El cunnilingus perfecto contado por 5 mujeres que llegan al orgasmo con el sexo oral

No hay nada como abrir las piernas y abandonarse al placer infinito que una lengua paciente es capaz de proporcionar. Dentro del maravilloso mundo del goce oral, la felación tiene su lugar ganado desde hace tiempo en la relación sexual, pero al cunnilingus todavía no se le dedica la atención que merece. Si preguntáramos a una multitud de mujeres cuántas de ellas se han corrido a través del sexo oral, se levantarían muchas menos manos de las que nos gustaría ver. Igual ocurriría con el número de hombres heterosexuales que han probado el sabor de un orgasmo femenino.

Para democratizar esta inagotable fuente de placer, hemos hablado con cinco de estas mujeres que sí consiguen alcanzar las estrellas en la boca de sus parejas (masculinas o femeninas) y nos han contado cómo lo descubrieron y cómo les gusta. Si eres de las que todavía no lo ha experimentado, toma nota para que puedas guiar a tu pareja en vuestro camino al éxtasisImagen relacionada

 

Almudena, 25 años

Empecé a tener relaciones muy joven, pero tardé unos años en entender que era clitoriana y que tenía que dedicarle tiempo a esa parte de mi cuerpo. Al principio, cuando la persona con la que me acostaba me hacía un cunnilingus, me lo tomaba como un puro trámite preliminar. Sí, me causaba cierto placer, pero en mi cabeza eso no debía ocupar mucho tiempo ni ser una parte predominante del polvo. Ahora he aprendido a amar y buscar mis orgasmos tanto como los de la otra persona, y los que tengo con el cunnilingus son un estallido de felicidad.

Creo que si antes no me daba tiempo a mí misma para llegar a correrme era en parte por la inseguridad que nos produce el sexismo. Así como contemplamos una mamada como relación sexual 'completa', también deberíamos ver un cunnilingus como algo maravilloso en sí, una actividad en la que recrearse e investigar y, a veces, por qué no, prioritaria a la penetración. Como consejo, le diría a la persona que cuando vea que a la otra se le agita la respiración y gime más, porque le está poniendo muchísimo, se acuerde de que no hay que aumentar el ritmo ni la intensidad, sino mantenerlo: la constancia, sin llegar a aburrir, es una virtud en estos casos, y al menos para mí, lo que me garantiza un orgasmo.

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Bárbara, 29 años

No hay casi nada en el mundo que se pueda comparar a un cunnilingus de calidad. Yo no sabía lo que era un orgasmo hasta que mi primer novio, con 17 años, se metió entre pierna y pierna. Desde entonces he tenido clarísimo que una comida de co** estará siempre en el lugar número uno de mis placeres sexuales. Lo mejor es empezar con unas caricias en los muslos, mientras su boca juguetea con tus pezones. En ese momento tú solo estás pensando 'por favor que baje ya', y es precisamente esa espera la que aumenta tu nivel de excitación. Aproximarse al clítoris dando besos por el vientre tampoco está de más, pero sin pasarse de pasteleo, please.

Una vez en posición, se puede combinar el dedo y la lengua al principio. Evitar totalmente los lametazos perrunos, la punta de la lengua es su mejor aliada. Chupar los alrededores del clítoris es muy recomendable. Otra cosa que decubrí con los años es que es imposible resistirse a que te chupen el co** a la vez que te introducen los dedos en la vagina. Yo aguanto 20 segundos antes de llegar al clímax. Y el final perfecto es que te metan el pene (si tu pareja es un hombre) en el momento de llegar a la cumbre del Everest y frotarte contra su cuerpo en ese momento clave. Me he puesto cachonda solo de contarlo.

