Rechacé a un novio con micropene pero ahora se ha convertido en un dios del sexo

El tamaño del miembro en este tipo de ocasiones no supera los siete centímetros cuando está en erección

No está empalmado, pensé. Tiene muchísimo frío, pensé. Me vino a la cabeza el dedo meñique de una mano masculina. O la mitad de un subrayador fluorescente. Así era el tamaño del pene erecto de Albin el día que le metí la mano entre los calzoncillos para follar. Albin Gerbic es esloveno, ahora tiene 26 años y entre sus piernas yace lo que se conoce como micropene, es decir, una polla con una longitud inferior a los siete centímetros. Conocí a Albin durante el primer año de carrera. Lo que empezó con un simple coqueteo fue derivando en una hermosa historia de amor.

Todo era ideal a falta de una cosa: el sexo. Siempre esquivaba mis intenciones de follar, por muy melosa que me pusiera acababa dándome un beso y un tierno abrazo. No entendía lo que pasaba. Un día me cansé y decidí que no podíamos seguir más meses prolongando el encuentro. Sin decirle nada me quedé en su casa a dormir y tomé la iniciativa

6 centímetros de angustia

Allí estaba el minúsculo miembro de Albin abriéndose paso de forma complicada entre mis muslos. Cuando los chicos hablan sobre penes pequeños, en la gran mayoría de los casos, se refieren a los que están dentro de la media  —11,25 centímetros según la Asociación Española de Andrología (ASESA)— pero no son como los que ven, por ejemplo, en las películas pornográficas. 

Carme Sánchez, codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona, explica que “cuando un hombre tiene angustia por el tamaño de su miembro, lo ideal es que consulte con un sexólogo/a o bien con un urólogo/a, porque es necesario definir cuál es el problema, formar un diagnóstico y poder hablar de las formas de encararlo”. El principal punto de la angustia es la comparación, los hombres comparten varios espacios en los que es posible verse desnudos: “Ya no es el hecho de que se burlen sino que el mismo hombre compara su tamaño con los de su alrededor”, relata la experta.

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Es muy distinto comparar el pene en estado flácido a cuando está erecto porque lo que vemos no siempre es lo que es después, cuando crece. “En la consulta he tenido muchos hombres que han decidido dejar el deporte o que ponen la excusa de ducharse en casa en lugar de en los vestuarios porque les da menos asco, relacionando la causa con un tema de higiene. Los hombres rehúyen enfrentarse a ese momento de comparación con este tipo de excusas”, explica Carme Sánchez. Nunca supe si Albin había vivido esos momentos de comparación. Nuestra relación terminó, después de algunos encuentros sexuales en los que fingí mi placer y en los que, tanto él como yo —con esos inocentes 18 años—, desconocíamos qué otras maneras de llegar al placer existían además de la penetración.

En los hombres un tamaño pequeño del miembro significa un fracaso a la hora de tener una relación sexual y muchos de ellos, por su obsesión con la medida y su estado de ceguera, no conocen la manera de desenvolverse en otras prácticas que puedan generar placer. Ese estado obsesivo viene dado, también, porque ellos están pensando constantemente en qué pensarán las mujeres (u otros hombres dentro de una relación homosexual) al verlos desnudos. La sexóloga explica que “muchas veces impacta más el efecto visual del tamaño del pene que luego a la hora de disfrutar” y puntualiza que “la vagina se adapta en la mayor parte de los casos y aunque las mujeres no llegan al orgasmo simplemente por penetración ellas también están dentro de un sistema patriarcal y falocentrista”.

La misma angustia que viven los hombres con micropene puede trasladarse a los que tienen uno con tamaño macro, es cierto que no afecta de la misma manera pero estos también se encuentran con problemas a la hora de tener relaciones sexuales. “Se trata de un tema que he visto de forma frecuente en mis consultas. Lo que ocurre es que socialmente está peor visto tener el pene pequeño y esto es un error. De hecho a nivel de rodaje sexual, los penes de menor tamaño tienen una duración de la erección mayor, porque la cavidad que tiene que ocupar la sangre es más pequeña. Eso es una ventaja frente a los penes grandes”, relata Carme Sánchez.

El jefe de los orgasmos femeninos

Casi ocho años más tarde de aquella relación, volví a encontrarme con Albin. Todavía quedaba algo de rencor en su mirada, sobre todo porque la explicación que di, en aquel entonces, para terminar la relación era que no estaba muy segura de saber lo que quería y que, en definitiva, necesitaba “un tiempo”. No tenía las herramientas para decirle que, honestamente, el sexo con él no me generaba placer. La mejor parte es que el tiempo hizo que se convirtiera en algo así como ‘el rey de los coños’. Todo un experto en generar cascadas y tsunamis de entrepierna. Está claro que no hay mal que por bien no venga.

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“Las mujeres necesitan o incluso prefieren la estimulación del clítoris, antes, durante o después. Los hombres que tienen micropene aprenden a suplir a través de la masturbación, los masajes de todo tipo y el sexo oral cualquier tipo de problema que pueda haber por el tamaño”, explica Carme Sánchez. Dejar de concebir el sexo como un contacto falocentrista hará que se abran las puertas a las masturbaciones mutuas y otras prácticas que cubran las necesidades sexuales de ambos. Además, “practicar una felación será una ventaja porque no está ese contratiempo de sensación de ahogo”, puntualiza la experta.

El tamaño del pene no debería marcar la calidad del sexo ni la satisfacción que pueda haber en una relación sexual. De hecho existen posturas que benefician el placer y un sinfín de juguetes sexuales que pueden ayudar a que follar sea una aventura repleta de pasión y deseo. Es esencialmente importante, como explica Carme Sánchez, la comunicación: “No hay que crear mal rollo y no hay que ser cruel a la hora de hablar de lo que sucede. Cuando aparece un rechazo o el encuentro sexual no se da porque la persona lo esquiva, es tan sencillo como preguntar ‘qué pasa’ y luego sincerarse, hablar del tema y buscar una solución. Siempre de forma positiva y con ánimos de ir a bien”.

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Albin ya sabe que las posturas para una penetración por detrás —como por ejemplo la de ‘a cuatro patas’— necesitan de un pene más grande por la distancia que existe. En cambio aquellas posturas más directas en las que alguno de los dos está encima, donde hay un contacto casi total entre los genitales, son ideales para penes pequeños. Lo esencial es tener una actitud que potencie el placer de ambos, sin importar cómo sea el cuerpo de la persona. Abracemos las diferencias, los distintos tamaños, las curvas, el peso de más, la falta de pelo y, cómo no, los penes pequeños también. Estoy segura de que si volviese a cruzarme con Albin y su micropene no sería un problema encontrar la manera de corrernos y disfrutar del sexo.