Realicé un ritual mágico para expulsar un espíritu instalado en mi casa

Las alarmas se encendieron cuando mi gato comenzó a comportarse de forma extraña y toda su atención estaba dirigida a una zona concreta del hogar

“¿Qué te pasa, Thor?”, le pregunté a mi gato un lunes a las 06.30 de la mañana. Me acababa de levantar para ir a trabajar y él no paraba de llorar y de correr de un lado para otro. Me quedé fijamente mirándolo y comprobé si le faltaba comida o agua o si su tierra mostraba imperfecciones como suciedad o extraños elementos que él, durante la noche, se pone a recolectar. Todo estaba en su sitio. Todo bien. Cuando nuevamente le lancé la pregunta vi que estaba sentado, mirando la parte alta de una esquina de la casa (la que se conforma desde la pared donde está la puerta de la entrada con la del trocito de recibidor donde hay un espejo), llorando profundamente y quieto como una estatua. Me quedé extrañada y me acerqué a él para acariciarlo y que se relajara. Cuando ya se calmó, me marché al trabajo. Lo que no sabía aquel día es que lo que parecía una anécdota matutina pasaría a convertirse en un calvario en el que se fusionaron presencias paranormales, escepticismo y conjuros caseros.

Thor - Guillermina Torresi

Pero volviendo a aquella mañana y sin darle importancia a lo sucedido, llegué al trabajo y comenté lo ocurrido a quienes estaban en la oficina. Un silencio y varios rostros de sorpresa se quedaron perplejos mirándome. No entendía qué sucedía. Tenían un gesto preocupante y se disponían a advertirme lo que estaba ignorando: “Eso es que tienes un espíritu en casa y tu gato puede verlo”. Los demás asintieron convencidos, con una mueca alarmante. A mí me salió una risilla íntima que, claro, escondí. El escepticismo que me han insertado en la cabeza desde que tengo uso de razón me impidió asimilar la advertencia que me ofrecieron. Intenté no darle vueltas al asunto y concentrarme en otra cosa. Pero sí, se me quedó adherida esa dichosa mosca detrás de la oreja.

Espíritu, háblame

El día transcurrió tranquilo, como otro cualquiera. Cuando emprendí el camino para volver a casa empecé a pensar en la teoría del fantasma de mis compañeros: “¿y si era real?, ¿y si era cierto que había ahí una presencia espiritual?”, pensé. Abrí la puerta de mi hogar lentamente y procuré no mirar la esquina posiblemente maldita. Cada vez que entraba por la puerta Thor, mi gato y coprotagonista de esta historia, venía a saludarme. Ese día ni siquiera ocurrió. Estaba en la cocina, tumbado en una de las sillas que tenemos allí. Me acerqué a él y lo saludé. Su actitud relajada hizo que me convenciera de que todo lo ocurrido con anterioridad había sido un comportamiento ocasional, algo eventual y ya está. Pero no. Comencé a cocinar y, de repente, Thor dio un salto desde la silla, fue corriendo hasta la esquina y comenzó a llorar. Me quedé en shock. “Mierda”, pensé, ¿y ahora qué?

Thor - Guillermina Torresi

No fueron las personas del trabajo las únicas que me advirtieron. El tema del fantasma comenzó a ser habitual entre mi grupo de amigos, cada vez que los veía bromeaban con “qué tal el espíritu de casa” y burlas parecidas. Otra de mis amigas —una que se considera medio bruja— me aconsejó que pusiera un vaso lleno de agua y sal en el sitio donde supuestamente estaba dicha presencia. A todo esto tengo que especificar que la aparición del fantasma sucedió en unas semanas en las que me encontraba sola en casa: mi compañera de piso y mejor amiga estaba de viaje. A su vuelta, el espíritu seguía ahí. Y yo ya estaba casi completamente convencida de su existencia. Así que un día tranquilo, por la mañana mientras desayunábamos, decidí contárselo de forma seria y relajada. Ya os podréis imaginar lo que pasó: se echó a reír sin parar.

