He probado el juguete sexual que afirma ser mejor que el sexo oral

El llamado ‘Ora 2’ gira y vibra alrededor del clítoris para ofrecer un placer que asegura superar cualquier sexo oral convencional que hayas vivido

Me encanta que me coman el coño. Es la verdad, por eso lo digo de la forma más cruda y directa posible. Me encanta cuando me miro la entrepierna y veo su cabeza hundida buscando la forma de hacer que llegue al orgasmo. Su lengua moviéndose para arriba y para abajo. Lento, luego un poco más rápido, luego otra vez lento. Junta los labios y los mueve muy despacio por la piel que rodea el clítoris aumentando mi deseo. Sabe cómo hacerlo y mi cuerpo le responde humedeciendo toda la zona como si fuera un festejo en forma de flujo vaginal.

Esta sensación es irremplazable, no puedo imaginar algo que lo sustituya y esté al mismo nivel. La cuestión es que no siempre tenemos esa boca ideal que nos lo hace como imaginamos. Esa persona que te hace viajar por el placer. A todos nos ha pasado: No person, no cunnilingus. Pero ¿y un aparato que simule esta sensación?

Mi fruta dice sí

Tengo en mi poder el Ora 2, un juguete sexual de la marca Lelo que asegura ofrecer sensaciones superiores al sexo oral convencional. Lo tengo en mis manos y lo observo de cerca. Es la segunda vez que pruebo un producto de esta marca. El que veo ahora tiene pinta de ser bastante cómodo porque puede engancharse en el dedo pulgar y cogerse con el resto de los dedos. Casi como un joystick. Al alargar el brazo el juguete llega perfectamente hasta el clítoris. Como guinda al pastel. Y yo estoy dispuesta a comérmelo. Bueno, más bien a probar cómo este aparatito ‘me lo come’.

Tengo que encontrar el momento ideal para poder masturbarme tranquilamente en mi hogar. Compartir piso (y que la casa no sea muy grande) son contratiempos a la hora de dedicarse un rato de placer a uno mismx. Por lo general, estos tiempos pueden ser reducidos pero cuando se trata de un juguete tan particular hay que darse el homenaje. Cuando sé que voy a tener varias horas en soledad me pongo manos a la obra. Me desnudo y me meto en la cama. En esta ocasión no usaré ningún tipo de material visual, es decir que nada de porno, solamente me serviré del placer que pueda producirme el aparato. Este tiene 10 modos que varían en cuanto a velocidad y a movimiento y, además, contiene unos botones de + y – con los que es posible aumentar o disminuir la aceleración. Todo un cóctel de oportunidades para los gustos de cada vagina. Los cuales, por cierto, son muy distintos.

Guillermina Torresi

A simple vista me parece que será el modo número dos el que será de mi agrado. La supuesta ‘lengua’ que tiene se estira y gira, pero en este modo en particular lo hace de forma lenta y progresiva. Lubrico mi centro del placer con saliva y voy a ello. Un primer escalofrío me recorre el cuerpo. “Sin duda era el modo ideal para empezar”, pienso. Noto como mi coño va humedeciéndose más y más y como todo mi cuerpo se va contrayendo formando el camino hacia el orgasmo. Sin separar el aparato cambio el modo a uno un poco más veloz y voy moviéndolo despacio por los labios vaginales y el clítoris. Este mix de velocidades me acelera la respiración y siento un escalofrío que anuncia que el cúlmen del placer está próximo a aparecer. Me va desde el cuello hasta la punta de los pies y exploto en un festín de fluidos cálidos y hermosos.  

¿Dónde están tus ojos?

El éxtasis es tan brutal que me quedo tumbada entre las sábanas extasiada de placer. Giro sobre mí misma y miro el resto de cama. Está vacía, claramente. Igual que yo, que me he vaciado por completo. Estoy en una nube de placer. Cuando se me pasa el estado de casi colocada, recojo, me limpio y limpio el aparatito. Sus funciones dieron sus frutos con mi coño, eso está claro. Alcanzar el orgasmo fue fácil y una experiencia exquisita, sublime. Ahora bien, de esa realidad a asegurar que es mejor que el sexo oral convencional, hay un grandísimo paso. Aunque resulta muy placentera, la estimulación del Ora 2 sigue sin ser mejor que el sexo oral ‘de toda la vida’. Por muy desastroso que pueda ser el cunnilingus que te haga una persona, resulta imposible superar el tacto de una lengua humana. 

Guillermina Torresi

Y no es que lo mío sean las tradiciones. Para nada, diría. Es más, si es posible probar algo nuevo que esté relacionado con lo sexual, bienvenido sea. Pero en este caso me decanto por el sexo oral que pueda darte una persona. De hecho, iría un poco más allá: no los compararía. No es lo mismo. El juguete sexual de Lelo está diseñado para que puedas darte placer y cumple su función. Pero afirmar que puede superar lo que puede hacer la boca de otro ser humano es mucha tela. Para mí no lo fue porque faltaban las manos, la mirada, las palabras, ese contacto entre las pieles, las caricias que acompañan, las sonrisas... El simple hecho de ver cómo la otra persona también siente placer mientras tú viajas al tuyo, al que mutuamente os estáis dando.

Hay que aumentar las experiencias sexuales, con nosotros mismxs y con otras personas. No podemos poner un juguete a la altura de la conexión que se formula entre dos o más en una cama o en cualquier ámbito donde haya un espacio para el sexo. Y no estoy hablando de una unión de pareja comprometida, ni en la que se considera que hay ‘amor’. También puede ser una conexión de sexo de una noche. Aún así, el objetivo, antes que cualquier cosa, está en poder conectar contigo mismx en la intimidad y de tener la oportunidad de sentir cómo tu cuerpo se expande, flota y estalla en un confeti líquido. Y esto también es posible gracias a la tecnología. Hay que potenciar las relaciones humanas sin dejar de lado las oportunidades que te pueden dar estos avances casi aerodinámicos. Siempre depende del momento y de cómo quieras que sea.