana, flautista profesional. "Yo estoy volviendo con el japonés", añade Anna, amiga con la que nos apuntamos juntos a aprender el idioma y lo dejamos por falta de tiempo. Se hace un extraño silencio (o quizá yo lo siento así), pero me da la sensación que están esperando a que cuente con qué hobby o actividad enriquecedora estoy dinamizando el encierro. Pero la verdad es que lo más útil que he hecho hoy es cortarme las uñas de los pies

Veo constantemente lo bien que se lo pasan todxs en las redes y lo enriquecedora que está siendo esta experiencia. Amigxs que hacen deporte cada día cuando en la vida se habían apuntado al gym, otrxs que ya por fin se han puesto al día de series, lxs que han devorado libros pendientes, stories con reorganizaciones preciosas de la casa y hasta aquellxs que han aprendido a cocinar en los días que llevan confinados.

"¿Pero de dónde sacáis el tiempo?", grito al aire con un puño alzado cuando procrastino en Instagram al final del día. No lo entiendo: yo cuando acabo de teletrabajar sigo mirando el móvil por si me han respondido algún mail o WhatsApp laborales (sí, lo sé, no debería). Además de eso toca tirar la basura, hacerme la comida y la cena, arreglarme el pelo, la barba y las uñas, limpiar el baño, la cocina y los suelos. Las pocas horas libres que tengo quiero descansar, no estudiar, cultivar mi mente o crecer como persona. ¿Estoy perdiendo el tiempo?

Aun así, entiendo que hay personas que se han quedado en el paro o han sufrido las consecuencias de un ERTE. Es normal, entendible y recomendable que llenen sus horas y no se queden sin hacer nada en una cuarentena sin perspectiva de mejorar su situación laboral mientras dura la pandemia. De hecho, no hacerlo sería muy peligroso para su salud mental. Sin embargo, la mayoría de mis amigos no están en esa situación. Incluso los que han perdido el trabajo todavía estudian, así que todavía tienen cosas en las que trabajar. Lo único que hacen es demostrar son capaces de todo.

Por eso, al final, me pregunto si es que mentís un poco. "Pero, ¿de verdad hacéis tantas cosas? Si viendo las stories de tu novio parece que haya escrito el Quijote en los cuatro días que lleváis encerrados", le pregunté a Anna. Me aseguró que con un horario bien estructurado estaban sacando todo el jugo al confinamiento. ¡Si hasta parece que se alegren porque es la oportunidad de su vida para trabajar todavía más de lo que harían en una jornada habitual! Y, sin embargo, encuentro varias noticias anunciando que estos últimos días se han dado máximos históricos de audiencia televisiva (un 70% de la población conectada al televisor, entre un 20 y 45% más de lo habitual). Vamos, que mucho decir que acabaréis saliendo con diez idiomas de la cuarentena, pero Telecinco y Antena 3 a full de visualizaciones

Todavía no acabo de entender por qué esta fijación por transmitir que vuestra cuarentena va a ser tan provechosa como un retiro de escritores o una beca en Oxford. Sinceramente, no me planteo salir de esta experiencia más fuerte, culto, enriquecido o feliz. Mi única misión es llegar a todo en el trabajo, tener la creatividad suficiente para poder satisfacer los objetivos laborales con todo el país paralizado, cuidar mi casa y a mí mismo para que el encierro no me mate, no acabar tirándome de los pelos con mis compañerxs de piso y entretenerme en las pocas horas muertas para que no se me haga todo cuesta arriba. 

Me hace pensar en esos tweets de vecinxs que proyectan pelis, hacen bingos, discotecas o concursos deportivos más ambiciosos que las olimpiadas. ¿Qué necesidad hay? ¿Por qué tenemos que hacer tan público que estamos disfrutando el retiro? ¿Por qué tengo como diez directos activos de vuestros centenares de planes? A mí no me apetece nada de eso: solo me preocupa no poder ver a mi familia o a mi pareja, no acabar la cuarentena sin haberme leído libros, aprendido habilidades ocultas o convertido en un erudito literario. Lo comento con mis amigas y me dicen que ellas lo hacen para sentir que el tiempo que pasan encerradas no es en vano, una especie de motivación para seguir tirando con positividad.

Pero, ¿tan mal llevamos estar encerradxs? ¿Por qué tenemos que buscar un Instagram con más de cien actividades? ¿O apuntarnos a actividades en streaming (que si pilates, que si cinefórum, que si cocina...) para llenar un horario de cuarentena que al final tiene más clases diarias que la ESO? Según el filósofo Michel Feher, en unas declaraciones que recoge S Moda, "hemos interiorizado y asumido que debemos vender nuestra reputación y crédito personal como un valor añadido tanto en el trabajo, como en las redes sociales o en nuestra propia vida. Queremos ser (y parecer) una inversión segura. Cuanto más produzcamos, más valiosos nos presentamos (y sentimos) ante el sistema". Y aunque el mundo esté en stand by, seguimos pensando de la misma forma, reinventando esta necesidad de aumentar nuestro valor.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Alvy (@alvaro_loputo) el

Cristina, otra amiga, ha subido cada día una story haciendo skypes con sus amigxs. Hace unas semanas me dijo que hacía un mes que no los veía. Vamos, que se están viendo más estando confinados que en libertad. Entiendo que es porque se aburre, pero todo este contenido de cuarentena me chirría, hasta me pone incómodo. No llevamos ni una semana y ya estamos quemando todos los cartuchos del entretenimiento. Entre los macroeventos en los balcones y el crear una marca de crecimiento personal que ni Borja Vilaseca, el día 31 de marzo ya seréis todos seres de luz. Y yo aquí, desperdiciando el tiempo en mi sofá mirando el móvil. Que ni la tercera de Élite he acabado. A todxs aquellxs que, como yo, les esté dando angustia no salir de la cuarentena hablando alemán y con una autobiografía publicada: tranquilxs, no estáis solos.