Así son los perfumes con feromonas que prometen convertirte en una bomba sexual

La escasez de investigaciones concluyentes acerca de las feromonas humanas convierten los perfumes feromonados en productos pseudocientíficos

En 1959 los investigadores alemanes Peter Karlson y Martin Lüscher, químico y zoólogo respectivamente, andaban estudiando el comportamiento de las abejas cuando descubrieron algo fascinante: la abeja reina podía controlar al resto emitiendo una sustancias químicas que los científicos bautizaron como feromonas. Estudios posteriores demostrarían la existencia de estas moléculas en muchos otros animales como ratas, perros e incluso elefantes. Las feromonas sexuales, disparadoras del deseo sexual, captaron especialmente la atención científica. ¿Emitíamos también las personas estos reclamos lujuriosos? Nadie las encontraba.

Hasta 1986. Fue entonces cuando la bióloga Winnifred Cutler anunció al planeta el descubrimiento de las feromonas humanas. La prensa enloqueció, y Cutler aprovechó aquel tirón mediático para sintetizar estas supuestas feromonas, guardarlas en un frasquito junto a diversas sustancias aromáticas y comercializar el primer perfume feromonado de la historia: el Athena Pheromone 10:13. Desde entonces, el mercado se ha petado de perfumes, desodorantes, pintalabios y otros cosméticos aderezados con hormonas esteroides que las marcas aseguran ser feromonas. Pero el debate científico continúa abierto.

Feromonas humanas sí

El último estudio sobre feromonas humanas, realizado por la Academia China de las Ciencias, dice que sí: producimos incoscientemente señales químicas informativas. Los autores alcanzaron esta conclusión tras un experimento donde los participantes debían identificar el género de algunas figuras digitales mientras eran expuestos a dos esteroides humanos distintos. La androstadienona, presente en axilas varoniles y en semen, condujo a las mujeres a identificar las figuras como masculinas, pero no a los hombres. Y justo lo contrario ocurrió con el estratetraenol, presente en la orina femenina.

"Lo novedoso de este estudio es que las feromonas humanas informan sobre la masculinidad o feminidad de la persona que las segrega dependiendo del género y orientación sexual de quien las detecta", explica Wen Zhou, líder de la investigación. Es decir, que estas supuestas feromonas actuarían como primer paso para predisponer hacia el sexo. La chispa que nos pondría cachondos. Así que bastaría, según esto, con rociarnos aquí y allá con un perfume que las contuviese para que caminásemos por la vida despertando un desenfrenado deseo en toda persona que incluya nuestro género entre sus preferencias sexuales.

Pero hay más estudios legitimando el discurso publicitario de los fabricantes. La San Francisco State University declaró hace unos cuantos años, tras un estudio liderado por la psicóloga Norman McCoy, que "el perfume mezclado con feromonas sintéticas actúa como un imán sexual que aumenta el atractivo de las mujeres para los hombres". En concreto, descubrieron que hasta el 74% de quienes usaban estos perfumes veía cómo incrementaban los besos, las caricias y el afecto que recibían, así como sus relaciones sexuales y el número de citas formales que tenían. No obstante, muchas otras voces desmienten todas estas teorías.

Feromonas humanas no

Para algunos especialistas, como la sexóloga Ana Lombardía, "este tipo de perfumes pueden funcionar más por placebo que por trasfondo científico, ya que el olor agradable aporta mayor seguridad a quienes lo usan y eso genera un efecto positivo". No está sola. Muchos científicos han cuestionado los estudios que avalan la eficacia de los perfumes feromonados alegando que están financiados por los propios fabricantes, que no cumplen una metodología adecuada o, simplemente, que los resultados no son concluyentes. El propio George Preti, famoso químico estadounidense, lo aclara: "No hay nada así en los seres humanos".

De hecho, investigadores de la Universidad de Australia Occidental realizaron un experimento muy similar al realizado por la Academia China de Ciencia con la androstadienona y el estratetraenol. Y los resultados, publicados en la Royal Society Open Science, demostraron justamente lo contrario: no hubo absolutamente ningún cambio en el comportamiento de los participantes al verse expuestos a ambas hormonas esteroides. Leigh Simmons, líder de la investigación, respondía directamente al estudio chino: "No estaba rigurosamente diseñado y realizado. Estoy convencido de que estos esteroides no funcionan".

Algunos científicos van todavía más lejos: el órgano de Jacobson, también conocido como órgano vomeronasal y encargado de detectar las inodoras feromonas, está atrofiado en todos los primates, incluido el ser humano. Otra teoría bastante discutida. Sea como sea, el único hecho indiscutible es la falta absoluta de unanimidad respecto a las feromonas. Y, sin embargo, las marcas se aferran a cualquier mínima prueba, aún carente de consenso científico, para petar los escaparates de perfumes y cosméticos supuestamente feromonados. Una estrategia de marketing, no un asegurado afrodisiaco que te hará follar más. La mejor feromona, como dice Lombardía, es la seguridad en ti mismo. Y eso no hay ciencia que lo discuta.