La culpa de que seas un intensitx de la vida es de los filósofos alemanes

Los románticos veían la vida como algo limitado, finito. La muerte siempre estaba presente en su imaginario. Y, por esa razón, querían vivirlo todo y querían vivirlo cuanto antes

Vamos al grano. Situación: te gusta alguien. Realmente no sabes mucho de esa persona porque a lo mejor te la has cruzado mientras comprabas el pan o le has stalkeado el Insta un par de veces. Pero por algún motivo extraño y que solo tú entiendes, te empieza a parecer, cuanto menos, el amor más profundo que puedes haber conocido en toda tu larga vida. Le cuentas a todo el mundo que acabas de encontrar a tu media naranja y se lo dices con el entusiasmo de quien va a viajar a la Luna. Todos te miran tipo “wow, estás fatal”, tú les miras como diciendo “así es, pero no me importa”. Qué sabrán ellos. Tu vida tiene sentido. Pero poco a poco os conocéis más, tú y esa persona ideal, la realidad se impone, y cinco minutos después de hablar y de ver que no tenéis nada en común, te hundes en una especie de agujero negro que devora cualquier rasgo de alegría a tu alrededor. El universo ha conspirado de nuevo contra ti. No sales, no hablas, subes canciones tristes al Insta, selfies con filtros sad. Too much. Te miras al espejo. Efectivamente, eres un/a intensitx.

A mí dámelo todo

El Romanticismo fue un movimiento cultural y artístico que agitó Europa a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Aglomeró a artistas, escritorxs y filósofxs, y no tardó en ser la moda de la época y en calar profundamente en todo el continente.

Romanticismo

Uno de los rasgos más destacados era que buscaban el Todo, lo Absoluto. Dicho así, pues te quedas como estabas, pero no es algo tan difícil de ver hoy en día. ¿Sabes cuando tú quieres quedar solo para tomar un café, darte una vuelta y listo y a la otra persona eso le parece claramente insuficiente? ¿Y lo que busca es una tarde absolutamente romántica, idílica, perfecta y completa y mirarte a los ojos y sentir que estáis enamorados? Pues eso supone querer el Absoluto.

Los románticos veían la vida como algo limitado, finito. La muerte siempre estaba presente en su imaginario. Y, por esa razón, querían vivirlo todo, y querían vivirlo cuanto antes. Una persona intensita, en la misma medida, va a buscar planes absolutamente totales. No les basta con un domingo de chill viendo unas pelis en el sofá. Cada día buscan cosas que les puedan cambiar la vida, sentir todo el amor, toda la tristeza, toda la pasión en cada instante. Un estrés, vaya.

Cualquier tiempo pasado fue más intenso

Los románticos tenían nostalgia de un pasado idealizado. Basaban sus novelas en caballeros de la Edad Media, en piratas del siglo XVII, en viajeros que descubrían el mundo o en tanto otros personajes de carácter aventurero a los que teñían siempre de romanticismo, magia y bondad. Para un buen romántico cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque no hubiese penicilina ni papel higiénico. Y esa nostalgia es algo en lo que no se diferencia tanto de una persona intensa. Estas suelen tener siempre momentos totalmente idealizados en su conciencia. Un viaje, una relación o, cómo no, la época del instituto, el epítome de la intensidad. Al fin y al cabo, la adolescencia es como subirse a un cohete y orbitar alrededor del planeta hasta que cumples los 18 y vuelves a aterrizar en la realidad.

Siempre que alguien le presta tanta atención al pasado suele ser por el mismo motivo equivocado: lo ha idealizado. Seguramente no se acuerde de que sus amigos de aquella época eran unos desgraciados, o que su relación no valía para nada o que la adolescencia era también un puñado de inseguridades y de miedos a los que había que enfrentarse de manera diaria. Un consejo: no idealices, siempre es mentira.

La aguja en el pajar

Un romántico buscaba la diferencia, la individualidad. El momento en el que surge este movimiento, posterior a la Revolución Industrial, empezaban a estigmatizarse una gran cantidad de cosas. Uno pertenecía a una clase social, el mundo se adentraba en el capitalismo y todo era trabajo y producción. Ciudades grises, llenas de hollín, con un montón de gente atravesándolas buscando dinero. De golpe, cualquiera que no aceptara un orden tan sólido llamaba la atención de los románticos, y se convertía en una especie de guía espiritual. Por eso idealizaban al corsario, al enfermo o al aventurero. Al que rechazaba, en general, o al que era rechazado radicalmente por la sociedad.

Esta especie de rebeldía puedes verla también en cualquier intensx, ya que generalmente son cosas que van de la mano. Qué gusto que da eso de saltarse las reglas y las convenciones creyendo que estás rompiendo con toda la tradición occidental. Cruzar en rojo, vestirte diferente, usar romero sin saber bien para qué sirve. Pequeñas victorias. Como ves, no hay tanta diferencia entre unos y otros. Intensxs los ha habido y los habrá siempre, pero es mejor que te deshagas de la sensación de ser siempre distinto y de querer destacar siempre porque acabarás haciendo el ridículo como tantxs antes que tú.

CN