Empiezas cotilleando y te acabas convirtiendo en un stalker que da miedo

Por celos, para controlar o compararte... no hay forma de espiar sin que te perjudique a ti y a ellxs

En el mundo de las apariencias nadie se atreve a confesarlo con honestidad. Sin embargo, es muy habitual stalkear a la nueva pareja de tu ex. Las redes sociales son una gran tentación en ese sentido y todos, o casi todos, hemos caído alguna vez. Puede que incluso, confiados en esa sensación de distancia que proporcionan las redes sociales, se nos haya escapado algún ‘me gusta’ o lo que es mucho peor, ¡alguna reacción a sus historias de Instagram! 

Semejante ‘tierra trágame’ puede ser ya un indicio de que estás un poquito obsesionada, pero en ese momento lo que más te preocupa es que ‘no se note’… Inmediatamente, por supuesto, quitas el ‘me gusta’, intentas borrar las huellas del ‘crimen’ o tratas de convencerte de que no ha pasado nada, de que no se dará cuenta. No puedes contener la sensación de agobio y sientes un repentino calor en tu cara. Tu cuerpo no puede ocultar la realidad: hay algo en tu comportamiento que te abochorna. 

Justo esa sensación de vergüenza es lo que recuerda Lourdes la última vez que sucumbió a los encantos del stalkeo. La pillada se remonta a su etapa universitaria, cuando tenía 23 años. Cuenta que su entonces novio, al que siempre había visto como el chico perfecto y con el que llevaba saliendo cinco años, había roto la relación porque según él ‘necesitaba un tiempo’. “Después de dos años las cosas empezaron a no ir bien. Él decía que necesitaba tomarse un tiempo y claro que se tomó un tiempo, ¡con una de mis compañeras de clase!”. 

Hoy se ríe al recordar ese momento, pero admite que en aquel tiempo lo pasó bastante mal. “Me acabé obsesionando con esa chica. Mantuve la esperanza de que él volvería conmigo y en cambio, acabó saliendo con otra… Suena muy básico, pero quería saber qué tenía ella que no tenía yo y me comparaba. Consultaba su perfil de Facebook de manera diaria, como si fueran las ofertas del Druni. Sinceramente, nunca llegué a tener trato directo con ella, solo la conocía de vista. En clase éramos como 50 y cada uno iba a lo suyo.” 

Fue una mañana de abril cuando Lourdes se dio cuenta de que tenía un problema: “Son estas cosas que no te esperas, que estás empanada en tu mundo... Yo me encontraba sentada en las escaleras de la entrada de la facultad, haciendo un descanso antes de una clase. Me estaba tomando un café y me entretenía mirándole el perfil… Fotos en bikini, fotos en un concierto, fotos cenando con mi ex…”. Cuando me levanté para tirar a la papelera el vaso del café, me di cuenta de que ella había estado sentada detrás de mí y viendo todo el tiempo lo que hacía. Compartimos unas miradas, pero no me dijo nada. Supongo que estaba flipando tanto como yo. Al día siguiente su perfil de Facebook estaba privado. Supongo que se sintió espiada, no sé si incluso intimidada… Ahí tomé conciencia de que necesitaba desengancharme.” 

Si bien es cierto que ‘to stalk’ se define como acosar y perseguir, no todas las personas que stalkean a la nueva pareja de un ex lo hacen de forma obsesiva o enfermiza. Hay quien lo hace por sana curiosidad o porque le da cierto morbo. Quiere poner nombre a la nueva pareja de su ex, saber si es de confianza, si tienen amigos en común, si les va bien… Lo hace de vez en cuando, de manera puntual. Sin embargo, hay quien stalkea a la pareja de un ex bajo pretextos más negativos. Por ejemplo, movido por los celos, por un sentimiento de control o para compararse. Este comportamiento se vuelve incluso ciertamente peligroso cuando es insistente y reiterado, pudiendo significar en algunos casos un delito de acoso. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Psiquepedia Ψ (@psiquepedia) el

En el caso de Lourdes ella sí admite que estaba un poquito obsesionada: “Sentía la necesidad de saber quién era ella y de que hacía con mi ex y como él no tenía redes sociales, pues todas mis energías se centraban en lo que ella compartía. Cuando puso su perfil privado, yo la bloqueé. No tenía nada contra ella, pero esa fue mi forma de romper también con ese círculo vicioso.” 

