Schopenhauer: "tus fantasías jamás serán tan buenas como te las imaginas"

Dicho de otra manera: "el sexo conduce a más sexo"

Estamos en un glorioso momento en el que, cada vez más, se nos anima a cumplir y a explorar en nuestras fantasías sexuales. Sin vergüenza y sin complejos. Pero de la misma forma que te hablan de lo importante que es experimentar, no siempre te avisan de que probar todo lo que se se ponga por delante no va a colmarte completamente. Es liberador, pero no es suficiente. Siempre quieres más. De hecho, la imaginación puede superar a la realidad, y de mucho. Como si nada fuese a ser nunca tan perfecto como lo habías imaginado. ¿Significa esto que es mejor no cumplir las fantasías? Para nada. Pero también deberías asumir que no te van a saciar. Y es que la vida, por imperfecta, tiende siempre a defraudarnos. Algo de lo que Schopenhauer sabía mucho. 

Schopenhauer era el filósofo del pesimismo y, como tal, fue de los primeros en hablar de la decepción. Su perspectiva sobre el mundo era bastante negativa: según él, estamos en un valle de lágrimas plagado de sufrimientos. Todo viene de diferentes infelicidades e insomnios que nos llevan a sentir una carencia profunda de emociones o estados. En definitiva, vivir, para Schopenhauer es desear continuamente algo que no tenemos.

¿Significa esto que tus fantasías sexuales nacen de una tristeza profunda y metafísica? Eso es algo que solo cada uno puede responder, pero generalmente podríamos decir con rotundidad que no es así. Aunque la perspectiva de Schopenhauer estuviese un poco sesgada por su insondable tristeza interior, acertó en una cosa: somos seres que desean cosas, logros y, cómo no, experiencias.

Breve introducción al deseo

El deseo se manifiesta de muchas maneras y no todas ellas, si lo piensas bien, tienen que tener sentido. A veces quieres cosas básicas y perfectamente justificadas, pero otras solo buscamos ostentación o puros caprichos. Esto tiene su explicación. Para Schopenhauer somos irracionales por naturaleza. ¿En qué consiste esto? Principalmente, en que muchas veces hacemos las cosas sin saber bien ni por qué las hemos hecho ni qué esperábamos conseguir a cambio. Como si algo en nuestro interior nos jaleara a ser los más rápidos de la carrera, los más guapos, los que mejor salen en las fotos. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Schopenhauer entendía que nuestra esencia más íntima estaba marcada por una especie de energía que él llamaba “voluntad”. Voluntad de querer, de cambiar, de conseguir… una especie de fuerza que nos atraviesa y nos lleva a buscar en cualquier parte del mundo lo que sea que queramos encontrar. Ahora bien, para él la voluntad “es ciega”, esto quiere decir que no tiene un objetivo claro (ni tú puedes dominarla). Podríamos entenderla como una ambición: queremos lo que no tenemos, e inevitablemente, hay muchas, muchísimas cosas que no tenemos. Si enfermamos, queremos salud. Si tenemos obligaciones, queremos tiempo libre. Por mucho que tengamos, estamos condenados, siempre, a querer más. Cuando estamos solteros anhelamos el cariño de una relación, cuando estamos en pareja queremos la libertad del estar solos.

Y en el campo sexual: después de una fantasía siempre va a venir otra.

El deseo está ahí, y si bien puedes ir cumpliendo determinados objetivos que te propongas (un trío, sexo en un lugar público, un determinado disfraz o atar a tu pareja), el desear en sí no va a desaparecer en ti. Schopenhauer entendía esto como una especie de condena, ya que lo que estaba diciendo era que nunca ibas a llegar a sentirte pleno más que por un momento fugaz. Algo así pasa con las fantasías sexuales. A veces las tenemos como objetos de deseo en los que esperamos encontrar una satisfacción plena, pero al ser algo que nace de nuestro deseo, cumplir una fantasía sexual nunca va a ser suficiente. Por eso, tampoco es necesario.

La decepción

Así pues, ¿en qué se quedan las fantasías sexuales en tu vida? Decía Oscar Wilde que “solo hay dos tragedias en la vida: no conseguir lo que quieres, y conseguirlo”. ¿Por qué puede ser un drama conseguir lo que te has propuesto? Pues, para Schopenhauer, porque la satisfacción a veces dura demasiado poco. Y mucho más cuando hablamos del sexo. Hoy en día se empieza a inculcar la saludable idea de que la sexualidad tiene muchas formas y expresiones. Sin embargo, a veces parece que con cumplirlas una vez ya es suficiente. Pero lo más probable, es que tampoco te detengas ahí. 

¿Cuál es, entonces, la conclusión? En realidad no la hay. Si bien Schopenhauer era un pesimista que fue muy desacreditado por estar siempre de bajón, tenía bastante razón en lo que respecta al deseo. Este siempre existe, siempre muta, siempre se dirige hacia nuevas cosas. Esto quiere decir que las ganas de experimentar son algo que no se apaga nunca. Pero que algo no tenga un final marcado no hace que sea peor. Tan solo le añade mayor recorrido. Si lo miras por el otro lado de la moneda, lo que te está diciendo es que, una vez empiezas, siempre vas a querer seguir probando cosas nuevas. El deseo conduce al deseo. Y puede que, en este caso, no esté de más quedarte con las ganas justas para probar otra cosa.