Gracias por tu recordatorio, pero ya sé que estoy "blanquísimo"

Constantemente recordamos a las personas blancas que su físico no corresponde con la moda del bronceado. A pesar de que esta moda sea totalmente perjudicial para nuestra salud

Llego a la playa, me pongo cremita, me tumbo al sol, me duermo un par de horitas y me vuelvo a casa con la sensación que he absorbido más sol que el cactus que tengo en mi ventana. Así, un par de veces a la semana desde junio, cuando empezó la temporada de verano. En teoría he estado haciendo los “deberes veraniegos”. He pasado de blanco nuclear a ligeramente menos blanco. Y, todavía, cuando llego a planes con mis amigos oigo el “míralo cómo brilla”, “qué blanco estás”, “a ver cuándo vas a la playa”. Pesados. Sí, estoy blanco, no hace falta que me lo repitáis.

No son solo mis amigos: también lo he escuchado de desconocidos. Por ejemplo, en uno de los primeros días de playa, cuando mi “moreno” brillaba por su ausencia, estaba tumbado bajo el sol y dijo una chica “mira a ese, ya no me quejaré de estar blanca”. Vaya, resulta que también me he convertido en medidor para que los pálidos se sientan menos pálidos. Llegué a plantearme si seguir la estrategia de una amiga: “el primer día vas a la playa, sin crema. Te quemas enterito y al día siguiente todo lo rojo es moreno. Y empiezas negro desde el primer día”, le respondí: “¿y la salud qué?”, y me aseguró que “por un día no pasada nada”, diciéndolo seriamente. Además, no funciona.

La tanorexia, adicción a los rayos del sol

“Estar moreno es para algunas personas una prioridad que pasa por encima de su propia salud”, explica El Periódico. Es una obviedad: a pesar de los anuncios constantes sobre las malas praxis en el bronceado (por ejemplo, la de ponerse crema el primer día de playa o piscina, una práctica demasiado común y extendida, pregúntalo en tu entorno), seguimos haciéndolas. El bronceado extremo “puede llegar a desembocar en un trastorno obsesivo, la llamada tanorexia, continúa el artículo.

“Para un tanoréxico es horrible estar blanco y su compulsión consiste en hacer todo lo posible por broncearse, a pesar de la comunidad médica lo desaconseje. Nunca se ven lo suficientemente morenos y esta distorsión de la realidad les genera ansiedad, que reducen momentáneamente tomando el sol o dándose rayos UVA, pero que a la larga solo incrementa el temor por tener la piel clara. Es como un fumador de tabaco: saben que se exponen a un cáncer y aún y así no cesan”, explica el psicólogo Antonio Cano.

Rosa del Mar González (Anna Mas, El Periódico)

Como añade Rosa del Mar González en El Periódico, su obsesión por estar morena la llevó a comprarse una máquina de rayos UVA para su casa. “Cada día la ponía encima de la cama y ahí hacía una vuelta y vuelta, como si fuera un sándwich”, ahora no puede tomar el sol por el alto riesgo de cáncer de piel. Incluso cuando sale a la calle debe ponerse cremas constantemente por la alerta.

Cuándo empezamos a tomar el sol

Pero, ¿cómo surge esta pasión por el bronceado? Antes de la revolución industrial, la belleza era la blancura. Mira los cuadros de cualquier museo: las mujeres, blancas, con su piel que no ha sido bañada por el sol, representaban el arquetipo de belleza noble, esa aristocracia que no trabajaba en el campo y que, entonces, tenía una piel blanca e inmaculada como el mármol.

“Fue hacia 1890 cuando se produjo un cambio fundamental: el epidemiólogo británico Theobald Palm estableció la relación entre la baja exposición solar y la aparición de raquitismo. A raíz de este estudio y otros posteriores, […] el sol se extendió como algo saludable y paliativo”, explica la revista GQ. “Pero fue Coco Chanel, capturada en un crucero por el Mediterráneo, quien estableció un nuevo precedente de belleza”, matiza. Vamos, que la moda de broncearse tiene poco menos de cien años de vida. Y, aunque nació como algo saludable, una especie de reconciliación con el sol, que tanta vida da y que, durante años, se rehuía por cuestión estatus, rápidamente se ha convertido en una obsesión muy perjudicial.

Coco Chanel bronceándose

El moreno es una agresión a nuestra piel

“El bronceado es la respuesta que da nuestro organismo ante una agresión”, por lo tanto, “ponerse moreno en cualquier contexto está desaconsejado, a pesar de que usemos protección solar”, advierte el dermatólogo José Luis Martínez-Amo en El Periódico. Pero como, siendo honestos, no vamos a dejar de hacerlo, lo mejor es que sea con moderación, como todo.

Siendo conscientes de esto, ahora quizás toca dejar de repetir a las personas blancas que lo están. Los comentarios como “pareces una luciérnaga” o “qué mal color” (verídicos, me los han dicho amigos míos) son totalmente perjudiciales. No solo porque creas complejos y animas a una persona a ir a tomar el sol hasta achicharrarse, aunque no sea recomendable para la salud, sino porque estamos participando en el mismo circo de siempre: comentar sobre el cuerpo de lxs demás, dando opiniones negativas, aunque no nos las hayan pedido. Nuestros comentarios sobre los otros cuerpos, sean positivos o negativos, nos los guardamos. Que ya estamos en 2020, ya es hora de superar este debate.

CN