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Loola Pérez (alias Doctora Glas), 28 años

Personalmente es algo que me gusta, me encanta, pero también es muy íntimo y, a veces, si es un polvo de una noche, ni siquiera me apetece. Se intercambian muchos fluidos y puede que no quieras hacerlo con cualquiera, o sí, en cada momento el cuerpo te pide otra cosa. Yo creo que para que funcione, para que sea placentero, lo principal es preguntar, porque no a todas las mujeres nos gusta con la misma intensidad o la misma fricción. La cantidad de saliva también es importante, tiene que estar lubricada la zona pero tampoco como si te hubiese escupido un sapo. No todo el mundo sabe llevar el ritmo y marcar un compás, pues con el cunnilingus, para que haya un orgasmo potente hay que saber llevar el ritmo. ¿Y qué es importante para eso? Pues haberlo probado mucho.

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Esther, 23 años

Antes de reconocerme a mí misma que era lesbiana, no sentía mucho placer cuando un chico me comía el co**. Algo que no entendía y que quería que me gustara porque estaba cansada de escuchar a mis amigas decir que era lo mejor que les habían hecho nunca en la cama. Pero esa confusión no duraría para siempre. El día que una chica con la que estaba enrollada se convirtió en la primera en bajar, entendí de lo que hablaban. Y no solo disfruté como nunca porque era una chica, también por cómo eran cada uno de sus movimientos.

Desde entonces, el cunnilingus perfecto para mí es aquel en el que la lengua de la otra persona se mueve con suavidad de arriba abajo, el modo de sentirla tanto en el interior de la vagina como en el clítoris. Después están las manos, es esencial que se muevan entre los pechos y la barriga para terminar quedándose en los muslos mientras no deja de mover la lengua –constante pero siempre con suavidad–. Sí, en este punto ya estoy a tope. Pero lo mejor de todo viene cuando sin apartar la lengua del co** meten los dedos. Un momento que, de hecho, es el mismo durante el cual esa pareja me regaló el primer orgasmo que he tenido con una mujer. Algo que ahora me lleva a decir que el cunnilingus puede ser el momento en el que alcancemos el máximo clímax del sexo.

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Carola, 34 años

Creo que aprender a correrse es una necesidad. Desde que somos adolescentes, las chicas asumimos que tendremos que hacer mamadas y pajas y esperar a que el chico se corra. Es algo que ambos sexos dan por hecho desde casi el primer encuentro sexual. Pero, ¿qué pasa con nosotras? Muchas mujeres llegan a los 40 sin saber si han tenido un orgasmo. Para todas ellas la respuesta es: cuando lo tienes, lo sabes. Es como ver fuegos artificiales, o así lo recuerdo yo. Tenía 26 años cuando todavía pensaba que yo no podía tener orgasmos. Ahora tengo 34 y no entiendo cómo podía vivir sin ese placer. Gracias a una amiga, entendí que no dependía de que el chico supiese o no, sino de mí misma. Así que me encerré con un consolador en forma de bala, activé la vibración y no paré hasta sentir que todo mi cuerpo temblaba.

No fue hasta los 30 cuando me corrí por primera vez en la boca de un tío. Yo ya confiaba en mis posibilidades, sabía que se podía, pero reconozco que de no ser por su insistencia y paciencia, tal vez no lo habría conseguido. Creo que la primera vez estuvo como 40 minutos amorrado, casi sin respirar. Ahora, lo conseguimos en 5 minutos. ¿La técnica? Lo más importante es que confíes en ti, en que puedes llegar al orgasmo con una lengua pegada a tu clítoris. A partir de ahí, tienes que pedir, pedir, pedir, pedir. En mi caso, lo más importante es mi imaginación, lo que recreo en mi mente mientras me chupa. Creo que la fórmula es hacer círculos en torno al clítoris con diferentes intensidades. Nada de lamer como si se tratase de un cucurucho. Sobre todo, la constancia. Si se interrumpe el movimiento, cuesta volver a meterse en acción. Es una de las maravillas de la naturaleza. Y toda mujer tiene derecho a que se le amorren.

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