No echo de menos a mis amigos

Tengo que admitir que tal como me he montado el confinamiento, no he podido sentir la soledad tal y como lo esperaba

Al principio de la cuarentena pensaba que no aguantaría quince días sin socializar. Van cincuenta y he sobrevivido bastante bien. Todos los días hago una media de dos videollamadas con amigas, estamos todo el rato conectadas y sí, las echo de menos, pero tampoco tanto.

No me señaléis como mala amiga que tampoco es eso. Pero es que siento que el hablar tanto por redes hace que no me dé tiempo a echar de menos. Los primeros días era divertido, nos conectábamos, abríamos una cerve, nos contábamos qué tal el día, hablábamos –cómo no– del covid19 y estaba bien. Ahora ya no hay tema de conversación, da pereza y nos conectamos solo dos o tres porque el resto no da señales de vida. Se ha convertido en una obligación social  (solo en algunos casos). 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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¿Qué pasa si no te echo tanto de menos? ¿Es extraño? ¿Raro? ¿Debería sentirme culpable? No lo creo. Al final es una respuesta normal. Sí, echamos de menos ir a un concierto, estar en una terraza, tocarnos… pero al final estamos 24/7 conectados por Instagram, Twitter, TikTok, WhatsApp, zoom y Skype. Me sé de memoria sus rutinas y sus pijamas. Lo que realmente me apetece es desconectar y poder echarlos de menos.

"Sentirse conectado con la gente que quieres tiene efectos positivos, pero al final desconectas de la realidad y de las personas con las que estás viviendo esto. Las videollamadas presentan una doble cara, no dejan de tener los mismos aspectos negativos que cualquier otra tecnología: te vuelve adicta, y cambia tus hábitos para poner eso en primer lugar", comenta Lucía Regalado, psicóloga social. Los profesionales ya hablan de angustia y agotamiento.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Festivales, charlas, conciertos, talleres, cursos... Qué estrés de cuarentena, no? 🤯

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“Todos mis amigos hacen videollamadas, también las compañeras de curro y no suelo conectarme porque me siento obligada y me da ansiedad.”

“Siento presión social. Estoy todo el rato pensando en no quedarme atrás y eso no me permite desconectar.”

Me resulta súper incómodo estar viéndome mientras hablo o escucho, es como si me estuviera hablando a mí misma. Además estoy más atenta a las caras que pongo que nunca.”

"Cuando es conversación de mucha gente es peor todavía, porque en la vida real a lo mejor unos están hablando de una cosa en la otra punta de la mesa y otros con otra conversación… pero en la videollamada no puedo irme a hablar con otra gente, me tengo que tragar la historia de alguien aunque no me interese.”

Estos son algunos testimonios de jóvenes que rechazan el uso masivo de videollamadas. Muchos mencionan el miedo a perderse algo, lo que se conoce como FOMO (acrónimo de "fear of missing out"). Esto está presente en las conversaciones virtuales, en la necesidad de estar inmediatamente al tanto de las noticias, de los memes… en definitiva, a estar pegados al móvil para estar al tanto de todo lo que sucede. Spoiler: nada. Llevamos casi dos meses comunicándonos de esta manera y abstrayéndonos de la realidad que hay en nuestros hogares y en nosotras mismas. 

En estos días que quedan antes de volver a esa “nueva normalidad” necesitamos parar de verdad. Admiro a la gente que ha logrado desconectar, sentirse a gusto en su soledad y disfrutar de no dar explicaciones por no conectarse hoy con el grupo de colegas. A mí me ha costado. Siento que al final lo quiero abarcar todo y este miedo a no perderme nada hace que al final no focalice. Así que para estos días que quedan me he propuesto desaparecer.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Re sad

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En este confinamiento estamos pasando por mil emociones cada día. Hoy me he despertado echando mucho de menos a mis amigas y sintiéndome fatal por no estar escribiendo nada que merezca la pena. Ahora son las dos de la tarde, paso de conectarme al aperitivo por Skype y me parece una fantástica decisión invertir el resto del día en verme de nuevo Hannah Montana. En fin, hay que brindarnos el permiso de hacer lo que nos apetezca. Para evadirnos, desconectar y poder volver a echar de menos. No quiero vernos más por videollamada, quiero comeros la cara en la fase que sea. ¿Cuánto queda?

CN