Guía completa para ligar en tiempos de feminismo

Las claves con el amor propio, la empatía y la educación, a partir de ahí cualquier tío heterosexual puede ligar perfectamente 

'Es que ahora ya ni se puede ligar', dicen los hombres (y algunas mujeres) heterosexuales confuso/as con el feminismo. Esos que consideran que el acoso callejero no es para tanto, que son 'piropos' y, ahora que la tendencia es multar —con hasta 750 euros como en Francia— su forma de relacionarse con las mujeres, se sienten perdidos. Así que hemos elaborado una guía para que no tengáis miedo a este imprescindible cambio social. Claro que se puede ligar, solo que de otra manera y teniendo en cuenta ciertas premisas.

1. Acosar no es ligar

Que un señor de 50 años le diga 'guapaaaa', 'ese cuerpo' o le haga ruiditos de animal a una niña de 18 años al pasar por la calle, no es ligar. Que un tío se le acerque a una tía en una discoteca arrimando cebolleta y con cara de baboso, no es ligar. No hay registros de ninguna relación que haya empezado después de que él le dijera a ella por la calle 'ven aquí que te folle' ni tampoco ningún se conoce ninguna chica que se haya vuelto en un bar a buscar al hombre que le acaba de tocar el culo para proponerle echar un polvo. Las cosas no funcionan así.

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2. Ligar en la calle

No es lo mismo que un tío de lejos te suelte una guarrada en la calle a que se te acerque y te diga: "Hola, perdona, es que te he visto y me has llamado muchísimo la atención. Te dejo mi teléfono y, si te apetece, quedamos un día para tomar algo y conocernos mejor". Lo primero te indigna porque un desconocido se permite opinar sobre tu cuerpo, te violenta y te hace sentir insegura, en cambio lo segundo, aunque el interés no sea mutuo, si se hace con educación no molesta en absoluto, al revés, te puede sacar una sonrisa.

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3. Las tías también queremos follar

Al acercarte a alguna desconocida, tampoco tienes por qué prometerle amor eterno si lo único que quieres es echar un polvo. Recuerda: ¡A nosotras también nos gusta follar! Pero mientras que biológicamente los hombres son más propensos a sentir atracción sexual a través de la vista, las mujeres necesitamos otro tipo de estímulo (además de la vista): alguien con carisma, con una gran sonrisa, que sepa bailar, que tenga una mirada interesante, sentido del humor... Cada uno tiene que encontrar su punto fuerte y explotarlo. Pero no hay nada que de más ganas de follar como la autoconfianza y el amor propio, que no significa ser un chulo egoico, eso simplemente enmascara la inseguridad. 

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4. Aceptar el rechazo con deportividad

Cuántas veces no te ha pasado que viene un tío a ligar, le dices que no y se pone agresivo: "pues que te jodan, quién te has creído, ni siquiera estás tan buena"... Pero cuando un hombre se quiere a sí mismo y sabe lo que vale, el hecho de que una mujer le rechace, no le va a suponer ningún trauma. De hecho, va a pensar (sin decirlo, porque eso también es de mal perder) que ella se lo pierde, porque es un tío fantástico y seguro que encontrará a otra chica a quien se lo pueda demostrar

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5. Entender los malos humos

Si te acercas a una tía y te contesta borde, en lugar de ponerte más borde todavía, podrías intentar empatizar. Aunque tú hayas sido todo lo educado que puedes, a lo mejor eres el quinto tío que se le acerca hoy y los otros cuatro han sido para decirle todo lo que harían con su cuerpo con o sin su consentimiento. Las mujeres también tenemos un problema y es que, si somos simpáticas y sonreímos es posible que digan que 'vamos buscando' y, si nos violan, pues que lo merecíamos, como le está pasando a la víctima de La Manada. Eso para no hablar ya de la ropa que llevamos o las horas a las que salimos de casa.

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6. Las que follan son unas guarras

Cuántos de esos tíos que van a ligar y a echar un polvo luego consideran que las tías con las que han follado son unas guarras y las desprecian. Así que, aunque nos guste follar, como decíamos en el punto 3, tenemos que evitarlo o retrasarlo al máximo posible, no vaya a ser que se nos cuelgue el cartel de 'puta' y se nos descarte de entre las mujeres 'respetables'. Porque, aunque parezca una mentalidad prehistórica, todavía hay muchos tíos que no querrían estar con una chica que se ha acostado con más hombres de lo que en su cabeza considera 'normal', o que ha estado con varios de sus amigos.

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7. Cambio de mentalidad

Las mujeres que asumen su sexualidad y expresan su sensualidad son igual de maravillosas que las que prefieren no hacerlo y ninguna de ellas merece ser menospreciada. De hecho, si aflojáramos estas ideas tan retrógradas, a lo mejor las chicas se permitirían mucho más tomar la iniciativa. Se podrían acercar a ti y decirte: "oye, me has llamado la atención, ¿te apetecería echar un polvo un día de estos?". Y que los dos disfrutarais de una sesión de sexo con respeto y orgasmos bidireccionales. 

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8. Tabú sexualidad

Pero para eso la sociedad se tiene que quitar unas cuantas telarañas de la mente sobre la sexualidad y eso empieza por uno mismo. En primer lugar estar dispuesto a mirar hacia dentro y revisar cuáles son tus creencias sobre este tema. Tomar la decisión de si quieres seguir viviendo en función de ellas y pedir ayuda si detectas que algunas te sobran pero no sabes cómo descartarlas porque te las han inculcado desde pequeño. 

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Vivimos todos el sexo de forma tan reprimida que luego, con el alcohol o las drogas, salen con fuerza impulsos que no sabemos controlar. Si un hombre viviera su sexualidad de forma sana y satisfactoria no tendría la necesidad de penetrar a una mujer sin su consentimiento o cuando está semiinconsciente. Entonces las mujeres tal vez podríamos abrirnos también y no vivir el sexo como si fuera una flor preciada que le tenemos que entregar a alguien para que la disfrute. Porque nosotras también disfrutaríamos y nadie nos juzgaría por ello.

Claro que es más fácil decir 'estas feminazis están locas y no nos dejan ligar' que bucear hacia las profundidades de uno mismo y cuestionarse el comportamiento de raíz. Pero podemos intentarlo, ¿no?

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