"Los memes españoles todavía tienen ese tufillo al humor de Arévalo o Bertín Osborne"

Laura Tabarés (La pícara Justina) es investigadora artística y feminista. Ha decidido aplicar estos conocimientos al mundo de los memes, dispuesta a revolucionar la 'memesfera' española

“Mi hobby es perrear en mi habitación donde solo me siento acosada por la burbuja del alquiler”, dice uno de los memes de Laura Tabarés, conocida como La pícara Justina en su cuenta de Instagram. Empezó hace menos de un año con su página de memes y ya está cerca de los 10 mil seguidores. ¿El mérito de su cuenta? Aprovechar que el feminismo ha roto el silencio que envolvía ciertos temas polémicos y abordarlos desde el humor de Internet.

Pero Tabarés no es solo La pícara Justina, una ‘memera’. También es investigadora artística y eso le ha permitido reflexionar mucho sobre los memes: ¿son una forma de comunicación o pueden ser considerados arte? Para responder esta cuestión, entre otras muchas preguntas, la hemos entrevistado sobre Internet, humor, feminismo, arte y lenguaje digital.

Código Nuevo: ¿Cuándo nace La pícara Justina?

La Pícara Justina: La ‘memesfera’ española estaba plagada de un humor que yo llamo neocostumbrista, que recuerda al humor de Arévalo o Bertín Osborne, un humor que pasa por alto las nuevas sensibilidades y que cae fácilmente en el machismo y el fascismo. Yo, que llevaba más de diez años haciendo memes para mis amigas hablando de “cosas de chicas” me inspiré en las ‘memeras’ de Estados Unidos que hablaban de estos temas y decidí irrumpir en la masculinizada escena española con algo similar.

Esto fue en mayo de 2019, y desde entonces el panorama ha cambiado muchísimo. Empecé que prácticamente no había cuentas de chicas que hablasen desde el humor de salud mental, género o identidad. Pero ahora sí, y son muy cañeras. Lo cual me alegra, es muy importante esta representación en el humor gráfico y de Internet, un sector que siempre ha sido hostil para nosotras.

CN: ¿Por qué el nombre de La pícara Justina?

PJ: Es el nombre del primer personaje femenino que protagoniza una novela picaresca española. Además, ella es de Mansilla de las Mulas (León), de donde es mi abuela, y siempre había oído hablar de esta “Quijote feminista”, una mujer liberada, aventurera… Así que, aprovechando que el humor de la ‘memesfera’ se autoproclama costumbrista, una especie de recuperación de la sátira postmedieval y los autores burlescos, decidí jugar a ese juego e irrumpir como la pícara Justina.

CN: Tú tienes formación artística. Como experta, ¿crees que los memes pueden ser arte?

PJ: Creo que todavía está por ver. Por ejemplo, el arte tiene unos materiales. Entonces, ¿qué es una página de memes? No tiene un soporte físico, pero sí que tiene otros materiales nuevos que se proyectan a un arte del futuro, como la circulación (compartir, comentar y discusión). Yo creo que es un material y que, si el arte es un síntoma de sentires y pareceres generacionales, una cuenta de memes puede ser artística.

CN: Tus memes son muy generacionales, forman parte de ese "internet raro" que se le escapa a los boomers y personas mayores. ¿Tienen edad Internet y los memes?

PJ: Internet no tiene edad y los memes tampoco. Hace unos años, un día me levanté y mi madre me había enviado un meme, parecía impensable, pero estaba ahí. O mi padre, que enseña memes a mi abuela y se parte (aunque tarda 20 minutos en leerlo). El meme es un género al cual te tienes que acercar. Algunas generaciones lo tienen más fácil, pero tampoco es exclusivo de ellas. Si te esfuerzas, puedes entrar. Al final, para entender los memes la clave es verlos una y otra vez, y al final acaban entrando super fácil.

CN: Además, todas tus creaciones tienen un aspecto muy definido. Un collage con letras y fotos bastante random. ¿Cómo llegas hasta esta estética?

