Los fans del K-pop declaran la guerra de memes al racismo en las cuentas de Vox

"Facha que veo, facha que fancameo", decían mientras colapsaban las búsquedas de Abascal y su partido con vídeos de cantantes bailando sobre la tumba de Franco, el coche de Carrero Blanco o una versión maquillada de Abascal

Tras la muerte de George Floyd, las protestas contra la impunidad policial y el odio racial llenaron las calles de Estados Unidos. Rápidamente, estas manifestaciones físicas se trasladaron a lo online, y la batalla se internacionalizó. Todo el mundo demostró el apoyo a su bando, ya fueran los manifestantes o el gobierno de Donald Trump, que pedía “ley y orden”, declaró “terroristas” a los antifascistas y decidió reprimir, aunque fuera usando la violencia, las manifestaciones. El partido Vox se alió con este último, dándole apoyo con un tuit que calificaba a los manifestantes de “terroristas callejeros amparados por millonarios progres”.

Lo habitual sería, en respuesta a este mensaje, cientos de comentarios de sus seguidores, soltando comentarios sin filtros, atacando a colectivos minorizados y movimientos sociales. Pero esta vez no. Todos los comentarios eran iguales: vídeos, vídeos y más vídeos de cantantes de pop coreano bailando sobre la tumba de Franco, el coche de Carrero Blanco o una versión maquillada de Abascal. Había empezado la guerra de memes K-pop.

Aquellos adeptos a Twitter ya sabrán que es muy habitual encontrarse con fancams coreanas en respuestas a tuis. Es decir, spam de fans del K-pop que suben sus vídeos para ganar visualizaciones y posicionar mejor sus ídolos sobre otros artistas. Normalmente lo hacen en tuits virales, sin ningún tipo de objetivo más allá de darles visualización. Para hacerlo, cuentan con redes internacionales muy bien organizadas a través de grupos de Whatsapp y otras aplicaciones. Esta vez decidieron usar estas redes para enviar un mensaje: colapsar y bloquear todos los tuits racistas y discriminatorios. La acción fue tan multitudinaria que los hashtags que usaban, #fachaqueveofachaquefancameo o #Abascalprincesa, fueron trending topic mundial durante horas.

En España lo empezó la twittera @gwsncity, fan del grupo coreano GWSN, que como explica a El País, “yo antes ya les ponía fancams a Vox y a Abascal pero lo hacía más para fastidiarles, de hecho @vox_es me tiene bloqueada”. Sin embargo, viendo la retahíla de mensajes contrarios al movimiento #BlackLivesMatter que se estaban generando en las respuestas a los tuits de Vox, decidió convertir estas acciones individuales en una sola organizada e invadir con sus vídeos y memes sus respuestas, para que los comentarios cargados de odio quedasen invisibilizados e inaccesibles entre el aluvión de vídeos. De hecho, el hashtag #Abascalprincesa también sirvió para petar el algoritmo y que, si buscabas los mensajes de Abascal sobre las revueltas raciales, Twitter te lo recomendase por encima de su perfil oficial. Y así, dificultar el acceso a sus mensajes y los de sus seguidores.

Por supuesto, el éxito de estos hashtags no solo ha sido por los kpopers. Aquellos ajenos a su fandom, en cuanto vieron sus intenciones se sumaron, aplaudiéndolos y replicando su estrategia para silenciar a todos aquellos que reproducían, calcado, el mensaje político de Vox, Trump y Abascal. Gracias a este reconocimiento, los kpopers están disfrutando de su minuto de gloria. Han pasado de villanos (por su constante spam) a héroes (claro, en los sectores de izquierdas y los antifascistas).

Las acciones K-pop se han convertido en algo global. En Dallas, por ejemplo, la policía desarrolló una app para localizar e identificar manifestantes con la ayuda ciudadana, y los fans de K-pop lograron colapsarla. Lo mismo en Instagram, con el hashtag de #whiteouttuesday, que inundaron con memes y tonterías para que los mensajes de odio se perdieran. Aunque los fans de lo coreano llevan usando esta técnica para desprestigiar a sus “rivales” musicales, ahora parece que también tiene usos políticos. En este caso, para desestabilizar a Trump, sus aliados políticos y los mensajes de sus seguidores. Como se pregunta El País, ¿será esta guerra sucia el futuro de las campañas electorales?

CN