El confinamiento está haciendo que me reconcilie con mi pasado

El tiempo libre hace que sea posible hacer un repaso de nuestras vidas, cerrar heridas y crear nuevas uniones, quizás más sanas de lo que fueron o de cómo acabaron

Cuando empezó el confinamiento todo me parecía bien. Entendí cuáles eran las normas protocolarias a seguir y me adapté a esta nueva forma de vida. A medida que pasaron los días empezó a dejar de gustarme, me sentía desganada, pesimista, triste. Lo que me genera bienestar es utilizar mi tiempo libre para escribir o ponerme al día con libros que tengo pendientes. Alguna que otra vez también me pongo a navegar por las redes. Fue así como caí en Facebook y en las fotos que me recordaban a los años atrás. Hacía mucho tiempo que no las veía. Hice un recorrido casi por toda mi vida: la primera vez que me mudé de mi casa, mis años de universidad, los viajes, las fiestas… Allí no estaba sola. Estaba rodeada de un montón de personas con las que hacía tiempo que no tenía contacto. La cuestión es que no solo perdí esas amistades, sino que hay muchas más cosas que no habían acabado bien. Y fue en ese instante cuando me di cuenta que de quizás ahora tenía la oportunidad de arreglarlo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¿En qué punto te encuentras tú? ⁠ ⁠ Publicación original de @psicosabel⁠

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Pero claro, ¿cómo hacerlo? No pintaba nada que ahora me pusiera a mandar mensajes a cualquier persona sin venir a cuento. Podría tener sentido si quieres saber qué tal está esa persona pero si no has querido saberlo en todo este tiempo ¿por qué ahora sí? ¿Por la crisis del coronavirus? Sí, claro, era por eso pero no sabía cómo enfrentarme a ello. Fue entonces cuando ocurrió de forma automática.

Una conexión universal

Entro en WhatsApp después de escuchar un montón de mensajes. Estoy en un grupo que se llama ‘videollamada’. No hay foto. Pero veo que dentro de la conversación están varixs amigxs de la universidad. Aquellas personas con las que, en aquel momento, lo hacía todo. Había tenido contacto solo con algunxs. A veces nos encontrábamos por coincidir en ciudades, por volver al sitio en el que nos conocimos o por escribirnos para ver cómo evolucionaban nuestras vidas, si trabajamos en lo que nos gusta o si ya hemos olvidado a aquel amor que una vez nos rompió el corazón. Pero ahora estábamos todos juntos. Qué fuerte: todo lo que el virus separa, al final también une. 

Videollamada con Zoom

Estaba claro que no era la única que había pensado en ellxs. Por el grupo empezaron a enviar imágenes. Nosotrxs jóvenes llenos de esperanza y fiesta en las venas, qué gozada. Los años de universidad habían sido los mejores, desde luego. El aprendizaje profesional y personal había dado sus frutos y puedo decir que ha conseguido que todos los que nos unimos a esa videollamada estamos en el camino que deseábamos. En distintos puntos del planeta, pero juntos. La conversación fue lo más alegre que me sucedió en toda semana. Madrid, Andalucía, Barcelona, Canarias e incluso México se juntaron en una misma pantalla. Hablamos de cómo estábamos pasando la cuarentena, de nuestros amores y nuestros miedos. Incluso hubo una noticia que nos llenó de ilusión: un bebé en camino. 

Se nombraron los recuerdos, hubo risas, imitaciones, fotografías del pasado... Y solo se resaltaba lo bueno, nadie habló de ninguna pelea, nadie recordó lo malo. Poco importaba en un contexto tan fatídico como el actual. Habíamos vivido un joven recorrido y a mí todo me parecía como antes: igual de alegre, igual de auténtico. Aunque sin duda hemos crecido muchísimo.

