'Schadenfreude' o esa gente que se alegra cuando a los demás les va como el culo

Cierra los ojos. Ahora, piensa en esa persona a la que consideras tu peor enemigo, aquella que en el pasado o en el presente te hizo o te ha hecho mucho daño. Esa que cuando piensas en ella, la rabia se apodera de ti y te nubla los buenos pensamientos. Ahora imagina que esa persona ha sufrido algún daño o mala noticia: ha sido despedida de su trabajo, se ha roto una pierna, le han robado el coche o algo aún más grave. ¿Te has alegrado? ¡Enhorabuena! Sufres 'schadenfreude'. Este término alemán no es un síndrome o trastorno en sí pero si un sentimiento que afecta a una parte considerable de la población, incluso de edades muy tempranas. Se divide en 'schaden' que significa 'daño' y 'freude' que significa 'alegría'.

Por tanto, 'schadenfreude' es la palabra que utilizamos para definir el placer que una persona siente ante el mal ajeno. En español existe el vocablo 'regodearse' como término comparable que sería también algo así como lo contrario a la 'vergüenza ajena'. La palabra alemana es más común de lo que imaginas. De hecho, ha aparecido ante tus ojos en diversas ocasiones que recordarás cuando las señalemos. 

Dicen que siempre hay un capítulo de Los Simpson para cada momento de la vida. ¿Recuerdas ese episodio en el que Homer se alegra porque a su vecino Ned Flanders le va mal en su recién abierto Zurditorium? Es entonces cuando Lisa le explica a su padre el significado de 'schadenfreude' (Minuto 1:30 del vídeo). No solo hemos visto hacer referencia al término en esta serie, hay elaborada toda una recopilación de momentos televisivos en los que aparece.

Pero, ¿es normal experimentarlo? El filósofo polaco Arthur Schopenhauer tenía su propia percepción: "Sentir envidia es humano, gozar de la desgracia de otros, demoníaco". Sin embargo, aunque nos de vergüenza admitirlo, es algo más habitual de lo que pueda parecer. El psicólogo y técnico de prevención Asier Arriaga ha explicado a Código Nuevo que, en realidad, este sentimiento "no demuestra ningún tipo de maldad ni de trastorno psicológico en especial. Eso sin querer entrar en valoraciones éticas al respecto, lo que sería objeto de otra reflexión".

¿Dónde radica el placer por el fracaso de los demás? "El motivo de que se produzca esa alegría se explica más bien por la necesidad inconsciente de mantener nuestra propia autoestima en unos niveles adecuados", reflexiona Arriaga, "el fenómeno es más complejo ya que entran en juego muchos otros factores como, por ejemplo, si con quien nos comparamos es alguien cercano a nosotros en cuyo caso es más probable que sus desgracias nos resulten dolorosas, por empatía, o si se trata de alguien de un entorno o unas circunstancias muy diferentes a las nuestras".

Esa gente que se alegra de las desgracias ajenas

En este sentido, Nerea Jiménez –psicóloga del equipo femenino del Real Betis (RBB Féminas)– afirma que aquellos que se alegran del mal ajeno son personas "con bajos niveles de autoestima que no poseen la valentía suficiente para enfrentarse al duro mundo de la consecución o lucha por las metas personales y/o profesionales. Disfrutar de un fracaso ajeno puede entenderse como un alivio al comprobar que la otra persona no es capaz de conseguir algo cuando, realmente, el fracasado es aquél que ni siquiera lo intenta y cae en las garras de la conformidad y la desidia".

Pensaremos, entonces, que alegrarse de las desgracias ajenas es cuestión de envidia. No es así: la envidia que sentimos hacia otras personas no tiene por qué desencadenar en el 'regodeo', ni tampoco la envidia es la única razón por el que se puede sentir esa 'alegría'. "La eventual relación se daría quizás con una baja autoestima, con sentimientos de envidia y rivalidad", expresa Arriaga, "pero envidia y alegría por las desgracias ajenas no es lo mismo, aunque sentir envidia sí puede predisponer hacia esa alegría".

Esa gente que se alegra cuando al resto les va como el culo

Según un estudio publicado en la revista 'Science', la envidia libera del hipotálamo oxitocina y dopamina, dos neurotransmisores que pueden producir placer. Los científicos del Departamento de Neuroimagen Molecular del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japón, determinaron con este trabajo que el cerebro libera dopamina cuando a esa persona a la que envidiamos le va mal. La oxitocina –llamada 'hormona del amor' que potencia las emociones positivas– a su vez potencia también las emociones negativas y es la 'causante' de que sintamos envidia por alguien. Así lo explica también el médico especialista en Medicina Interna, el Doctor Luis M. Labath en su artículo 'El cerebro y la envidia'.

Existe otro estudio publicado por la revista 'Nature' en 2016 y llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California, quienes a través de 10 pacientes jugando a las cartas descubrieron el comportamiento de las denominadas neuronas 'schadenfreude'. De esta forma, los pacientes experimentaban alegría cuando ganaban a otras personas pero también 'schadenfreude' o placer por ver perder a los demás.

Esa gente que se alegran cuando a los demás les va como el culo

Todos estos términos como envidia, baja autoestima o rivalidad nos han podido llevar a lo que denominamos gente tóxica pero Nerea Jiménez nos explica que no es lo mismo aunque puede estar relacionado: "Utilizar la expresión ‘gente tóxica’ está tan de moda como la de ‘zona de confort’ y, como pasa con todas las modas, hay quienes la utilizan sin tener conciencia de su significado. Sentir placer ante la desgracia ajena forma parte de un registro de conductas que definen a este tipo de personas. No todos los que se alegran del mal ajeno son tóxicos en todos los aspectos de su vida, pero sí que todos los tóxicos se alegran del mal ajeno".

Imagen de portada: Ibai Acevedo