Por qué es tan difícil hacer buenos amigos después de acabar los estudios

Te propongo empezar haciendo un pequeño análisis de tus amistades contestando a estas preguntas: ¿Quiénes son tus mejores amigos? ¿Desde cuándo los conozco? ¿Has hecho algún buen amigo —de esos que invitarías a una boda íntima— después de acabar los estudios? ¿Cuántos? ¿Uno, dos? Si todavía estás en el instituto o en la universidad, todo esto te sonará extraterrestre y mirarás al resto de mileniales por encima del hombro desde tu boyante vida social. Pero supera la barrera de los 25, échate pareja estable, múdate a otra ciudad o país para trabajar —que no para estudiar— y ya veremos si tienes alguien con quien tomarte una mísera birra, ya no digamos para abrirle tu corazón en canal y contarle tus penas.

La falta de tiempo, el peor enemigo

Hace unos años el mundo se sintió identificadísimo con un artículo que publicó el New York Times sobre lo difícil que era hacer amigos después de los 30. Hablaba de cuando estás inmerso de pleno en la vida laboral, cuando tienes críos, hipoteca y esas cosas que hacían los adultos cuando cobraban sueldos que se lo permitían. Nosotros no tenemos nada de eso, pero también nos pasa, incluso podríamos adelantar la edad a los 25. "A edades más jóvenes se nos exige que le saquemos el máximo rendimiento a nuestro tiempo con lo que dificulta las amistades profundas porque para construirlas hay que invertir tiempo y esfuerzo", confirma nuestras sospechas el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid, Luis García Tojar.

Resultado de imagen de have no time gif

Porque, según la sociología, para forjar una amistad profunda, de esas para toda la vida, se necesita compartir muchas horas que no estén excesivamente planificadas, como pasa durante la etapa escolar o universitaria. Básicamente para formar lazos necesitamos poder aburrirnos juntos, algo que no suele pasar cuando se entra en el mundo laboral. Los turnos, las exigencias o la competitividad que pueden darse en el trabajo hacen que en esa época "la gente se refugie en lealtades primarias como la familia o la pareja, el que la tiene, más que esforzarse en hacer un nuevo amigo", explica García Tojar.

Expatriados y sin amigos

Dicho esto, podemos entender que el drama máximo, en lo que a nuevas amistades se refiere, te lo encuentras cuando te marchas a otra ciudad –ya no digamos a otro país– a trabajar. Ahí lejos de tu familia y amigos del cole, la uni, el fútbol, el pueblo, etc., cuando te cansas de pasarte las tardes viendo series, te toca tomar medidas drásticas como apelar a apps y páginas para conocer gente –que no para ligar– como Skout, Badoo o Meetup. Esta última. que es la más longeva y conocida, fue creada en el 2002 en Nueva York y desde allí nos contesta al teléfono su responsable internacional Odile Beniflah que está encantadísima con el funcionamiento de la página en España, donde nos dice que tiene 580.000 miembros.Resultado de imagen de friends app gif

El funcionamiento es que algunos de sus miembros proponen actividades tan dispares como excursiones por la montaña, intercambios de idiomas, clubes de lectura, clases de yoga o encuentros tecnológicos y otros se apuntan en función de su disponibilidad y sus gustos. "Tenemos usuarios de todas las edades, pero es verdad que los más jóvenes suelen tener a partir de 25 años que es un tiempo después del fin de los estudios universitarios, cuando la gente vuelve a tener ganas de abrirse", nos explica la portavoz de Meetup y nos cuenta que una de las ciudades en las que más éxito tiene es Barcelona que concentra 3.000 de los 7.200 grupos que hay en todo el país.

"Es una ciudad con mucho movimiento, a la que se muda mucha gente y en la que también hay muchos catalanes con ganas de enseñar sus costumbres y su cultura a los que vienen de fuera", comenta Odile y nos recomienda grupos como Enjoy Barcelona & Catalonia o Plan B para hacernos una idea de donde más gente se conoce. Pero claro, una cosa es conseguir pasar un buen rato de excursión o tomando algo, pero otra es conseguir un amigo de verdad al que no te sepa mal pedirle dinero prestado o que te acompañe a urgencias cuando te encuentras mal.

No todo está en las apps

"Estas aplicaciones pueden servir en situaciones de máximo desarraigo, pero tienden a ser relaciones muy volátiles porque es difícil pasar del trato superficial a una relación más profunda", critica el García Tojar y con lo que sí se echa las manos a la cabeza es con las amistades online y los followers: "Este tipo de relaciones son básicamente muletas sociales para reforzar nuestra identidad y a que nos digan 'qué bien lo estás haciendo, ánimo, estás estupendo', pero en cuanto alguien emite una crítica lo tachamos de troll o hater y esto es muy diferente a lo que pasa con las amistades de toda la vida en las que te dicen 'oye, no, esto no lo estás haciendo bien'". Es decir, que se debilita nuestra red social tradicional y apelamos al móvil para sentirnos menos solos, pero según el sociólogo es un sustitutivo muy pobre que no reemplazará el valor de la verdadera amistad.

Resultado de imagen de friendship gif ¿Entonces qué podemos hacer para recuperarla, volver a casa después de nuestro periplo e intentar reconectar con los amigos de toda la vida? Pues resulta que eso tampoco. Otro 'drama' peor que el de marcharse lejos de aquellos a los que uno quiere es volver y darse cuenta de que ya no encaja. De que las experiencias que uno ha vivido le han cambiado tanto a él y a sus gustos y aficiones, que ya prácticamente no tiene nada en común con aquellos a quienes antes llamaba amigos de toda la vida. Porque, qué duro es que la conversación se acabe cuando se terminan de recordar anécdotas del pasado, o notar que los chistes que ahora ellos cuentan ya no nos hacen gracia ni que ellos entienden nuestras nuevas inquietudes.

La solución es la paciencia

Así que apelamos con desesperación a nuestro sociólogo de cabecera para encontrar una solución que al parecer no existe: "En las sociedades antiguas uno ocupa el mismo papel social prácticamente desde que nace hasta que se muere, pero hoy en día eso de venir de un barrio en el que todo el mundo tiene un nivel socioeconómico y una mentalidad similar, se ha debilitado mucho y por cuestiones de movilidad, estudios y diversos cambios vitales es muy fácil que te encuentres con tus amigos de la infancia y no tengas nada de que hablar o ni siquiera te caigan bien", nos acaba de desanimar García Tojar. La única opción que nos deja es ponerle paciencia y buena voluntad tanto con los de siempre como con los aspirantes a nuevos amigos. Lo que sí que está claro es que no se puede prescindir de ellos ni sustituirlos por likes en el móvil.