PJ: La estética está muy pensada para que sea siempre unitaria. Pero creo que, aunque no lo hice a propósito, me vi muy influida mientras la diseñaba por las revistas de mi adolescencia. Por ejemplo, la Loca (la Súper POP para chicas malas) o el fotolog, revistas y webs con muchos colores, una especie de rebelión al aburrimiento de los libros de texto para las millennials adolescentes. Estas revistas eran una fantasía estética que quise replicar y que, además es muy nuestra, porque los hombres hetero no accedieron a estas sensibilidades ‘artísticas’.

CN: Las letras 3D, además, recuerdan al WordArt, a la infancia de los 90 y los 2000. Tus memes tienen regusto al primer contacto de muchos con Internet.

PJ: Sí, recuerdan al típico PowerPoint que te mandaba tu tía con música. Quizá es un referente más inconsciente, pero como el 50% de mi público son chicas de 18 a 25, incluso más adolescentes, quería dirigirme a ellas, e igual he remitido a la estética de mi propia adolescencia, a estas revistas e imágenes digitales que viví. 

CN: Usas esta estética tan humorística para tratar temas muy serios (violencias, ansiedad, relaciones de pareja, etc.). ¿Funciona?

PJ: Me lo he planteado muchísimo, pero pienso que, si a mí me sirvió, a otras también. Y no solo lo hago para que ayude a alguien, sino como gesto. El humor ha estado hecho durante siglos por aquellos que podían hacer humor (es decir, hombres privilegiados blancos y heteros), por lo tanto, los sujetos que no podíamos hacer humor (mujeres, personas racializadas o colectivo LGTBI) teníamos que consumir el suyo. Y que a día hoy seamos estos colectivos, personas que hemos estado al margen, los que podamos cambiar el humor me parece revolucionario. A mí me emociona hacerlo.

CN: Tocas temas que han estado ignorados sistemáticamente y que ahora, aunque se han popularizado, todavía siguen en déficit. ¿Hablas desde la primera persona?

PJ: Siempre hablo desde mi experiencia porque creo que es importante. Me permite salir de una figura que no soporto, la del intelectual que habla sentando cátedra de lo ajeno, desde fuera. Contar mis experiencias me empodera y, de la misma forma que las ‘memeras’ estadounidenses me dieron la capacidad de imaginarme diciendo lo que pienso sin miedo (porque yo entonces no tenía esa capacidad), creo que estoy intentando hacer lo mismo para las demás, ayudar a otras a expresarse sin tapujos.

CN: ¿Hay algún tema que hayas tratado y del que estés especialmente orgullosa?

PJ: Pues sí, la violencia de género. Creo que no se estaba hablando de ella desde los memes. Sí que es verdad que hay humoristas que lo han hecho, como Pamela Palenciano con el monólogo No solo duelen los golpes, pero son otra generación. Entonces, verme a mí, una millennial, o a chicas de 20 años, que están empezando, hablando de la violencia de género y del abuso en la pareja heterosexual desde los memes es muy importante.

CN: Tienes unas opiniones muy explícitas, por lo cual es lógico pensar que has ido cultivando haters.

PJ: Sí, estos dos últimos meses han sido atronadores. He recibido mucho hate no solo porque sea una mujer que hace memes, sino que, además, trato temas con preocupaciones de mujeres. Lo achaco a que son opiniones muy frontales, no hay tibieza ni ambigüedad. Puedo resultar agresiva. Por eso, creo, hay muchos que tienen miedo. Ven que somos muchas y que nos cuidamos entre nosotras, lo cual se traduce en críticas desde sus espacios o en acosarnos (a mí y a otras ‘memeras’ como yo) por privado, donde no podemos defendernos bien.  

Y es lógico que suceda esto. Nunca se han sentido atacados, interpelados o cuestionados. Son personas que rescatan un humor que se ha hecho desde la impunidad, y siguen haciéndolo. Y de repente llega alguien que dice: “oye, que este chiste es hipermachista”, y se sienten violentados. Y ante la violencia, responden con más violencia. Un amigo ya me advirtió de que por cada paso que diera iba a ser cuestionada mil veces más que cualquier chico memero. Y la realidad es que ha sido así, y lo he pasado mal.