Goldman Sachs No Ha Entendido Nada Sobre Los Mileniales

Nunca pensé que a una mujer adulta, formada y emocionalmente estable se le pudieran saltar las lágrimas por ver una infografía. ¡Una infografía! Empezó al tercer scroll down y, al llegar abajo del análisis que ha hecho Goldman Sachs sobre los mileniales, ya estaba llorando como una madalena. Tanto que me he tenido que ir corriendo al baño para que mis compañeros de oficina no pensaran que mi novio me acababa de dejar por el whatsapp.

En esta infografía interactiva, que el gigante de la banca de inversión publicó en 2015, se hace un análisis de nuestra generación, la de los nacidos entre el 1980 y 2000, como si de una manada de cerdos se tratara. Analizan nuestra forma de ser, nuestras aspiraciones laborales, cuándo pensamos casarnos, comprarnos una casa o cuáles son nuestros gustos y aficiones. Todo ello, por supuesto, para estudiarnos como mercado y para que las grandes empresas ‘se adapten’ a nosotros y aprendan a ‘enchufarnos’ sus productos ahora que, como dicen, estamos “llegando a los años de mayor gasto” de nuestra vida.

Pues mira lo que te digo, Goldman Sachs, ¡no has entendido nada de los mileniales! ¡You haven’t understood anything!, para que no te lo tengan que traducir. Si somos como somos es a consecuencia del mundo de mierda que nos has dejado. Nos criaron diciéndonos que si estudiábamos mucho, tendríamos un trabajo satisfactorio y un sueldo decente con el que sufragar una vida familiar y social digna. Y nosotros cumplimos con nuestra parte, pero como a gente como tú o tus colegas de Lehman Brothers, se os fue la mano en vuestra partida de póker de inversión en 2008, la liasteis parda y la pagamos el resto del planeta.

No es que no hayamos comprado porque no hemos querido, no es que no nos hayamos casado porque no nos ha apetecido, ni que no tengamos hijos porque se nos haya parado el reloj biológico. ¡Es que no hemos podido! Porque hemos estado ocupados sobreviviendo al fucked up world que nos habéis dejado. Cuando estamos en el colmo de la desesperación, decidimos mandarlo todo a la mierda y montar nuestro propio negocio, cuando no nos queda nada en la nevera, abrimos Wallapop y subimos fotos de todos esos trastos por lo que nos podemos sacar unas perrillas. Y cuando ya estamos a punto de explotar, cogemos un coche compartido de Blablacar y reservamos un Airbnb barato en alguna otra ciudad para desconectar.

Y oye, con el tiempo nos hemos dado cuenta de que tampoco está tan mal. Que hemos conocido gente que está igual de jodida que nosotros, nos hemos echado unas risas y que al fin y al cabo tampoco necesitábamos ese coche, ni esa casa en la playa que les vendisteis a nuestros padres. Además estamos colaborando a que nuestro mundo sea un poco más sostenible, porque en lugar de comprar la bici nueva, se la compramos al vecino que la tiene cogiendo polvo en el garaje, y así los niños de Bangladesh, que ha habían ensamblado, tendrán un día de descanso, y las minas de África, de donde habían salido las materias primas, contaminarán un poco menos.

Por lo que, querida mente prodigiosa de Goldman Sachs que has ideado esta infografía sobre nosotros desde tu lujoso apartamento de Chelsea en Londres, a unas paradas de metro de donde muchos hemos estado poniendo cafés y fregando váteres, tengo que decirte que no has acertado. Ni lo intentes de nuevo. Porque no acertarás a enclaustrarnos a toda una generación en tus análisis y tus estadísticas. Solo conseguirás hacernos llorar. Otra vez.