Me hice un calendario de pajas para convertirme en un ‘dios del sexo’

La adicción al porno provoca que muchos jóvenes se masturben con excesiva frecuencia y afecte a su vida sexual en pareja

Mi vida sexual es como la de mi perro: inexistente. Saki tiene dos años y nunca probó el sexo, yo tengo 35 y no follo nunca. Pero mi idilio con la abstención sexual calculada no viene de ahora, que no tengo pareja ni ganas de buscarla (mírate mi artículo de Tinder, plis), sino que comenzó hace tiempo. Hace un par de años, cuando estaba en una relación monógama, conocí a un maestro del kung-fu sexual que me dio un sabio consejo: “La energía sexual es un tesoro que se debe preservar y sublimar. A partir de los 30 deberías reducir el número de eyaculaciones semanales a uno o dos máximo”. Desde entonces, cada vez que he follado o me he hecho una paja ha sido un proceso consciente y calculado. Te lo voy a decir más claro porque no sé si se entiende la importancia de esta decisión: desde que me hice un calendario de pajas me convertí en mi equivalente personal de un ‘dios del sexo’. Y no, no tiene nada que ver con ser un machote o un empotrador, es algo mucho más sutil y enriquecedor.

Pajearte sin sentido no te aporta nada

OK, si has leído el primer párrafo en este momento debes pensar que soy un flipado que se ha leído dos libros de budismo tántrico del Tíbet y se cree un mahasiddha (gran maestro). Tampoco soy uno de esos frikis del movimiento NoFap que piensa que no pajearse durante 91 días te resetea el cerebro conviertiéndote en un ser de luz y te cita los ejemplos de Leonardo da Vinci, Nicola Tesla o Albert Einstein como los ‘no pajeros’ más influyentes de la Historia. Como si no eyacular te diera superpoderes o alguna una mierda de esas. Pero en toda falacia hay algo de verdad y algo de todo esto tiene mi historia. Inspirado por las palabras de José Toirán, el experto en kung-fu sexual que me recomendó no darle tanto a la manivela y que basa toda su teoría en la filosofía del Tao de China, comencé a explorar mis deseos y mis pulsiones sexuales para entender, entre otras cosas, de dónde venían las ganas de pajearme viendo porno en lugar de disfrutar del sexo con mi pareja de entonces.

A nadie se le escapa que consumir porno y masturbarse con él puede modificar la actividad cerebral porque básicamente supone un chute de dopamina que te hace sentir alegre y satisfecho. El problema es que como ocurre con las drogas cada vez necesitas un chute más alto. Y no es que me pasara el día viendo porno, pero sí que caían una o dos pajas semanales. Esto, en términos taoístas, significaba que me estaba ‘gastando’ toda la energía que debería estar empleando en tener sexo de calidad con mi pareja. Y siempre, pero quizá más cuando llevas años en una relación monógama, las ganas y la energía durante una relación sexual marcan la diferencia entre conectar con tu pareja (lo que los budistas tántricos llaman el maithuna) o utilizarla de satisfyer tamaño natural. Y yo, que amaba a mi pareja, no quería caer en algo tan triste. Por eso comencé a practicar tímidamente los consejos del maestro. El plan comenzaba por aprender a masturbarse sin correrse y reservar el semen únicamente para el sexo en pareja. El dolor de huevos comenzaba.

Ni se te ocurra probarlo sin supervisión

Antes que nada tienes que saber que ya me rajé con el Plan A antes de empezar. Primero, porque no pude acudir al curso de un fin de semana que organiza Toirán, segundo, porque pajearme sin correrme me parecía un locurote y, tercero, porque todo el proceso es realmente complejo y debería estar acompañado de una práctica espiritual a la que no estaba acostumbrado (yoga, visualizaciones, meditación) que, en teoría, debería implicar a tu pareja y permitirte sublimar esa energía sexual acumulada para entrar en estados alterados de conciencia. Más o menos lo que en el hinduismo se conoce como el sendero de la mano izquierda o vamachara. Y, aunque la teoría suene de puta madre, cualquier error o una mala práctica puede ser una liada muy grande. “Se ha demostrado que la eyaculación —y el número de veces que un hombre la experimenta— podría influir en su salud. Es decir, no eyacular durante largos períodos de tiempo podría generar cierta propensión a algunas enfermedades, como por ejemplo: mayor probabilidad de desarrollar cáncer de próstata”, explica el director clínico del Instituto Madrid de Sexología, Héctor Galván. 

Vale, una vez aclarado que ponerse en plan pequeño Buda es bastante irresponsable, te explico en qué consistió mi plan B: una paja cada 10 días, nada de porno y reservarse al máximo para la pareja. No parece tan heavy pero no tocarse en periodos de más de una semana es un verdadero reto que te hace vivir tu sexualidad de una manera muy diferente. El objetivo del método es simplemente limitar el número de eyaculaciones al máximo para ir acumulando lo que desde el tao y el tantra se podría denominar ‘energía sexual’. Según estas doctrinas, cada hombre nace con un número limitado de eyaculaciones o veces que podrá derramar su energía, es por ello que los hombres que han desperdiciado esta energía por su estilo de vida volcado en las pasiones acaban perdiendo su fuerza y su vigor llegando, en casos más extremos, a la impotencia. Simplemente se les ha acabado la gasolina. 

