Las pasiones de Samantha Hudson: Jesucristo, acostarse con ancianos y cuestionar tu masculinidad

Hablamos con la perfomer queer y cantante de los éxitos "Soy Maricón" y "Chicote" sobre su breve carrera, sus escándalos y los temas sociales que la inquietan

Vestida de novia, maquillada como una puerta y con una collar de perlas: “todas mis joyas son del Eroski, pero voy diciendo que son Swarovski”, canta Samantha Hudson sobre el escenario de Razzamatazz, “soy una burguesa arruinada”. Al final de la canción, ha acabado con el vestido de novia en el suelo, y solo con un corsé y unas medias y los labios rojos. No le van a durar mucho. Acabará en tanga, enseñando un tatuaje de Shrek que tiene en una nalga, aunque “tampoco me gusta tanto, la verdad, pero era el meme de moda y me lo tatué”. Nos lo explicaba un par de horas antes.

Samantha Hudson es más que una burguesa arruinada, es el alter-ego de Iván González, que nació como un proyecto escolar que fue muy viral. “Hice mi canción Soy Maricón para el colegio, el profesor de religión se enteró, no le gustó, lo denunció y trascendió. Al final, me acusaron de blasfemia desde la diócesis de Palma”.

“No es mi culpa follarme a un señor de 63 años”

No es el único encontronazo que ha tenido con la opinión pública: estaba amenizando un bingo popular, en una plaza, y le tocaba cantar los números. Salió el 63 y gritó: “justo como la edad del hombre con el que perdí la virginidad”. Y un policía que pasaba por ahí, la escuchó y lo denunció a los medios, que escribieron ríos de tinta. “¿Encima que me acuesto con el señor de 63 años y me cae la bronca a mí?”, se pregunta, de broma.

Sus vídeos cortos suelen hacerse virales. El archiconocido, “policía vegana, a ver ese nabo” es su último éxito, con medio millón de visitas, pero no el primero. Otro que se compartió mucho fue el de Samantha caminando con un vestido negro arrapado y cortito, con el lado descubierto y banderitas de España pegadas, yendo a la manifestación españolista en Colón (Madrid). “El vídeo no estaba grabado ese día, pero quedó gracioso”, matiza.

Usar el españolismo y los partidos de derecha es otra de sus bromas habituales. Su feed está plagado de fotos de ella con ropas de señora castiza que apoya a Vox. “Aunque bromeo diciendo que me quiero tirar a Abascal, no es cierto. A veces toca ponerse serias y recordar que el fascismo sigue viVOX”, sentencia mirando a cámara, advirtiendo a “las petardas” que la siguen.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

de la V a la O pasando por la X foto de @beyatrizzzz en el @flopfestivalpontevedra de Pontevedra

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No todo son chistes malos, denuncias por escándalo público y referentes culturales (“¿Que quién me inspira más humorísticamente?”, repite Samantha tras preguntárselo, “Eva Hache”, y se pone a reír, para acabar con “pues, en realidad, sí”). También esconde un mensaje político en sus perfomances y su breve carrera musical: “ya estoy harta de la clase alta, tanta jerarquía se quedó anticuada. Acabemos con las apariencias y con los abusos a la clase obrera, si también estás de acuerdo de verdad te recomiendo únete a la lucha y grita: ¡Marxismo!”, dice su canción estrella.

Un discurso articulado escondido bajo la modestia

¿De dónde surge este discurso? “Pues la verdad es que yo todo lo que hago, lo hago al tuntún. Lo hago porque me sale del coño hacerlo. Que sea una mamarracha y un travesti las 24 horas del día es algo que me nace de dentro y que tampoco le doy muchas vueltas. Yo hago y que luego los demás lean las metáforas y le den una analogía, y luego digo: ‘sí, me refiero a eso’”.

Pero parece que está pecando de falsa modestia, porque rápidamente suelta una frase que pocos se atreven a formular: “se habla de masculinidad tóxica, pero no existe ninguna masculinidad sana”. Asegura que la masculinidad es un constructo que solo sirve para dominar y categorizar a los demás. “La búsqueda de la masculinidad es lo que peor me ha hecho sentir en toda mi vida. Es muy duro someterse a un molde rígido en el que no encajas”, añade. Una reflexión que no solo se aplica a hombres gais, ya que todos, hasta los heteros, son víctimas de esa masculinidad que te impide abrazar tus emociones, miedos y debilidades. En definitiva, el consejo de Samantha es que “¡viva la pluma!”. 

Seguramente el hecho de rebajar importancia a su discurso es para que no se la tomen tan en serio y seguir en su línea humorística (“yo ni soy graciosa, soy solo absurda”, grita entre risas, poniendo como ejemplo una de sus canciones, Seguros de moto, que va sobre —sorpresa— vender seguros de moto). Lo hace constantemente durante la entrevista, llamarse tonto y asegurar que no tiene ni idea de nada. A pesar de eso, cita fenómenos antropológicos y, entre broma y broma, articulada toda una postura política que toca desde la masculinidad hasta la religión y la actualidad.

Una “mamarracha” que te hará reflexionar

Quizá entras a sus redes por sus chistes y su sentido del humor, pero, sin duda, te acabas quedando por su discurso. Su espectáculo, itinerante por España en fiestas queer, es ya de por sí un desafío a la heteronormatividad (¿en cuántos otros sitios pasa la performer de un vestido de novia a un tanga que rodea un tatuaje de Shrek como si fuera el marco de oro de un cuadro de la virgen?). Pero, además, a través del petardeo reflexiona sobre muchos temas sociales y subvierte los roles predominantes. Bajo esta apariencia de “me da igual” y de pasárselo bien, te está colando una masterclass sobre género, LGTBI y clase social. Y todo adobado con risas, que así entra mejor. Gracias a esta estrategia ya ha logrado desarrollar un fenómeno fan: en cuanto se arranca el collar en medio del escenario de Razzmatazz y lo tira al público, todos se pelean por esas perlas de plástico del súper como los abuelos que salían pegándose en el primer día de rebajas en los telediarios.

Samanta Hudson en Razzmatazz | Sara Hernández

Es una fiesta corta, apenas canta unas canciones, pero te deja más satisfecho que algunos conciertos de horas. Bailas, cantas y, sobre todo, te lo pasas bien sin necesidad de beber. Para mí, que soy una persona que empieza a beber tequila a las ocho de la tarde para divertirme, es todo un logro, una de las pocas fiestas en las que puedo decir que me he sentido así. Si pasa por tu pueblo, asegúrate de ir a verla. “Solo tengo un álbum, pero sé cómo hacer para que en mis conciertos te lo pases bien”, dice riendo, jugando con los dobles sentidos mientras concluye la entrevista.