Soy esa persona que dice pequeñas mentiras para no tener que afrontar los problemas

Es viernes y no te apetece salir de casa.  "Mi gato se ha puesto enfermo", es lo primero que te viene a la mente a la hora de inventarte una excusa de cara a tus amigos. Obviamente, es mentira. Hace ya dos meses que te fuiste de casa y tu madre, como cada día, te pregunta si has comido bien a lo que respondes aquello de "claro que sí, mamá". Una respuesta inocente y automática cuando todos sabemos que la pizza congelada de Mercadona no puede considerarse 'comer bien'. Así que sí, una vez más, has mentido. Una de tus mejores amigas pregunta si te gustó como iba a la boda de su hermano. El vestido te horroriza. Aún así tu respuesta es la misma y les dices eso de  "ibas preciosa". Mentira, mentira y mentiras.

No quieres quedar mal con tus amigos, no te apetece que tu madre se preocupe y, tal vez, no quieres ser irrespetuoso con alguien al que quieres y te importa. Son las típicas mentiras piadosas que todos hemos dicho alguna vez y que, no sabemos muy bien por qué, son una constante en nuestras rutinas. Un estudio de la Universidad de Massachusetts, publicado en 2012, afirma que el 60% de las personas mienten al menos una vez en una conversación de diez minutos. De hecho, la media se encuentra entre dos y tres mentiras por charla cotidiana.

"La mentira suele ser una estrategia para eludir la realidad y, por consiguiente, la responsabilidad de afrontar las consecuencias de determinados actos o situaciones", explica Rosario Linares, psicóloga y directora de la clínica El Prado Psicólogos de Madrid. El problema surge cuando la mentira se convierte en un estilo de vida y no únicamente en algo esporádico. "Para el mitómano mentir se convierte en un hábito, es su forma de relacionarse. No solo siente la necesidad de mentir en las situaciones que están en su contra para evitar las consecuencias, sino también en los pequeños detalles aunque no gane nada con ello", expresa Linares.

La mentira es casi tan antigua como la existencia del ser humano. Lo deja claro Evelin Sullivan en su ensayo 'El pequeño gran libro de la mentira'. En él realiza un recorrido por las culturas antiguas y el papel que juega la mentira a través de textos e historias, mientras se pregunta qué es lo que ha llevado y lleva a la sociedad a mentir. De hecho, confirma que hay "cierta tolerancia" a ella en la sociedad, dependiendo del grado de la misma: divertida, ingeniosa, inofensiva, simpática... Es decir, las mentiras piadosas y con ingenio no se ven realmente como algo malo. Pero, ¿por qué mentimos?

"Por miedo al rechazo. Ocultamos la información que creemos que puede ser juzgada por los demás, herirles, enfadarles o que nos deje en mal lugar. En realidad, la mentira es necesaria para la adaptación social", afirma Linares que añade que "una persona que fuera totalmente sincera en muchos momentos podría obtener el castigo social por ello, por eso es más fácil mentir". Sin embargo, una cosa es mentir para no herir a otro y otra el "ocultar nuestro verdadero yo" para no ser juzgados. "Eso nos hace ser poco auténticos y más infelices. Una persona segura de sí misma se muestra tal y como es, y no intenta dar una imagen distinta", sentencia. Esto nos lleva a que una persona con baja autoestima, puede ser más propenso a decir mentiras.

El psicólogo Robert S. Feldam, encargado de realizar el estudio nombrado anteriormente, confirmó que es "muy fácil" mentir. "Les enseñamos a nuestros hijos que la honestidad es la mejor política, pero también les decimos que es cortés fingir que les gusta un regalo de cumpleaños que se les ha otorgado. Los niños reciben un mensaje muy diferente sobre los aspectos prácticos de la mentira y esto tiene un impacto en cómo se comportarán de adultos", subrayó Feldam. De hecho, las mentiras comienzan a aparecer a la edad de cinco años aproximadamente.

Existen varios tipos de mentiras. Por un lado, las llamadas de "ocultación, escondiendo o callando un hecho u opinión" y la "falsificación, fabulación o creación de una historia". Respecto a las primeras, y según la psicología de la mentira, el mentiroso engaña ocultando o escondiendo una verdad que conoce: evade preguntas, utiliza silencios o, simplemente, finge emociones no reales. Dentro de este grupo se encuentran también las verdades 'a medias'.

En cuanto a las segundas, las más graves, el psicólogo Rafael Benítez Moreno las define como "la presentación de una información falsa o la invención de una historia falsa para confundir y engañar". La idea es que el mentiroso presenta una narración con datos e informaciones irreales haciendo creer que son verdaderas. En ambas, el mentiroso siempre sentirá miedo a "ser descubierto" y que la verdad se sepa, llegando así a perder la confianza y el respeto de los que le rodean.

Mentir, como el resto de acciones reprobables, conlleva ciertos riesgos. Dejando de lado el hecho de poder ser descubiertos, la mentira puede convertirse en un hábito —las mentiras patológicas— al usarla para  salir de los problemas ocasionados y aún peor cuando el mentiroso acaba creyéndose sus propias mentiras. Esto, a su vez, se puede derivar en un Trastorno de la Personalidad que se traduce en la creación de una realidad paralela de la que será difícil de escapar. Así que la próxima vez que vayas o tengas que mentir ya sabes que la moderación es la clave.