El semen es como la batería del móvil

El número de eyaculaciones dependerá de cada uno. En general, los hombres pueden llegar a eyacular unas 7.000 veces en su vida, tanto con relaciones sexuales como con masturbación”, apunta Galván sobre el tema. Por tanto, un hombre promedio podría permitirse eyacular cada día durante 19 años antes de experimentar problemas de eyaculación. Sin embargo, es evidente que como apunta al especialista es un cálculo estimado que puede variar enormemente ya que, sin ir más lejos, el actor porno Nacho Vidal ha llegado a afirmar en varias entrevistas que ha tenido relaciones sexuales con al menos 5.000 mujeres. Pero más allá de los fríos datos y teniendo en cuenta que aquí nadie pretendía emular al actor de los 24 centímetros, paso a contar en qué me ayudó el tema del calendario de pajas y qué ventajas noté en mi vida sexual.

Para empezar, cuando eliminas en parte el deseo sexual de tu vida diaria notas una paz y una relajación muy heavy. Es como si después de no correrte en 7 días entraras en una fase de relax en la que tranquilamente podrías quedarte otra semana sin tocarte. Eso sí, llegar a los primeros días es muy muy complicado y a los cinco las ganas de ‘descargar’ son demasiadas. Vamos, que los primeros días vas salido en plan me empalmo sin control. Sin embargo, con la práctica se van controlando los impulsos y dejas de necesitar tocarte tan a menudo y mucho menos de ver porno. También puede tener que ver que con que con 35 años no voy a paja por día como hacía hasta que cumplí los 30 (aproximadamente). El caso es que al no tocarte durante tantos días cuando tienes una erección es LA ERECCIÓN. Quiero decir que de verdad experimentas el máximo que puede dar tu pene (el 71% de los hombres tienen ‘penes de sangre’, es decir, que su tamaño depende íntegramente de la cantidad de sangre que consiga albergar).

Es como ir con el 100% de la batería en el móvil y eso se nota en el momento en el que, por fin, tienes sexo. Lo primero es que la sensibilidad aumenta enormemente y redescubres muchísimas sensaciones que el masturbarte de manera habitual había minimizado. Otra cosa es que te notas muchísimo más excitado ya que al haber eliminado los estímulos durante los días previos cualquier estímulo visual o de situación te resulta infinitamente más estimulante (está comprobadísimo que consumir porno modifica la estructura cerebral y te insensibiliza). Y luego viene la parte de la penetración, oh yeah. Desde luego no masturbarse mejora muchísimo la potencia de la erección y el sexo con penetración pasa a otro nivel. Más vigor, más resistencia y más de todo. La sensación se vuelve tan intensa que el único desafío es no correrse demasiado pronto pero, de igual manera que has aprendido a controlarte durante toda la semana, hay que extender ese control al momento del coito. 

Deja de buscar al dios del sexo: no existe

Y llegados a este punto, tengo que decir que algo de razón debe tener toda esta filosofía tántrica porque realmente notas una sensación casi eléctrica durante el sexo que llega al máximo durante el orgasmo. Es entonces cuando por fin puedes liberarte y experimentar la sensación de bienestar que la sigue. Es algo así como haber ido al gimnasio y quedar entre agotado y extasiado. Quizá no estoy descubriéndole nada a nadie con toda esta paja mental de abstinencia y búsqueda de una mejor experiencia sexual, pero puedo decir que, después de una relación sentimental monógama de varios años y a partir de cierta edad, tomarse el sexo de una manera más sana puede ser la diferencia entre sentirte satisfecho y satisfacer a tu pareja o sentirte frustrado y, de paso, frustrar a tu pareja. El deseo es un gran amigo pero también el mayor de los enemigos y aprender a controlarlo es una de las claves para conseguir estar en armonía. 

En un mundo en el que hemos tomado el sexo como una necesidad de consumo (el segmento mayoritario de los usuarios que buscan anuncios de prostitución en su web ya son hombres de 25 a 35 años) y a nuestras parejas sexuales como objetos que consumir no está de más experimentar un poco con la tranquilidad y el autoconocimiento. No es que planificar mis pajas me haya convertido en un dios del sexo, pero sí que me ha hecho experimentar la sexualidad desde otra perspectiva y, en su momento, recuperar la pasión con la pareja. Al igual que ahora las personas hemos tomado conciencia de la importancia de controlar la alimentación y evitar los excesos en general, es necesario que muchos hombres entiendan que pajearse todos los días viendo porno no es precisamente la mejor de las estrategias para tener una vida sexual plena. En el tema sexo no hay que pretender ser un monje tibetano pero tampoco Nacho Vidal, para todo hay un equilibrio y el desafío está en encontrarlo. Aprendamos a pensar en calidad y no en cantidad, please