Poner límites fue una respuesta adecuada por su parte. “A veces sentía que podía caer en la tentación, pero me alejaba de la idea de volver a cotillear, pensando en el momento en el que me había pillado. No quería volver a pasar por eso. A mí todo el mundo me veía una persona íntegra, segura de mí misma. Creo que mis amigos no se creerían que una vez hacía eso de forma constante.” Ahora, pasado un tiempo y cerca de la treintena, Lourdes está más sensibilizada ante ese tipo de comportamientos: “Estar continuamente cotilleando en sus redes sociales era una forma de torturarme a mí misma. Era incapaz de pasar página ante la ruptura y me había quedado como estancada. Yo estaba enganchada a la vida de los demás y no a la mía. Ahora he madurado y ya no caigo en esas cosas.”

"Yo soy mejor"

Una experiencia diferente es la de Lorena. Cuando puso punto y final a su amor de adolescencia, no pudo evitar caer en el espionaje. “Yo ya no sentía nada romántico por él, de hecho fui yo la que acabó con la relación, pero tenía curiosidad por saber quién era su nueva novia. La verdad es que tiendes a compararte y en ese sentido me sentí reforzada porque me veía mejor partido que ella, más guapa y más inteligente. Puede sonar un poco flipada, pero es lo que hay…” explica entre risas. 

Stalkear a tu ex

Más adelante se dio cuenta de la que la novia de su ex también le cotilleaba a ella en las historias de Instagram: “Cuando mi ex y yo lo dejamos aún no había historias de Instagram, pero cuando las pusieron yo empecé a darme cuenta de que había una tía que no me seguía que me miraba las historias todos los días... Me di cuenta de que era una amiga de la novia de mi ex y que me cotilleaba todos los días, durante varios años… Estoy segura que me miraban las historias juntas. Al final bloqueé a las dos y puse el perfil privado. No me sentía intimidada, pero sí me molestaba ese alto nivel de espionaje.” 

Podemos entender que es bastante humano curiosear las redes sociales de la pareja de un ex, pero también hay que comprender que esto puede dificultar que superes la ruptura o que te hagas una imagen llena de prejuicios sobre la nueva pareja de tu ex. En el caso de Álvaro, él piensa que ‘una vez y no más’: “Mi primera experiencia con el stalkeo fue de casualidad. Vi una foto extraña en el perfil de mi ex, con una persona que no conocía y decidí curiosear. Como tenemos amigos en común, hice una pequeña búsqueda y nada, pues ese tío era con el que él salía ahora. Fue algo muy doloroso porque hacía bastante poco que habíamos acabado y la ruptura fue inesperada para mí. Unos meses más tarde coincidí con ellos y me di cuenta de que el nuevo chico de mi ex no era un tipo raro, tenía muy buen rollo con todo el mundo.” 

Cambiar el chip

Aunque él ha eliminado este comportamiento en cuanto a lo que respecta a sus ex parejas, admite que lo sigue haciendo cuando se trata de parejas de amigos: “Soy súper protector con todo el mundo. No es algo enfermizo, pero me gusta asegurarme de que están con buena gente.”

Es obvio que terminar una relación no es, al menos generalmente, un asunto fácil. Sin embargo, deberíamos ser más conscientes de que cuando se da una ruptura, hay que mantener una actitud sana también en las redes sociales. De modo que, monitorear el comportamiento de la nueva pareja de un ex puede conllevar a que se alargue el sufrimiento ante el fin de la relación y aumenten los sentimientos negativos. 

Lo importante es tomar conciencia de que esta actitud ni es saludable para pasar página ni tampoco si quieres volver a conquistar a tu ex. Nuestro consejo es que te centres en tus aficiones, amistades y todo aquello que llena tu vida. Recuerda que mientras revisas las publicaciones de la nueva pareja de tu ex, el tiempo pasa y estás perdiendo la oportunidad de conocer a una nueva persona, disfrutar de tu tiempo y sumar a tu vida aquello que verdaderamente te hace feliz.

CN