Eres un desastre escuchando a los demás pero podrías cambiarlo

Estamos obsesionados con llevarnos las conversaciones a nuestro terreno para hablar de nosotros mismos

Me irrita. Le quiero muchísimo pero me irrita. No soporto esa permanente incapacidad que tiene para escucharme de verdad cuando intento contarle algo. Tanto que a veces prefiero callarme. Porque sé que si le hablo de esa nueva chica que estoy conociendo acabaremos hablando sí o sí de su vida erótico-romántica. Que si le digo que estoy pasando un mal momento terminaremos llorando sus angustias. O que si menciono mis planes para el próximo fin de semana me veré pasando lista detallada de sus proyectos vitales. Agotador.

Por eso este artículo iba, en un principio, dirigido a ese amigo egocéntrico cuya destreza escuchando roza la de una piraña del Orinoco. Con un poco de suerte, pensé, pillará la indirecta. Pero entonces comprendí que jamás se daría por aludido porque, sorprendentemente, ni siquiera es consciente de esta compulsiva conducta. Esto me llevó a una pregunta fundamental: ¿seré yo, sin saberlo, igual de asqueroso escuchando a quienes me cuentan algo? Y sí, lo soy. Como la inmensa mayoría de vosotros.

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Un mundo de sordos mentales

Como dice Ana María Egido, psicóloga del centro El Prado Psicólogos, esta persistencia en llevarnos la conversación a nuestro terreno o en estar más pendiente de cómo continuar la conversación que en oír lo que de verdad están intentando contarnos es "una dificultad generalizada en nuestra sociedad consecuencia de la poca importancia que hemos dado siempre al desarrollo de la inteligencia emocional, la empatía, la escucha activa o la atención plena con todos los sentidos al momento presente".

Además, añade Egido, "también influye el acelerado ritmo de vida que llevamos y ese tipo de comunicación en ocasiones superficial y distorsionada que se está promoviendo a través de las redes sociales". Una comunicación trivial de consumo rápido que está dinamitando nuestra habilidad para profundizar desde la tranquilidad en las conversaciones que tenemos y para mostrar un interés real por lo que piensa y siente la persona que está frente a nosotros abriendo su corazón. Todo es yo, yo y más yo.

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Superegocentrismo

De todas formas, Egido reconoce que hay personas que llevan ese egocentrismo al extremo: "Pueden ser personas que están atrapadas en el papel de víctima y todo lo que oyen lo convierten en algo referencial. Personas que necesitan resaltar sus logros comparándose de forma superior con los demás. Personas que necesitan ser siempre el centro de atención. O personas que tienen dificultad para manejar el sufrimiento ajeno. Aunque cada caso es único y puede depender también de varios factores simultáneos".

Sea como sea, de forma extrema o moderada, conviene que espabilemos, seamos un poco más conscientes de nosotros mismos y empecemos a modificar la manera en que afrontamos las conversaciones. No solo por amor al otro, sino también por una cuestión egoista. "Saber escuchar bien implica tener la capacidad de ponerte en el lugar de la otra persona y de eso depende el vínculo que formamos en nuestras relaciones personales", dice Egido. ¿Quieres buenas amistades? ¿Quieres buenas parejas? Pues escucha de verdad.

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Guía del perfecto oyente

Una vez descubierto que peco del mismo defecto que mi irritante amigo decido, en lugar de preguntarle a la psicóloga sobre cómo lidiar con él, le pregunto cómo puedo mejorar yo mismo. Después de todo, resulta muy hipócrita querer cambiar a alguien cuando tu actitud deja tanto que desear como la suya. El cambio, al fin y al cabo, todo cambio comienza en uno mismo. Así que la experta me explica las cuatro pautas básicas que tenemos que aplicar para afrontar nuestras conversaciones una forma mucho más saludable.

1. "Mantenerse plenamente presentes mientras nos habla, evitando pensar simultáneamente en aquello que vas a decir cuando acabe. Para esto ayuda mucho mirar a los ojos, algo que también nos sirve para descubrir información valiosa sobre cómo se siente respecto a lo que nos está contando a través de ellos".

2. "Es muy importante evitar interrumpir mientras escuchamos. Debemos trabajar la paciencia porque no todas las personas tienen la misma facilidad para poner en palabras sus emociones. Además, interrumpir puede enviar el mensaje de que te falta interés por esa persona o por lo que está contándote".

3. "Tener siempre presente que debe existir un equilibrio entre dar y recibir. Aunque nosotros tengamos mucha necesidad de contar nuestras cosas, y esté bien tomarnos tiempo para ello, la persona que tenemos delante también quiere compartir sus experiencias con nosotros. Debemos facilitarlo".

4. "Respetar las pausas y los silencios del otro. La mayoría de veces, cuando alguien cuenta un problema no espera que nosotros le demos la solución. Solo necesita esa escucha y ese acompañamiento genuino y sin juicio que respesta su forma de experimentar las emociones". Escuchar con amor y sin juzgar. Suena demasiado bien para andar estropeándolo.