Por qué deberías aprender a decir que no a algunos regalos de Reyes

Es posible demostrar cariño de una forma no material o prestar verdadera atención a los gustos personales de aquella persona a la que vas a hacerle un regalo

Cada año se repite la misma historia: le dices a todo tu entorno más cercano lo que necesitas, lo que más te hace falta, vas dando pistas sobre eso que quieres, eso que tanto deseas. Cuando llega la hora de desempaquetar lo que has recibido, te llevas una sorpresa y no precisamente porque hayan acertado. Lo que ha ocurrido es más bien lo contrario: te han obsequiado con objetos que no necesitas para nada y aún peor, que puedes llegar a detestar ¿Qué hacer entonces?, ¿cómo reaccionar?, ¿fuerzas la sonrisa y finges que te encanta o contestas de forma sincera diciendo que no han acertado? Quizás no esté exactamente ahí el inconveniente (aunque en cierta parte sí), sino en que nos encontramos en un punto en el que los objetos materiales nos sobran y no hay, en general, algo que necesitemos.

Un regalo puede ser una muestra de afecto, una forma de demostrar que has estado no solo atendiendo a los deseos de esa persona de tu entorno sino también observando qué le hace falta. Hay un inconveniente y es que esta tradición repetitiva nunca se ha cuestionado, seguimos cumpliendo con las fechas festivas y petando de regalos a los demás, generando casi personas malacostumbradas que, desde niños, se han visto llenos de objetos materiales que no necesitan y que creen necesitar. Esta enmascarada acción benefactora puede ser una acción del todo egoísta porque, cuando somos adultos, vertemos en el otro lo que queremos recibir. No por lo que es sino porque representa que te lo has currado y que has centrado tu tiempo y tu atención en ello.

Hay otro punto muy presente en todo el entorno de los regalos y es ese consumista trasfondo. Un carro en el que nos montamos cada año sin rechistar. Abarrotamos a los más jóvenes con caros obsequios, haciendo que indirectamente aprendan que esta forma de vivir las fiestas es la correcta y enseñando que lo ideal es repetir este comportamiento cada año. Luego por esta mala costumbre, si reciben algo que no les gusta, no saben cómo reaccionar y puede entrarles un sentimiento de culpabilidad. Esto sucede porque es evidente que cuando un regalo es acertado y alegra a la persona, quien lo ha hecho alza el pecho, orgulloso por dar en el clavo.

Una manera de cambiar esto es cuando nos toca regalar. Si sabes qué obsequio hacer o conoces bien a la persona para saber que es posible acertar ya sea con algo que desee o necesita, hazlo sin miramientos. Si resulta que no te apetece y, es más, no tienes ni idea de qué regalar, simplemente no lo hagas. No hay que sentirse obligado a hacerlo, no es un contrato con el que hay que cumplir. Es posible que este gesto no le agrade a la persona que, este año, no recibirá tu regalo pero por eso existe la comunicación, a la cual debes acudir para mostrar tus motivos y llegar a la conclusión de que quizás compartir un día, una tarde o un momento juntos es más valioso que una camiseta más del montón.