El día en que quemé todos mis sujetadores de aro y me pasé a los bralettes

Tengo el pecho pequeño. No soy una tabla de surf, como se suele llamar despectivamente a las chicas que lo tienen muy poco desarrollado, pero nunca ha sido un atributo a resaltar de mi fisionomía. Tampoco puedo decir que me haya preocupado o acomplejado en exceso –ese cupo ya lo tenía completo con otros aspectos de mi cuerpo que la sociedad me incitaba a rechazar– pero el descubrimiento de un nuevo tipo de sujetador, llamado bralette, me ha hecho darme cuenta de lo oprimida que he estado viviendo durante décadas embutiéndome diariamente dentro de los sujetadores de aro.

Los estándares de la belleza normativa le exigen a la mujer tener unas tetas bastante grandes –no demasiado porque, si no, automáticamente se convierte en una guarra–, deben estar bien puestas, ser redondas, carentes de estrías (no vaya a ser que cuando pegaste el estirón hormonal tu piel hubiese decidido cometer el crimen de romperse) y bien colocadas en un sujetador firme que deje relucir un canalillo prominente, que no abismal, porque volveríamos a ser unas busconas. Pero, lo más obvio de que una mujer está pidiendo a gritos que la violen por la calle, es el pezón. Si se ven o se intuyen los pezones a través de la ropa, vas a la hoguera directamente.

El reportaje que publicamos en Código Nuevo hace unos meses ya dejó bastante claro que el uso de sujetador, más allá de las chicas que tienen un pecho muy grande y a las que el sostén ayuda a luchar contra la fuerza de la gravedad, era una cuestión meramente social y cultural. Los expertos decían que la caída del pecho era independiente de su uso y que incluso el hecho de considerar que un pecho caído es feo, también es puramente social. ¿Entonces por qué llevamos tantos años utilizándolo? ¿Qué necesidad tenemos las chicas de pecho pequeño de alicatar nuestros pezones y de encerrar nuestro pecho en sujetadores de aro que se quedan dibujados en nuestra piel por la noche cuando nos lo quitamos como prueba de lo tortuoso que ha sido su uso?

Perfect mismatch #lovestories #lingerie #perfectmismatch #newcollection #lace #bralette

Una publicación compartida de Love Stories Intimates (@lovestoriesintimates) el

Parece que no soy la única persona que se hace estas preguntas y la industria de la moda ya lleva un par de años adaptándose al desembarco de los bralettes. Se trata nada más y nada menos que de algo parecido al mítico primer top que te compró tu madre cuando tus tetas estaban más en tu imaginación que en tu pecho, solo que sin lacitos ni dibujitos rosas. He ido a preguntar a las compañeras de la revista Woman, que están en la misma planta que la redacción de Código Nuevo, y su jefa de sección de moda, Laura García del Río, me cuenta que "quien lo está poniendo de moda son las milennial".

"Básicamente es una cuestión de comodidad", me dice Laura, "y está dentro de la tendencia leisure que también incluye cambiar los taconazos por zapatillas planas". De hecho incluso la mítica marca de ropa interior Victoria's Secret se ha tenido que sumar a la moda de los bralettes y dejar respirar un poco a sus modelos y, de paso, también a nosotras, el común de las mortales, que nos vemos arrastradas por sus tendencias.

Las grandes cadenas en las que solemos comprar nuestra ropa interior las chicas de clase media en España como Oysho, Women'Secret o Tezennis, están introduciendo poco a poco los bralettes en sus perchas aunque el aro sigue siendo imperante. Otras marcas, como la holandesa Love Stories que acaba de abrir tiendas en nuestro país este año, se dedican única y exclusivamente a este tipo de sujetador, aunque sus precios se los pueden permitir solo las más afortunadas.

Sheer lace for day, night and staying over. 😉

Una publicación compartida de Victoria's Secret (@victoriassecret) el

Hablar con Laura ha sido reconfortante, por ver que no estoy ‘loca’ por haber decidido rebelarme contra los opresores rellenos y aros, pero también un poco decepcionante por entender que probablemente sea solo una moda más que me ha atrapado como a una inocente mosca. Sin embargo, la experta en moda me dice que sí se ve como una reivindicación feminista, tanto la búsqueda de la comodidad de un sostén menos punzante, como el hecho de ir directamente sin sujetador, como hizo nuestra compañera Noelia R. Ruano para su reportaje.

Happy Valentine's day & night Ref 7919034

Una publicación compartida de Women'secret (@womensecretofficial) el

El bralette podría ser la opción intermedia entre una cosa y otra. Porque la quema de sujetadores como símbolo de liberación de la mujer no es algo nuevo, de hecho ya lo hacían nuestras abuelas en los años 70 –o más bien las abuelas de las millenials norteamericanas– y, si hoy en día seguimos llevándolos, debe ser que o no es tan símbolo o no hemos avanzado mucho demasiado en el feminismo. Es fácil apoyar en la teoría, pero no tanto combatir con tu propio cuerpo y, en este caso, con tus pezones punzantes, las miradas de desaprobación y los comentarios jocosos. Así que, si al menos haces un pequeño cambio en tu vestuario, renunciar al canalillo y a la forma de pecho que te daban los pushup y demás sujetadores con aro, a cambio de un poco más de comodidad, puedes considerarte valiente.