Henry es el robot sexual que cambia de pene y dice lo que quieres oír

Costará entre 9.000 y 12.000 euros y podrá ser controlado a través de una aplicación en el teléfono móvil

Los capítulos de Black Mirror tienen la habilidad de parecernos lejanos, pero poco a poco, las oscuras historias que predicen un futuro tenebroso para la humanidad parece que están cada vez más cerca. Robots, aplicaciones insertadas en el cerebro, personas que 'puntúan' tu vida o tu personalidad, videojuegos que matan gente y eternas venganzas, entre otros, amenazan con aparecer entre nosotros. Lo de los robots ya existe hace años y ya han llegado hasta nuestra esfera más íntima: el sexo. Creaciones tecnológicas destinadas a darnos placer, el mercado de robots sexuales femeninos es muy amplio, pero ¿y el de los hombres?

Henry es la última creación de RealBotix. Mide 1,80 metros, tiene los ojos verdes, unos abdominales marcados y labios gruesos. Trae, además, un inesperado complemento: puedes cambiar el tamaño de su pene. Vamos, que la persona que lo compre puede decidir cuántos centímetros quiere. Esto en cuanto a físico, porque también puedes tomar decisiones sobre su personalidad. El robot puede ser controlado a través de una aplicación que tú manejas a tu antojo para que te diga lo que quieras oír. Pensar en el sexo con un robot es aún extraño, de hecho desde RealBotix explican que su clientela busca más compañía que una relación sexual pero, ¿está bien pensar en rellenar nuestra soledad con un robot?

Parece que el coste por llenar este vacío con un robot como Henry estará entre 9.000 y 12.000 euros. Se pueden encontrar otro tipo de robots en otras marcas —quizás menos realistas y con menos ‘aptitudes’— como los de las compañía Abbys Creation que tienen modelos llamados Nate o Michael, entre otros. En esta última compañía los modelos son personalizables: puedes elegir el color de su pelo, su estatura, el color de ojos, la forma de los labios etcétera. Lo mismo sucede con los modelos de robots femeninos. Todo un mercado lleno de opciones que nos va alejando un poco más de la realidad.

¿Hasta dónde se extenderá este imperio de muñecos? ¿estarán las siguientes generaciones creando sus grupos de amigos con robots? ¿llegaremos a una sociedad donde se mezclen humanos y seres nacidos de la tecnología? No está mal que exista una evolución en este campo. Lo que debe quedar claro es que tampoco tenemos que abandonar nuestras relaciones con otras personas ni creer que es imposible compartir espacio o intimidades con otros seres humanos. Además, Henry nos hace interrogarnos sobre los cánones de belleza: ¿fabricarán robots sexuales que no cumplan con los estereotipos? Estaría bien que fuera uno de los aspectos a tratar en el universo de la tecnología.