Se ha desatado un apocalipsis que nos mandará a todos al psicólogo

Llevamos menos de diez días de 2020 y está todo en llamas, al borde del caos y con las noticias repitiendo constantemente lo terrible que es todo

Empecé el 2020 con buen pie. Tenía ordenados mis propósitos de año nuevo (todos lo más sensatos posibles para no acabar hartándome y tirarlos por la borda). Además, parecía que había encarrilado muchos de mis problemas personales y que todo apuntaba a que se iban a solucionar y que iban a dar a cosas muy bonitas. Estaba contento, porque después de un 2019 que ni fu ni fa, este nuevo año comenzaba con todo encarrilado. Pero no han pasado ni diez días del 2020 y el mundo ya se ha asegurado de darme una patada en la entrepierna para recordarme que las cosas nunca son tan bonitas como uno cree. Sí, quizá he encarrilado mis problemas personales, pero no puedo disfrutarlos porque mientras yo encuentro motivos para sonreír, el mundo a mi alrededor arde (literalmente) y se va a la mierda.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Solo hace falta leer las noticias: en poco más de una semana, los incendios de Australia nos han dejado fotos tristísimas de una las mayores catástrofes forestales de los últimos años, Estados Unidos e Irán han empezado a jugar con las amenazas de guerra, también ha habido inundaciones en Indonesia, terremotos en Puerto Rico y un accidente aéreo en Irán que se salda con 176 muertos. En España, aunque amanecemos con, en teoría, el gobierno más progresista de la década, lo hace en un clima de crispación, de oposición envalentonada, de derechas reaccionarias y de ultraderecha legitimada en el Congreso. Una semana terrible que deprime solo al abrir el diario.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“En mis tres décadas practicando psicoterapia no he visto un miedo generalizado tan extremo. Incluso los que no son naturalmente ansiosos sienten ansiedad. No hay forma de mantenerse informado de lo que está sucediendo sin sentirse constantemente amenazado como ciudadano del mundo. Sentir miedo en este momento es natural y, hasta cierto punto, realista”, explica la psicoterapeuta Nancy Colier en Psychology Today.

Estos terrores, además no son algo que se limite a lo psicológico. En ambientes de tanta crispación social y política, todo el mundo parece tener una opinión que está ansiando compartir. Es el terror cuñadil que, como intenta demostrar un estudio preliminar que recoge el digital The Conversation, podría llegar a provocar malestar físico.  “Los participantes que habían visitado a sus cuñados tenían cambios significativos en la diversidad de su microbiota fecal. En concreto, tenían una disminución significativa de todas las especies de Ruminococcus, género bacteriano que se sabe que está asociado a estrés psicológico y depresión”, concluye el estudio que, aunque tiene resultados significativos, necesita de una muestra más grande para que sean concluyentes al 100%.

En este clima que tanto malestar psicológico y físico nos puede ocasionar, Colier da una serie de recomendaciones para sobrellevar el estrés vital al que yo (y tantos otros) nos vemos abocados tan pronto como nos levantamos y entramos a Twitter, Instagram, leemos la prensa o vemos la tele. Los consejos son sencillos: el primero, pensar si tú formas parte del cambio que haría que las cosas que te dan ansiedad desaparezcan, o no. No cambiará la situación, pero sentirás que estás haciendo todo lo posible. También analizar qué noticias son sensacionalistas y qué personas te generan ansiedad… para alejarte de ellos. Por ejemplo, en mi caso, me he propuesto dejar de ver vídeos de koalas muriendo en Instagram porque no hacían nada más que llenarme de tristeza y no tenían ningún valor informativo añadido más del que ya sé: estamos jodidos. Y ellos más.

Finalmente, tras una serie de largas recomendaciones, la psicóloga recomienda actividades que te traigan paz, como la meditación, el deporte o excursionismo. Es decir, lo que haríamos cualquiera para relajarnos en una época de dura ansiedad. Al final, no podremos cambiar las cosas (lo sé, y es lo que me repito diariamente frente al espejo intentando pensar que no es mi culpa que el 2020 haya empezado bajo la alerta del apocalipsis), pero sí que podemos conseguir cambiar cómo las interiorizamos, vivimos y cómo nos afectan.