Guillermina Torresi

Mi madre se sumó al grupo de los que me advirtieron. Ella, a pesar de creer más bien poco en estas apariciones, me dijo que “mejor prevenir que curar” y que no me “cuesta nada poner algo ahí por las dudas”. Así que sí, ya estaba completamente subida al carro. Sobre todo porque, además, Thor seguía comportándose de manera extraña y su obsesión por dicha esquina iba en aumento. Me puse manos a la obra para eliminar al fantasma de mi casa. Contacté con más de 10 asociaciones relacionadas con los espíritus y otros espiritistas particulares. Solo uno de ellos quiso participar en mi caso. Le relaté todo lo que sucedía en mi hogar y él comenzó a abrirme los ojos con sus cuidadosas explicaciones. Me advirtió, como otros: “No te dirijas al espíritu. No puedes hablarle como si fuera una persona más”. Lo apunté.

Espíritu, vete de aquí

“Sabemos que los gatos, así como los perros, es decir los animales caseros, las mascotas, tienen unas percepciones muy acentuadas. A veces, incluso, mucho más que los seres humanos. Estas percepciones les facilitan captar en otro plano: el fluídico, lo que nosotros no somos capaces de percibir. Posiblemente su gato, tal como le han comentado, capta la presencia de algún espíritu (uno o varios), que se encuentran asentados en su casa, aunque quizá no de una manera permanente, sino de forma esporádica. Pueden ser ambos casos”, me explicó Juan Miguel Fernández Muñoz, responsable de la Asociación de Estudios Espíritas de Madrid. Lo que más me preocupaba era cómo podía afectar la presencia en mi hogar y, sobre todo, cómo podía hacerlo desaparecer.

Según el experto "el espíritu tiene algún tipo de sintonía con alguna de las personas que habita en la casa y se encuentra a gusto en ese ambiente. También puede ser algún espíritu que haya vivido anteriormente en ese hogar y permanece ahí pensando que la casa es aún suya. Lo más peligroso es que ese fantasma puede conocer todas las intimidades y secretos de las personas que viven en ese lugar, así como sus comportamientos, adicciones, preferencias, inclinaciones o sentimientos". El escalofrío que sentí al conocer eso fue tan grande que pregunté cuáles eran las formas de eliminarlo: "Orar desde el sentimiento, desde dentro con el corazón. No importan las palabras bonitas, sino las sinceras, solicitando a su guía espiritual su ayuda para asistir al espíritu haciéndole comprender que precisa apartarse y encontrar a sus seres familiares que le esperan al otro lado", relató Juan Miguel Fernández y puntualizó: "Hay, también, formas físicas para ello".

Sal, el protector energético universal

Se puede hacer llenando un vaso con agua y sal y colocándolo en la zona donde se supone que está la presencia espiritual. Lo más recomendable es dejarlo 24 horas.

Guillermina Torresi

Quemar incienso o hierbas

En este punto lo mejor es encender un palo santo. Al quemarse esta madera desprende un humo muy aromático al que se le atribuyen propiedades energéticas, curativas y mágicas. De hecho, elimina las energías negativas.

Velas blancas

El color blanco es el más extendido para alejar a los malos espíritus. Se indica que se deben encender tres velas blancas en línea recta o en forma de triángulo, apuntando a la zona donde se encuentra la presencia espiritual.

Guillermina Torresi

Herradura

Se trata de un objeto que atrae la suerte pero no solo eso: por su material de hierro, atrapa las malas vibraciones. Hay que colocarla en la puerta. Lo mejor es dejarla ahí para que, cada vez que entre alguien, se deje lo malo fuera.

Guillermina Torresi

Después de poner en práctica todas y cada una de estas técnicas durante todo un fin de semana, lo cual implicó sentirme enormemente ridícula y más de una discusión con mi compañera de piso que no soportaba el tufo a palo santo que inundaba la casa, observé el comportamiento de mi gato. Es cierto que, ahora, ya no se acerca a esa esquina y ya no llora por las mañanas. Mi compañera de piso me ha dicho que, además, tiene un montón de energía y que quiere jugar continuamente. Debo afirmar que aún me cuesta creérmelo del todo, ¿habrá sido una casualidad que haya hecho todos esos rituales y la situación haya mejorado? No lo sé pero algo me dice que no ha sido una cuestión azarosa sino que he conseguido eliminar la presencia. Sea como sea, la experiencia con el supuesto espíritu me ha enseñado que el escepticismo es bueno pero siempre hay que mantener la mente abierta a cosas que todavía no somos capaces de explicar.