"Mis padres eran súper religiosos pero dirigían en secreto un imperio de cine gay"

El matrimonio Mason vivía una vida digna de alabanzas en su sinagoga pero eran propietarios de una cadena enorme de Los Angeles

Barry Mason empezó la década de los 60 trabajando como ingeniero de efectos especiales de Hollywood, en películas como Star Trek y 2001 Space Odyssey. Karen, por su parte, era una periodista en Chicago. Se conocieron en un evento para judíos religiosos solteros. Se enamoraron y se casaron. Tenían trabajos respetados, acudían a la sinagoga religiosamente y a todos los eventos de la comunidad. Sin embargo, para el 2010 acabaron convertidos unos magnates del porno gay y propietarios de una de las cadenas más famosas del barrio queer de Los Angeles.

Esta escalada argumental empieza cuando, a mitad de los 70, tanto Barry como Karen se encuentran sin trabajo con el que empezar una familia. Karen, desesperada, encontró un puesto de distribuidora de una revista porno hetero, Hustler y, como estaban desesperados, lo aceptó. Habían entrado en la industria del porno, a la cúspide de la cual iban a llegar en unos pocos años.

Rachel Mason

A medida que iban aumentando los pedidos y convirtiéndose en muy buenos comerciales del porno, fueron teniendo hijos. Se dieron cuenta que si apostaban por el porno gay podrían ganar más dinero para que su familia pudiera prosperar mejor, por lo que compraron algunas revistas de este género y, a principios de los 80 con el dinero que consiguieron, compraron Book Circus (que rebautizaron como Circus of Books), la librería erótica gay más famosa de Los Angeles.

Sin embargo, todo esto era casi bajo secreto de sumario. Nadie sabía nada: ni tan siquiera sus tres hijos, Micah, Rachel y Josh, que cuentan la historia a la BBC. “Teníamos unas estrictas instrucciones: prohibido tocar o mirar cualquier cosa si íbamos a la tienda. Prohibido mencionarla a las visitas. Prohibido pronunciar su nombre”.

Rachel Mason

Pero a medida que los hijos iban creciendo, cada vez era más difícil ocultarlo. Micah, el mayor, se encontró un VHS porno en el coche de su madre, profundamente religiosa y moralista. Los vecinos lo descubrieron y se extendió el cotilleo hasta que llegó a la hija, Rachel, cuando todavía no sabía ni lo que era el porno. “Yo no me lo creía, mis padres tan conservadores no podían ser los propietarios del local de porno gay más grande de Los Angeles”, recuerda.

Sus padres estaban creando una franquicia muy exitosa y trabajando con Jeff Stryker, el “Cary Grant del porno”. Uno de los episodios más surrealistas que vivieron fue cuando Reagan aprobó la ley antiporno y la tienda de Mason fue redada por el FBI y estuvo bajo riesgo de ir a la cárcel, aunque su abogado logró que no fueran a juicio. Y sus hijos sin saberlo.

Pero lo que tampoco sabían sus hijos es que además de dar rienda suelta a las fantasías de los homosexuales de L.A., también se convirtieron en el refugio de una comunidad castigada socialmente por el VIH. Estos judíos moralistas y conservadores no dudaron en ayudar a sus empleados, del colectivo LGTBI, durante la epidemia del SIDA. Intentaron que no perdieran su seguro de salud a pesar de que no pudieran trabajar en días de bajada de defensas por el virus. Cubrían sus turnos, les pagaban en negro si era ilegal que trabajaran y, además, visitaban en el hospital a aquellos cuyas familias los habían repudiado por su orientación sexual.

Rachel Mason

Pero el mayor reto para esta familia fue aceptar que Josh, el benjamín de la familia, era homosexual. “Dios me ha castigado por mi empleo”, le dijo Karen en cuanto salió del armario. Se dio cuenta que estaba a favor de los gais… pero fuera de su unidad familiar. Sin embargo, como conocía a tantas personas LGTBI intentó entenderlo, abrirse de mirar y aceptar a su hijo. La salida del armario le sirvió para acabar de sacudir sus prejuicios más arraigados y apoyar, definitivamente, la comunidad queer, aunque en su sinagoga la juzgasen. “Me uní a una organización de padres LGTBI porque tenía que apoyar a mi hijo”, recuerda.

Siguieron con su vida y su tienda hasta el boom del internet. Las tiendas de los Mason han ido cerrando: la última, en febrero de 2019. Cuando echaron la persiana no se imaginaron que llegaría tanta gente a recibirlos y a llorar la pérdida de la tienda. Supervivientes del SIDA, gais que encontraron apoyo en el matrimonio Mason, antiguos empleados y consumidores veteranos… Todos fueron a apoyar y a agradecer su trabajo a este matrimonio que, en un entorno conservador, fueron padres, confidentes y protectores de mucho.

Ahora, su hija Rachel está produciendo junto a Ryan Murphy, creador de American Horror Story, Pose, Glee o American Crime Story, un documental para Netflix que se estrenará en 2020 y que detallará todas las peculiares historias que orbitaron alrededor de este enclave histórico de la comunidad gay californiana.