Se busca hombre empotrador y feminista

Que una mujer sea feminista no significa que en el sexo no quiera que la empotren contra una pared, la estiren del pelo y le susurren obscenidades al oído. Y, que un hombre sea feminista, no significa que tenga que tocar a su compañera de cama como si se fuera a romper y ponerse a llorar con cada orgasmo. El feminismo aspira a la igualdad de derechos, no a la igualdad a secas ni a amalgamar lo femenino con lo masculino. Lo que pretende es reinventar la masculinidad y a sustituirla por una menos tóxica y más adaptada a cada persona.

Desde siempre, para convertirse en 'hombres' todos los niños han debido pasar por un molde que les desconecta de algunas emociones, como la tristeza o el miedo, y de una de las formas de expresarlas, el llanto, y les obliga a convertirse en machos proveedores a la caza y conquista de cuantas más mujeres mejor. En el sexo, también se les transmite una visión falocéntrica y que se limita al coito: llegan, penetran y se van pensando que ya han cumplido con su deber inseminador.

Pero alguien debería sentar a estos hombres y decirles que se acabó, que ya está, que no tienen nada que demostrar. Que pueden dejar de sacar pecho, meter tripa y marcar músculo, que eso no es lo que una mujer moderna busca (si nos podemos permitir la licencia de generalizar). No tiene por qué tenerlo todo bajo control siempre, ni dominar siempre la situación. Tiene todo el derecho a dejarse caer y ser recogido por su compañera que le siente en el asiento del copiloto mientras recupera fuerzas para tomar de nuevo las riendas de su propia vida. Básicamente, un hombre feminista es aquel que reconoce y honra la fortaleza de las mujeres que le rodean y que no aspira a competir con ellas ni a rebajarlas para que recuerden cuál es su lugar.

Nadie dice que seamos iguales. Tanto hombres como mujeres estamos formados por una proporcionalidad de energía masculina y femenina. Mientras que la energía masculina es la de la fuerza, la acción o el enfrentamiento, la femenina es la de la intuición, la reflexión o la concordia. Por supuesto, una persona sana es la que tiene un equilibrio y sabe sacar en cada momento lo que toca y los extremos de ambas son nocivos para quien los practica y para su entorno. Una persona muy masculina será irracional y conflictiva y una con exceso de energía femenina será pasiva e ineficaz.

Sin embargo, eso de que los polos opuestos se atraen es una realidad de la física y también del sexo. En la cama sí es necesario que se de una polaridad, que cada uno bascule hacia un extremo (que no siempre tiene que ser el mismo) para que puedan saltar las chispas de la excitación sexual. Esto explica que una mujer pueda ansiar el sexo duro, energético y contundente sin que eso implique que tenga que compartir su vida con un machista neanderthal.

Los hombres deben entender que no hay una única forma de ser hombre. Que mostrarse vulnerables no es de débiles sino de valientes, y que ni en la vida ni en el sexo necesitan cumplir las expectativas absurdas que les ha impuesto la sociedad. Solo desnudándose de todos esos miedos de no estar a la altura, podrán conectar con la persona que tengan delante y descubrir que el placer compartido no tiene por qué tener límites.