El drama que vivimos en silencio los que no tomamos el sol en verano

Quitarse una camiseta en la playa o ponerse una camisa abierta y que se vea el pecho color mesa del Ikea es un dolor difícilmente explicable.

Nos dan asco las personas blancuchas en pleno verano. No lo niegues, tú también los odias. Es imposible que disfrutes viendo como un tipo se frota su cuerpo lechoso con una crema solar de factor 50. Es más, quizá hasta te tengas que poner gafas de sol para no morir deslumbradx por semejante espectáculo de radiación lumínica. “Mira ese, parece Casper” o “hijo mío lo tuyo es blanco nuclear”, son las típicas frases que golpean tu autoestima hasta hacerlo saltar en mil pedazos cuando el blancucho de turno, la gamba abrasada o el moreno camionero eres tú. Y por mucho que queramos negarlo es así, vivimos en un país tanoréxico al 100%. Para el que no lo sepa la anorexia es el trastorno por el cual las personas se vuelven adictas a tomar el sol a un nivel enfermizo sin entender lo incinerada que se encuentra su epidermis. 

En este contexto insano el valor de las personas se determina por la siguiente regla de tres: cuanto mayor diferencia entre tu color habitual y el moreno conseguido más valor social acumulas. Es más, si el moreno crematorio se consigue antes que el resto su valor se multiplica exponencialmente. De esta manera, la persona que en junio ya adquiere el tostado nivel “socarrat” de la paella, se convierte en algo así como en un miembro del VIP del verano. Y si ya le sumas camisa de lino blanca abierta hasta el ombligo y/o vacaciones en Ibiza, alcanzas el nivel cum laude. Pero volvamos a la parte oprimida de la historia: lxs “blancuchxs”. Gente como yo que no piso la arena si no es bajo una sombrilla y que uso factor 50 kids aunque vaya a estar media hora. Los que únicamente somos capaces de broncear de mangas para abajo y el pescuezo, como buen camionero, currela o ciclista.

Y sí, si tú eres tanoréxico yo soy tanofóbico, odio la exposición al sol desde que me quemé la calva por primera vez en Rio de Janeiro. Desde entonces no me quito la gorra ni en enero y a la playa voy a partir de las 18h y planto la sombrilla. Quizá sea un poco exagerado declarar que lo soy, pero de verdad que me da muy mal rollito el sol y más cuando no tienes una capa de pelazo para proteger o una piel que pase del blanco al moreno sin pasar por el rojo intenso (o la pelada máxima). Las implicaciones de esta fobia son muchas y convierten el verano en el peor momento del año para mí. Por ejemplo, si quiero ir a la playa con algún ligue pues mal. No soporto la idea de quitarme la camiseta y que se deslumbre con mis pectorales blanquecinos. Es como perder todo el sex appeal de golpe, y más si además te sientas al lado en la sombrilla como un señor prejubilado.

Y ojo que yo soy un tío que me cuido y que tipito apañao tengo, pero estar blanco como un yogur danone natural es demasiado anticlímax. Pero por si fuera poco no es que me pase el verano metido en la cueva, soy de salir a la montaña y allí pega el solazo. El resultado no es que esté todo blanco, eso dentro de lo malo ni tan mal, el problema es que soy un camionero de manual. Mis antebrazos concentran toda la melanina de mi cuerpo y se ponen jodidamente morenos con lo que al final es peor que nada. O sea, hay gente que ha llegado a hacer fotos de mi contraste de color de manga para arriba y manga para abajo. Así de heavy y así de humillante. El resultado de todo esto es que uno ya no sabe qué hacer para no ser bicolor y al final acaba rechazando con todas sus fuerzas la playa. Y cuanto más avanza el moreno camionero más palo me da ir. 

Luego entramos en todas las frases de la gente que detecta tu falta de colorcito veraniego y te lo recuerda constantemente: “Joder, a ver si tomas más el sol”, “¿ahora vacaciones y a la playa a coger color no?”, etc. Es como una continua validación de tu sociabilidad basándose en el tono de tu bronceado. Si vas que pareces Julio Iglesias se te valorará como alguien altamente social y valioso que tiene una vida llena de éxito y excitantes aventuras, si por el contrario sigues blanco en agosto parecerá que tu vida es una ruina y que lo más excitante que haces es jugar GTA online en tu cueva. No les culpo, los prejuicios son tan antiguos como el ser humano, pero el derecho a mantenerse pálido en verano no está siendo reconocido. Ojalá algún día los que preferimos la vida a la sombra podamos quitarnos la camiseta sin sentir vuestro rechazo. Ojalá, algún día, nuestro brillo dérmico sea también observado con respeto y, digamos una locura, admiración.