Cerrando el círculo

Mi compañera de piso, Ada, está escuchando música en el salón. Me cuenta que, desde hace días, lleva viendo las entrevistas que El Bloque le hace a los artistas del momento. Se está poniendo al día para que tengamos referentes del panorama actual y en este programa ve rostros que alguna vez conocimos de cerca, en el tiempo en que teníamos entre 18 y 19 años. En aquella época era muy sencillo odiar lo que no concordaba con tus ideales. Así que cuando aparecía alguien que se saliera de ese plano lo descartábamos como amigx, lo tachábamos de 'postureo' y, sin conocerlo, pensábamos mal. Con el paso del tiempo esas personas se olvidan, pero este programa nos puso a algunas frente a los ojos y las escuchamos hablar.

No fueron las únicas personas que pudimos volver a ver con amor. Porque así fue: cuando las escuchamos hablar entendimos que compartíamos muchísimas cosas y que este confinamiento nos había dado la oportunidad de darles un nuevo espacio en nuestro recuerdo. Haber visto esto me llevó a pensar en mis años viviendo en Tenerife y en Las Palmas. En todo lo que había experimentado que también se refleja en el conjunto de fotografías de mi Facebook. Allí estaba también uno de los hombres de los que me enamoré

Guillermina Torresi

Los recuerdos que guarda la mente —los automáticos— casi siempre son los buenos. Si haces un esfuerzo también puedes pensar en los malos. Puedo recordar toda la entrega que hubo en esa relación, todo el tiempo que estuvimos conectándonos el uno con el otro, abriéndonos mientras crecíamos juntos. Con algo más de esfuerzo soy también capaz de recordar el dolor. Ahora mismo, con todas las horas del día que tengo para pensar y recordar, puedo decir que echo de menos esa amistad. Porque así empezó. Lo busco y lo encuentro. Me doy cuenta de que hace años nos bloqueamos mutuamente en redes sociales, por el bien de cada uno. Y es cuando sucede nuevamente un contacto de forma automática.

El alivio

Cuando hablamos conectamos casi como si no lleváramos tiempo distanciados y lo hacemos de una forma amistosa. No hay rabia, no hay insinuación, no hay nada que pueda entenderse como mal rollo. Todo está bien. Veo que los cambios que ha llevado a cabo en su vida lo han colocado en algo que le llena y le hace feliz. Habla con ilusión de sus proyectos y poder escucharlo y que los comparta conmigo me da paz. Haber vivido una época tan importante de nuestras vidas con una relación que entiendo que para ambos dejó una huella, hace que seamos capaces ahora de entendernos y de poder charlar. Cerramos heridas, terminamos de curar lo que en su momento no terminó bien.

Trabajando de payasos - Guillermina Torresi

Mientras sigo este recorrido fotográfico también veo la época que compartí con uno de mis mejores amigos, al que conocí a principios de la carrera. La vida en un momento nos separó y después, debido a una tragedia, volvió a unirnos. Este ejemplo se conecta con el actual: un momento para nada agradable, cuando la desesperación o la soledad está tan cerca, es necesario juntarse, volver a conectar. Eso sí, siempre y cuando sea para bien. Esta experiencia me genera alivio, siento que he vuelto a abrir esas puertas que una vez cerré. Siento que ahora que ha pasado el tiempo y que hemos vivido otras situaciones, podemos volver a entendernos.

Termino mi recorrido y llego a una conclusión: atrévete a hablar a aquella persona con la que crees que ahora puedes volver a conectar. Es el momento de darle una oportunidad a alguien que haya sido importante. Lo imprescindible es que no sea con ninguna intención. Quiero decir, no le escribas a tu ex por necesidad desesperada de que vuelva contigo. Habla con aquellas personas con las que puedas sospechar que ese contacto pueda ir bien para ambos. Con quien lo tengas todo superado. Es gratificante. Sobre todo lo es porque en cierto tiempo dejaron su marca en tu recorrido. Volver, a veces, no es dar un paso atrás, sino hacia delante.