El sistema de valoración social de Black Mirror ya es una realidad en China

La distopía china ha comenzado. Aquel sistema de valoración social que el gobierno de China planteaba hace unos meses acaba de convertirse en una realidad para los ciudadanos del gigante asiático. Desde este momento, los movimientos financieros, las compras, las opiniones políticas o los comportamientos cívicos serán monitorizados y sometidos a puntuaje por el sistema Zhima Credit, que elaborará un perfil de cada ciudadano chino junto a una puntuación que le hará la vida mucho más sencilla o mucho más complicada. Serán ciudadanos de distinta categoría.

La puntuación dependerá, en gran medida, de los ingresos, gastos o deudas de cada ciudadano, pero también de muchas otras cuestiones no relacionadas con el dinero: participar en obras de caridad, donar sangre o expresar opiniones contra el régimen chino. Cada paso registrable de la vida de los ciudadanos chinos será incluído en sus perfiles para otorgarles un ranking social comprendido entre 350 y 950 puntos, como si de un videojuego se tratase. Uno terrorífico. Porque tener una puntuación baja tendrá graves consecuencias.

Es lo que le ha ocurrido, según cuenta Marketplace, al empresario chino Xie Wen. Su deuda con otro empresario le ha costado no solo consecuencias económicas sino también sociales. El sistema de valoración social Zhima Credit le ha negado un préstamo que solicitó por culpa de su bajo perfil social y, lo peor de todo, ha bloqueado su capacidad para comprar billetes de avión. "Fue entonces cuando supe que estaba en la lista negra", ha declarado Xie. Sufrir una velocidad de internet más lenta o tener vetada la entrada a algunos restaurantes son otros castigos que sufrirán los ciudadanos con baja puntuación.

Un panorama orwelliano que el gobierno chino ha tratado de vender como método para incentivar el buen comportamiento ciudadano. Una excusa, la del orden social, mil veces oída a lo largo de la historia por los gobiernos más represivos. Un sistema, el Zhima Credit, que acaba con la privacidad ciudadana y dificulta la movilidad social. Porque los ciudadanos de baja categoría tendrán muchas más dificultades para mejorar su situación social y vital. La distopía ya está en marcha. Black Mirror no exageraba ni un poquito.